jueves, mayo 15, 2008

531. Contacto con la realidad

Juan Carlos se puso serio.

-Mirá muchacho, acabás de putear mi hermano y no dudo que tengas tus motivos pero...no basta conque te disculpes. Ahora nos vas a tener que explicar las razones.

Con una sóla mirada Manuel comprendió que el hombre no estaba tan enojado como curioso, casi tanto como el abuelo que había recibido un chaparrón de recuerdos emocionantes. Pero él debía reflexionar... Porque si bien la verdad hubiese resultado completamente increíble para ambos. Para el abuelo no tanto, por estar puesto en conocimiento ya de unas cuantas cosas raras... Ahora bien. Se venían juntando nuevas evidencias para involucrar al Bosco ese, con esta historia nuestra. Aquí lo acabábamos de encontrar infraganti escribiendo los primeros capítulos de lo que después había salido en Internet. Las pequeñas diferencias, claro, debían haberse producido en el cambio de dimensiones y también... porque aquí no hay Internet y el tipo capaz que lo quería publicar como una historieta...

-Como dijo el abuelo hace un rato "es difícil de contar"...

Aunque nunca averiguamos nada de aquel otro que vivía arriba del cerro y desde ahí transmitía las noticias... como tantas otra partes de esta misma historia que ni yo se si serán todas verdaderas, porque uno viene a ser una suma de realidad y fantasía, al revez del Sargento Kirk que fue primero fantasía y después llegó a la realidad. Ummm, no se.

-Empezá por el principio... Es siempre lo más fácil...

Sonaba a interrogatorio, porque en realidad lo era. Esos dos tipos, más que cincuentones viniéndose encima de Manuel para salvar el honor de un tercero, un sujeto que por lo visto, en este mundo ha sido el único que ya venía entreverado con la historia... En cambio Abelardo en este es inocente y Germán... bueno no se sabe.

-Ja, el principio de la historia de cómo conocí a Bosco la acabamos de leer en esos papeles.
-¿...el te prestó y vos leíste ya ese cuento....?
-¡No! Yo soy ese Manuel. A mi me pasó todo eso y él lo escribió... sin pedirme permiso, me vigilaba, no sé como,... y escribía.

Juan Carlos bajó la cara para mirar al piso mientras sacaba los primeros tonos muy graves de su voz que iba diciendo a Manuel que no se pasara. Que aquello del cuento era una fantasía desaforada sin ningún contacto con la realidad.

Manuel carraspeó sin ninguna necesidad la garganta, como hacen los actores en el teatro para marcar el inicio de su parlamento, a veces. Y se dispuso a desacreditar tamaña y despectiva afirmación. ¡Como que las cosas que le habían pasado y le seguían pasando, iban a ser meras imaginaciones! Y dijo.

-¿Lo podés llamar por teléfono? ¿Dónde vive, en Montevideo?
-No, en Maldonado, pero eso sería lo de menos...
-Decile que acá está Manuel, que venga....
-Lo llamo y te paso el tubo, mejor, eh?

Bueno y entonces vino todo el operativo de buscar en la agenda y en la libretita chica y después recordar que el número estaba completamente legible en la memoria visual , desde que mientras conversaba aquel día había estado repasando los guarismos con la birome roja sobre la tapa de la guía de teléfonos.

-...si, te paso con él.
-Hola..
-Ah, sí. Estás hablando con Manuel, el personaje de tu cuento.
-Ja, qué cuento es ese. Qué joda es...?
-No te hagas el loco, que no entendés?
-¿Manuel Cuanto...?
-Manuel Espartaco Aquelarre Goiticoechea
-Pahh.
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