lunes, mayo 05, 2008

527. Escrachados en la pantalla

El hombre, que se llamaba Juan Carlos, y que tenía un par hijas preciosas, vivía cerca del lugar y con toda confianza les condujo hasta la casa. Parecía entusiasmado por encontrar otros que olieran como él la proximidad de un golpe de estado. Dijo haber hecho un seguimiento de una serie de cosas extrañas que venían sucediendo y que en su opinión iban a terminar por quebrar nuevamente el orden constitucional.

-Parece una paradoja, pero los que ganaron atemorizando a la gente con la posibilidad de un golpe militar si llegaba la izquierda al poder, ahora no logran contener la prepotencia militar. Les han hecho todas las concesiones posibles pero...
-Justamente. Ese fue el error... Bah, a Lacalle no le costó mucho.

Juan Carlos terminaba de aprontar el mate y en ese momento se quedó mirando, unos segundos, la yerba...

-...¿Y a ustedes, por qué los traían con custodia militar en ese micro de excursiones?

Abelardo miró sonriendo a Manuel y antes de contestar se rascó la cabeza con gesto un poco de payaso.

-Bueno, es una historia un poco larga...
-¿Hace mucho que estaban presos...?
-No, apenas unas horas, pero... la cosa es complicada de contar...
-¿.. Pertenecen a alguna organización...?

Cuando Juan Carlos terminaba de pronunciar eso,ya adelantaba la mano derecha hacia el control remoto de televisor que estaba contra la pared. -hasta ese momento mudo pero con imágenes, entre las cuales, Juan Carlos acababa de reconocer a sus dos invitados. Se le trabó el botón de volver el sonido, y tuvo que dar los tres pasos y subir desproporcionadamente el volumen como inevitable consecuencia a haber usado ese "Mute" que hacía tiempo que andaba mal. Cuando logró llegar al control manual, debajo de la tapita que nunca se usaba... Ya todos estaban medio aturdidos por las trompetas desafinadas que sonaban en terrible cacareo.

-¡Ahí estamos, miren!! ..Pero escuchemos lo que dicen....

Decían que el Comando Conjunto Sudamericano para el Control de las Actividades Subversivas y/o Terroristas, COCOSUPAACSUBYOT, por su cigla en español, cumplían con su deber de informar debídamente a las poblaciones afectadas cada vez que entre ella se detectaban el tipo de hechos que venían a informar.

-las cara s de los su puest os terro sis tas pasab an a los saltitos a lo an cho de la pan talla, de una mane ra bas tante de sa pr ol i ja-

Manuel largó la risa.

Que se había producido un enfrentamiento bélico entre efectivos de dicho comando y tropas irregurales de una nueva organización terrorista, que se trasladaban por Avenida Italia en un vehículo tipo ómnibus, cargados de poderosos explosivos y de muy negras intenciones! Nada más ni dada menos que volar en pleno día , el entero Hospital de Niños Pereira Rosell, con todo su contenido.
Que en el enfrentamiento se habían producido numerosas bajas para los dos bandos y que, lamentablemente, algunos criminales habían logrado escapar tomando por calles colaterales.

Otra vez trompetas.

Ahora sí Abelardo se largó a hacer comparaciones con cosas similares de los años 71 al 73, y dijo que lo que antes era el cuco del comunismo, ahora era el cuco del terrorismo.Manuel preguntó si no habían sospechas de intervenciones misteriosas. Si no había ocurrido algo verdaderamente extraño en el mundo en los ultimos tiempos. Juan Carlos le miró extrañado, sin entender del todo, pero continuó confirmando el acuerdo con lo dicho por Abelardo, eso que a Manuel le había parecido demasiado obvio como para repetirlo.
No. No había ocurrido nada extraordinario. El mundo estaba pasando por una época de Pax Romana desde que se habían establecido en casi todos los países las tropas del Control Central de Naciones. Pero era que acaso no escuchaba la radio. ¿Qué era lo que preguntaba por no haberse enterado, qué quería saber,... con ese pasado algo?

-Influencias extrañas...
-Sí por supuesto las del Norte.

Abelardo advirtió entonces que Manuel se había empantanado con el otro y quiso sacarle del embrollo.

-Todavía estás un poco confuso con todo lo que te pasó, no?

Manuel protestó cariñosamente e insistió sin disimulo en decirle toda la verdad a Juan Carlos, ya que se había mostrado tan amistoso.

-¿La verdad? ¿Qué verdad? ?Lo anterior que me contaron...
-Sí pero no te contamos lo de la base subterránea.-Remarcó Manuel.
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