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domingo, junio 08, 2008

550. El Arco Iris

A la vuelta la noche se había puesto muy oscura. Parecía estar formándose una tormenta sobre el Río de la Plata, que negramente y en silencio comenzara a avanzar sobre las casas de la costa, desde Shangrilá al Pinar, aprovechando que todo el mundo dormía, menos los sapos que atacaban de rato en rato con sus gorgoteos broncos acompañados por los agudos staccatos de sus compañeras. Todo en calma. Esa calma gorda de un rato antes del vendaval. Ese silencio poblado de voces antiguas que tal vez nunca hayan dejado de decirnos las verdades verdaderas. Las que nunca comprendimos por no conocer el idioma ni tener el órgano sensible que captase ese tipo de sonido.

En la conciencia de Margarita otro instrumento vibraba sus cuerdas con el arco sobre el corazón. Las emociones que luchaban por predominar en el primer plano, sin lograrlo más que en turnos. El saberse madre y haber realizado sus sueños adolescentes, por una parte y el descubrir la endiablada complejidad de la existencia, por la otra. Como encontrarse de pronto pisando por fin el exacto punto donde arranca el arco iris, y que le digan por la otra oreja que eso es matemáticamente imposible por las leyes y la geometría del espacio. Que este muchacho es su hijo, de su sangre y sus entrañas y que al mismo tiempo, es un conjunto de campos energéticos engendrados entre los repliegues invisibles de un manojo de dimensiones enrolladas alrededor de una probabilidad infinitesimal. Una nada. Una imagen virtual de la proyección de una idea platónica. Una ilusión.

La voz de Manuel sonó apenas sobre el nivel del asfalto que caminaban.

-Nosotros queremos volver a nuestro mundo...

Susurro de suelas.

-...allá estamos en revolución... y en guerra...
-¿En guerra?
-Hemos adoptado el anarquismo...
-¿También ustedes? Mi padre era anarquista.
-Allá toda América Latina. No hay más gobiernos...
-¿Y cómo piensan volver...? ¿Cómo fue que vinieron?
-Nos arrojaron aquí... Tenemos que construir una... nave... Una nave especial que...

En ese momento en la garganta de Manuel estalló un grito de ¡CUIDADO! mientras empujaba a las mujeres sobre el pasto de la banquina. Habían aparecido de improviso dos faros que bajaban atravesando las nubes. Era una avión que venía a tomar pista al aeropuerto de Carrasco y cuyo ruido al parecer había quedado atascado del otro lado de la tormenta, hasta ahora, que pasó sobre las cabezas tronando el escarmiento de la cómica confusión.

Sentados en el pasto rieron. La tormenta dejaba caer las primeras gotas que golpeaban sobre los cráneos, como a veces comienza a sonar sobre las chapas de un techo. Con gracioso ritmo y sin apuro, dejando para después la prisa y la carrera. Para un minuto después, cuando los truenos sacudieron el mundo y largas raíces luminosas craquelaron un cielo que así iluminado se descubría como un manojo de retorcijones.

Por supuesto llegaron a la casita hechos una sopa


viernes, mayo 16, 2008

533. Acomodar el cuerpo

Juan Carlos tenía que atender asuntos pendientes. Abelardo, que resolver cual sería su nuevo domicilio mientras siguiese requerido. Manuel volvía a darse cuenta que de que su necesidad primera seguía siendo procurar un medio para volver a su mundo. Tres cosas completamente distintas aunque en realidad no tanto, porque Juan Carlos, aunque no se lo confesase, en el fondo sólo quería ganar tiempo. Tiempo para pensar y poner un poco en claro este enorme rompecabezas y adivinanza en la que se había visto involucrado un mediodía cualquiera mientras hacía su caminata barrial. ¡Qué matete!

