sábado, mayo 17, 2008

534. ¿Quién es el dueño del mundo?

La charla se interumpíó todas las veces que a Ernesto le sonaba el Bip Bip y tenía que salir corriendo hasta el negro aparato de teléfono fijo, que era lo que seguían usando mientras la compañía alemana que ganó la licitación demoraba en colocar los nuevos aparatos en paleta pastel, con rediscado y varias memorias, antesala de toda la línea de aparatos aerodinámicos que vendrían a inaugurar la era de los teléfonos celulares.
No habían celulares, ni mp3 o 4, ni cámaras digitales de fotos. Todo eso era como un tremendo paquete de felicidad y progreso, detenido sobre los cielos de Uruguy, sin caer hasta que se terminan de firmar las condiciones aconcejadas por la empresa contratada para dar concejo, es decir, esa filial de la misma empresa interesada y... las leyes y decretos pertinenentes para que no se notara tanto que el contrato era claramente inconstitucional. Aparte de ser una verdadera estafa, donde la empresa capitalista en realidad invertía nada más que lo que los bancos del Estado le prestaban, con única garantía en el exito económico del negocio a desarrollar. Todas las variantes daban exelentes ganancias a los inversores. Ruina total a cuenta del Estado. Balance equilibrado con suspención de todos los impuestos que se estuviesen pagando y... Eso sí, si las ganancias fuesen grandes, tan grandes que ya no se pudiesen esconder, pues señores, en este país hay libertad de empresa para que las empresas exitosas reinviertan sus ganancias para generar cada día mayor rendimiento del capital en sucesivas oleadas de monedas de oro y billetes verdes voladores, que así como entran se van multiplicados por mil.

Ya venían llegando los celulares y todos esos otros aparatitos con los que se coimearía a no menos de dos generaciones de aquí en más. Para que reconcideren ser tan radicales contra un sistema que a cada rato te está dando un bienestar nuevo. Un juguete nuevo con posibilidades que no terminarías de conocer antes de que te tentaran con el modelo siguiente, o un aparato completamente nuevo, nuevos sistemas como el OK (pi) RX1....2 y tantos otros no enumerados por no aburrir.

El progreso se sentía llegar con estruendo de huesos rotos y cascos rodando por el hormigón. Era por fin el advenimiento de la nueva era, la nueva era, que los carteles en todos los muros habían anunciado un par de años antes. La nueva era, que ya llevaba dos años sobre territorio nacional. territorio nacional que ya estaba vendido, como vendidos estaban todas las ondas de transmisión electromagnéticas y sonoras y luminosas....No sólo eso, sino también miles y miles de conciencias que se saben dependientes de su amo, ese gran señor anónimo al que con premeditada voluntad han vendido sus almas. Sus ideas y hasta su corazón.

Los informes que llegaban eran deprimentes. A cada momento se sabía de algún nuevo dirigente o destacado personaje que acababa de hacer declaraciones públicas en apoyo de la nueva legislación preventiva y penal, que delegaba en la acción policial varias potestades antes a cargo de un juez. Parecía -y lo era- una campaña orquestada por los mismos promotores de la nueva ley. Esos anónimos gordos señores que vuelan en las pesadillas por el cielo. ¿Porque en definitiva ¿Quién es el dueño del mundo? ¿Esos señores que en cada casa de casi la mitad de la humanidad ahorran pesitos durante años para comprar las acciones de Gran Señor Gordo and. Co, la compañia de mejor desempeño en crecimiento. Esos son los capitalistas? ¡No! de ahí sale el capital que juntado con otros millones iguales pasa a formar parte de la mesa de negociaciones del Señor Flaco, una empresa colateral de Señor Gordo. El Capitalismo es un sistema que se ha alienado de si mismo. Que ya no advierte que el capital se ha evaporado como causa de la explotación económica. El capital no existe, o es un mero pretexto para mantener comprensibles las universales leyes del egoísmo y el sentido de superioridad. La sociedad a llegado a ser un sistema de semiconductores que generan corrientes elécticas con tendencias estadísticas en un sentido concreto. Una tendencia que solo podría ser alterada por una reprogramación completa, tal vez...

-¡Y ahora los milicos otra vez con su reivindicaciones corporativas!
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