martes, mayo 13, 2008

530. El Mago

Juan Carlos protestó preguntando por qué decía tal cosa de su hermano. Que si acaso le conocían y que podía tener que ver el cuento con ellos.

-Bosco fue mi gran amigo de la infancia -explicó Abelardo- Hace añares que no se nada de él... No sé por qué Manuel dice eso...-Y dirigiéndose a Manuel- ¿De dónde lo conocés?

Manuel pidió disculpas por el exabrupto y dejaba a un lado las hojas del cuento cuando ya Abelardo volvía con entusiasmo a lo anterior. Las mil y una travesuras que habían hecho juntos, los inventos que explotaban por exceso de pólvora, los que no funcionaban por carencia de todo fundamento. Las excursiones en busca de cavernas, porque las cavernas siempre habían ocupado un lugar de privilegio dentro de la complicada trama de sus creencias fantasiosas... y por último la aparición de El Mago.

-¿Qué mago? -preguntó Manuel casi con insolencia.
-El mago, muchacho que vino al pueblo a hacer demostraciones de hipnotismo y
telepatía! Hizo tres funciones en el cine a las que fue todo el mundo menos nosotros, que nos enteramos tarde por andar en nuestras aventuras.

-¿Y entonces...?

-Lo visitamos en el hotel donde paraba y le pedimos que nos explicara algo.

Juan Carlos se reía mucho porque recordaba haber oído más o menos las mismas historias de boca de su hermano. Más o menos, porque siempre hay detalles que...

-Por ejemplo, a ver... ¿A cual de ustedes se le ocurrió la idea de construir revólveres que se cargaban con unas cápsulas viejas a las que les metían pólvora , plomo y una mecha que..

-¡A los dos al mismo tiempo! -contestó Abelardo en la cúspide de la diversión- Porque nuestros cerebros funcionaban en paralelo, en muchos temas y a tal velocidad que después no lográbamos saber de quien había sido la idea. Lo mismo ocurrió con la máquina de cine.

Eso llamó la atención de Manuel.

-¿Llegaron a hacer una máquina de cine, siendo chicos...?
-Bah, era una porquería, pero proyectaba nuestras historietas. Eso fue muy anterior a lo del mago. El mago era un tipo medio extraño, muy serio y con una mirada absolutamente fija y penetrante que si no te dejabas hipnotizar, yo creo que te podría agujerear de lado a lado. Bueno,... de eso vivía, era su oficio... A nosotros nos hizo una demostración privada de lo que él llamaba la "sugestión profunda" y que comenzaba concentrándose en un punto entre los ojos, un poquito más arriba, donde después me enteré que dicen que está el tercer ojo. ¡Lo notable fue, que el asunto funcionó tal cual él lo iba diciendo! Allí adelante de nuestros ojos cerrados, palpitaba una hermosa luz iridiscente que llevaba el mismo ritmos que las palpitaciones de nuestros corazones que sentíamos circular por las sienes. El cagazo que teníamos era enorme pero el entusiasmo de haber comprobado una realidad nueva fue in crescendo y lo venció, antes de que llegáramos de vuelta a nuestras casas. ¡Teníamos por delante un montón de planes nuevos que aun no empezábamos a pensar siquiera!

Juan Carlos interrumpió.

-¿Y vos, Manuel, Cómo lo conociste?

Manuel empezó con una sonrisa llena de picardía.

-Yo hablaba de otro Bosco...
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