Abelardo también necesitaba pensar en su nueva realidad. Nunca se había imaginado llegar a ser una especie de guerrillero clandestino... Ahora lo era. No guerrillero porque planease a hacer alguna acción armada, en contra o a favor de algún antiquísimo ideal. Como tantas veces lo había pensado. Pero pensado por entretenimiento a la hora de la siesta,como medio de sacarse las tensiones y las agresividades contenidas. Sin correr peligro ni hacérselo correr a nadie. Ahora a los 63... Sí, justo, pensó viendo en su imaginación aquel viejo número 63 que cuando niño veía pintado en aquellas paredes de una casa vieja en Guichón. Era ese mismo 63 que tenía de años de edad, el número pintado en aquel cartel político que había sido del partido Comunista según explicara su padre. Ya había aprendido lo que se siente cuando uno es perseguido, durante la dictadura, pero, esto iba a ser distinto, porque se le andaba buscando individualmente, aunque fuese para armar una payasada. Debería, tal vez, aprender todas aquellas técnicas que otros inventaron cuando tuvieron que vivir a salto de mata., bajo la dictadura...

Manuel...en realidad no había dejado de pensar un momento durante todas las últimas charlas y las anteriores peripecias, en que la prioridad número uno era conseguir los medios para volver a su patria, la verdadera. Aquella en la que a pesar de todo todavía se podía seguir viviendo a la manera anarquista.

Salieron antes de las cinco, arriesgando encontrar alguna patrulla, pero decididos a presentarse en lo de Ernesto de Oliveira, allá en El Bosque, a solicitar alojamiento, o más bien protección. Después... después se vería... cuando la información que circula entre la militancia del Frente, confirme o no que se se estuviese gestando un nuevo golpe de estado. Ernesto por lo general se mantenía muy bien informado y...

El ómnibus no venía y ellos en la parada no podían hablar porque estaban rodeados de gente que comentaba alegremente, o con angustia, la noticia de esa banda de locos terroristas que planeaban volar el Pereira Rosell. Hasta menciones a la pena de muerte se oían.

Por último apareció el bicho y viajaron sin ningún inconveniente, salvo los acostumbrados. Llegaron a la hermosa villa de los Oliveira y allí frente a su portal tiraron de la cadenita que accionaba sobre el arco, una hermosa campanilla de puro bronce. Había comenzado a garuar, el cielo se había alisado todo en un gris claro que de a poco comenzaba a oscurecer. La tarde se iba poniendo íntima y anidaba sentimientos de querencia, de fuego en la estufa del hogar.

El portón de los Oliveira se habría con el control remoto que traía Ernesto desde la casa hasta ellos para recibirles. Ernesto parecía contento. Les hizo pasar con cierta prisa y ya adentro acomodó los sillones como para una rueda estrecha, la que iban a formar para el intercambio de informaciones. Ernesto a través del Bip Bip y mediante las claves que tiene acordada con sus contactos, había recibido noticias de nuevos programas especiales que se estarían grabando para la tele. El Operativo de San José de Carrasco ya se lo había informado el mismo Miguel que fue alertado por un vecino.
Los dados parecían estar echado...

viernes, mayo 09, 2008

528. POR ESO

Juan Carlos quedó estupefacto cuando le dijeron que allí debajo del parque Fernando García, donde alguna vez había ido a pasear con sus hijas, allí sobre Camino Carrasco y a metros del puente, había sido construida una base subterránea enorme, con capacidad para carreteo de varias aeronaves e instalaciones supermodernas para el alojamiento de tropas y pertrechos, bajo iluminación a giorno y ambiente climatizado.
Quién hubiera podido suponer que esas cosas pudieran suceder en este pequeño país, alguna vez apodado "La Suiza de América", por su democracia -imperfecta y todo- y no por cierto por relojes ni caldos de gallina. Aquel paicito en el que, según contaban los viejos, el presidente solía concurrir a la casa de gobierno haciendo uso del transporte público, y otro, en otra época, salía de esa misma casa, por la puerta de atrás para ir a tomarse unas grapas con los parroquianos de un barcito que por allí no más había.

-Por eso yo me quiero ir a la mierda.

