viernes, mayo 16, 2008

533. Acomodar el cuerpo

Juan Carlos tenía que atender asuntos pendientes. Abelardo, que resolver cual sería su nuevo domicilio mientras siguiese requerido. Manuel volvía a darse cuenta que de que su necesidad primera seguía siendo procurar un medio para volver a su mundo. Tres cosas completamente distintas aunque en realidad no tanto, porque Juan Carlos, aunque no se lo confesase, en el fondo sólo quería ganar tiempo. Tiempo para pensar y poner un poco en claro este enorme rompecabezas y adivinanza en la que se había visto involucrado un mediodía cualquiera mientras hacía su caminata barrial. ¡Qué matete!

Abelardo también necesitaba pensar en su nueva realidad. Nunca se había imaginado llegar a ser una especie de guerrillero clandestino... Ahora lo era. No guerrillero porque planease a hacer alguna acción armada, en contra o a favor de algún antiquísimo ideal. Como tantas veces lo había pensado. Pero pensado por entretenimiento a la hora de la siesta,como medio de sacarse las tensiones y las agresividades contenidas. Sin correr peligro ni hacérselo correr a nadie. Ahora a los 63... Sí, justo, pensó viendo en su imaginación aquel viejo número 63 que cuando niño veía pintado en aquellas paredes de una casa vieja en Guichón. Era ese mismo 63 que tenía de años de edad, el número pintado en aquel cartel político que había sido del partido Comunista según explicara su padre. Ya había aprendido lo que se siente cuando uno es perseguido, durante la dictadura, pero, esto iba a ser distinto, porque se le andaba buscando individualmente, aunque fuese para armar una payasada. Debería, tal vez, aprender todas aquellas técnicas que otros inventaron cuando tuvieron que vivir a salto de mata., bajo la dictadura...

Manuel...en realidad no había dejado de pensar un momento durante todas las últimas charlas y las anteriores peripecias, en que la prioridad número uno era conseguir los medios para volver a su patria, la verdadera. Aquella en la que a pesar de todo todavía se podía seguir viviendo a la manera anarquista.

Salieron antes de las cinco, arriesgando encontrar alguna patrulla, pero decididos a presentarse en lo de Ernesto de Oliveira, allá en El Bosque, a solicitar alojamiento, o más bien protección. Después... después se vería... cuando la información que circula entre la militancia del Frente, confirme o no que se se estuviese gestando un nuevo golpe de estado. Ernesto por lo general se mantenía muy bien informado y...

El ómnibus no venía y ellos en la parada no podían hablar porque estaban rodeados de gente que comentaba alegremente, o con angustia, la noticia de esa banda de locos terroristas que planeaban volar el Pereira Rosell. Hasta menciones a la pena de muerte se oían.

Por último apareció el bicho y viajaron sin ningún inconveniente, salvo los acostumbrados. Llegaron a la hermosa villa de los Oliveira y allí frente a su portal tiraron de la cadenita que accionaba sobre el arco, una hermosa campanilla de puro bronce. Había comenzado a garuar, el cielo se había alisado todo en un gris claro que de a poco comenzaba a oscurecer. La tarde se iba poniendo íntima y anidaba sentimientos de querencia, de fuego en la estufa del hogar.

El portón de los Oliveira se habría con el control remoto que traía Ernesto desde la casa hasta ellos para recibirles. Ernesto parecía contento. Les hizo pasar con cierta prisa y ya adentro acomodó los sillones como para una rueda estrecha, la que iban a formar para el intercambio de informaciones. Ernesto a través del Bip Bip y mediante las claves que tiene acordada con sus contactos, había recibido noticias de nuevos programas especiales que se estarían grabando para la tele. El Operativo de San José de Carrasco ya se lo había informado el mismo Miguel que fue alertado por un vecino.
Los dados parecían estar echado...
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