Porque las cosas se habían podrido de tal forma que ya no se podía vivir tranquilo. Pobres habían sido siempre, pero antes por lo menos se podía disfrutar de la vida, charlar con los amigos, comerse un asadito o ir con la familia a disfrutar de la playa. Que ahora ni eso se iba a poder, desde que se volviera a hacer obligatorio el porte del documento de identidad para que los milicos te lo pudieran pedir a la vuelta de cada esquina bajo apercibimiento de cargos de terrorismo. Allanamientos nocturnos de domicilio sin orden del juez y tipificación de todo como delito, a no ser aquellas pocas cosas permitidas como chuparle el culo a los poderosos.

-Por eso estoy pensando en irme a la mierda. ¡Si por lo menos hubiese ganado el Frente!

Porque ahora las clases privilegiadas habían vuelto a cerrar filas con las multinacionales que le habían comprado las estancias para llenar el país de árboles de mierda y soja transgénica. Las compañias, grandes y pequeñas, las farmacias y cualquier actividad que pudiera generar algún dinero.
Porque aquí los que estamos sobrando somos los pobladores, por muy pocos que seamos. Nos hemos dejado robar el país....

-Me voy para Brasil.

Manuel escuchó en silencio toda la verborragia del hombre, consciente de estar presenciando una descarga de emoción largamente contenida. Pero no pudo dejar de deprimirse. No lograba imaginar con qué palabras podría convencerlo de que todavía se estaba a tiempo de hacer algo.

-Nosotros allá lo logramos.

Juan Carlos se calló. La reiteración de el muchacho con las incoherencias le decían que estaba hablando al pedo ante un auditorio inapropiado. Abelardo intervino.

-Él tiene experiencias de una comuna anarquista.
-?La Comunidad del Sur?
-...

Por un momento desconfió Juan Carlos de estar siendo victima de un par de charlatanes, pero recordando las fotos en la pantalla del televisor, pensó que nadie iba perder el tiempo persiguiendo un par de papanatas. Serían tal vez un poco bolados, sí, tenían los dos un dejo poético, o mejor dicho pinta de poetas de esos medio bohemios que forman por lo general las mejores ruedas de conversación. Buena gente.

-¿O acaso hay alguna otra comunidad anarquista?

Manuel se rió.

-¡Muchas...!
-¿Dónde...? ¿Aquí en Uruguay...?
-Pero en el otro Uruguay...
-¿El de la imaginación...?

Manuel no quiso contestar lo que se le ocurría para que el tipo no lo tomara por loco con más seguridad. Sólo a él se le podía imaginar en medio de la conversación que cada juego de dimensiones era como las distints posiciones que iban tomando los labios de una enorme sonrisa de Dios el Verdadero. No iba a decir esa guazada, aunque le hubiese parecido una película en cámara lenta que le explicaba una manera posible de ver las cosas. Se había quedado embelezado con la imagen. Era como... las cosas parecidas que solía de niño ver de pronto proyectas sobre las copas de los pinos o las formas de las nubes y que... le enseñaban en un abrir y cerrar de ojos lo que él hubiera demorado dos días en explicar.

-Hay otros mundos que para nosotros son reales porque están en nuestra misma imaginación...

Juan Carlos torció rápidamente la cabeza hacia Abelardo como queriendo protestar pòr el engaño de haberle enseñado al muchacho a hablar como un budista, como única alternativa a reconocer que lo que le había parecido un loquito medio rayado, resultaba ser alguién que estuviera hablando con un sentido filosófico o metafísico. Como cuando él...

viernes, mayo 02, 2008

524. Mientras tanto...

Mientras tanto en la casa de Abelardo habían quedado sólo el abuelo con su nuevo nieto, luego de que Margarita corriera tomar el primer ómnibus para. Maldonado.
Sobre la mesa de luz de la misma habitación de siempre, estaba el mismo reloj chino de plástico, que se quedaba siempre sin pila media hora antes de que sonara el despertador. Los mismos cuadros sobre las mismas paredes, con las mismas manchas...¿Como podían las cosas de este mundo ser tan iguales y al mismo tiempo tan distintas que las del otro? Al mismo tiempo, como si fueran a la par influenciándose en cada detalle y siendo al mismo tiempo tan libres e independientes... Preguntas estas fueron, las que de pronto oscurecieron las esperanzas de Manuel, de poder corregir de algún modo las características de la bola para que pudiera llegar a levantar vuelo. Porque, poniéndose a considerar esas mismas cosas, llegaba inevitablemente a que era posible que lo que un un mundo puede volar, en otro... tal vez no pueda. Y que, también tal vez, en un tercer mundo -porque quién podría negar que existiendo dos mundos paralelos, pueda haber tres?- las cosas sean tan iguales y distintas como en estos dos, por ejemplo, en cuanto a que esa bola que aquí no vuela, porque aquí eso es imposible y que tampoco volaría en el primer mundo porque allá con ese largo de cuerda nada se consigue,... bueno que en algún otro mundo.... ¡Pero era al pedo! ¡Estaba empantanado en un mundo conservador de esos que no quieren que te escapes ni por un minuto al control de su equilibrio superestable.

-Esto es una isla.

El problema estaba en que no era su isla. Y él quería volver a aquel su loco mundo donde una revolución anarquista podía triunfar en seis meses. Extenderse por un continente y tener a todo el planeta en vilo contemplando el histórico espectáculo de la caída de un imperio... Aunque eso conllevara tener que hacerle frente a las huestes celestiales, los clones y algunos millones de alcahuetes desparramados por el mundo. ¡Pero era posible!
Y además que quería volver con su flaca. La de allá, que no era ni pizca de histérica y que además... La quería...

Con el canto de los últimos gallos se iba durmiendo con los brazos extendidos para el lado de la flaca cuando un ruido de voces antipáticas que sonaban al frente de la casa, le trajo a la realidad
. Mientras se vestía entendió que eran antipáticas por autoritarias y que estaban discutiendo con el abuelo, ahora en calzoncillos en la terraza del frente. Se puso a escuchar...

-¡Me cago en el decreto, en mi país no se puede venir a sacar una persona de una casa sin tener la orden de un juez competente¿ ¡Y eso lo dice la ley! No un decretito cualquiera.

La otra voz era bien fuerte pero de un acento tan latoso que no había manera de distinguir la palabras de los ladridos del perro de enfrente que se había alborotado con tanta discusión.

-¡Más terrorista será su abuela, pedazo de una bestia!

Los ruidos vinieron en aumento. Manuel se decidió a salir a ver, cuando la puerta de calle se abrió para dejar entrar la cabeza del Abuelo que venía doblegado por la llave que le estaban aplicando sobre su brazo doblado. Atrás la milicada de ojos vidriosos y... La impactante figura de aquel hijodeputa de Douglas Domenech. El ángel de la muerte.

Una duda. ¿Sería el mismo que por algún superpoder se hubiera salvado de la metralla del Chumbo...? No. Seguro que este era el ejemplar de Dow que le tocaba a estas dimensiones.

La sonrisa de Douglas estiró más sus boca que el dibujo de Jóker. Se le acercó a Manuel con un paso casi sensual y le comunicó que estaba arrestado como terrorista en el grado de alta posibilidad según la autoridad competente, que en este caso venía a ser él, como jefe del departamento especial de lucha contra el terrorismo en todos sus grados y manifestaciones.

-Pero...terrorista de que...? -Manuel trataba de ganar tiempo mientras demorara en aparecer alguna idea salvadora.
-Estás arrestado, no tengo por qué decirte nada más.
-Pero... ¿Qué se supone que hice...?
-Terrorismo, muchacho sordo. No sabés acaso lo que es terrorismo?
-La verdad que no... ¿Por qué no me lo explica?
-Dormir en otra casa, por ejemplo, sin haber pedido permiso.
-¿Hay que pedir permiso para dormir en otra casa?
-Claro. Por esos pequeños desórdenes se empieza y después se cae en el terrorismo. Pero ¡Basta! -y dirigiéndose a la tropa- A ver dos que lleven al detenido número uno! El número dos es el viejo que marcha con cargos de resistencia a la autoridad y sospecha de terrorismo en el grado de hospedaje muy probable. Otros tres que se lo lleven.