Aquello a Manuel le produjo tanta hilaridad que de pronto olvidó su anterior estado deprimido. Que le vinieran a discursear sobre el sentido de alguna corriente! Como si su vida tuviera o hubiese tenido en los últimos años algún sentido, dirección o razonamiento más allá de ese capricho ajeno que otros llaman destino.
-Sabés qué? En realidad me he convencido de tu ideas. Pero de las anteriores. Ahora quiero volver para luchar por el anarquismo en mi mundo. Ja ja. Quiero ser el héroe de esa historieta que ha terminado siendo mi vida. Vencer a todas las huestes celestiales y a todas las diabólicas y a todas las otras que vengan a joder por ahí. La Tierra llegará a ser el primer planeta sin gobierno!
-Pero para eso tendríamos que volver y entendérnoslas con Satanás...
-Ya no le tengo miedo.
-Especialmente volver...
-He vuelto desde varios, hasta desde el cielo y del purgatorio... ¿Qué más me puede suceder...?
-Que no puedas, por ejemplo. En este mundo las bolas no vuelan, la telepatía no funciona. La gente cree que Dios es un viejito bueno... Ves? Acá hay mucho más para hacer. Son mentes vírgenes y además... ni los ángeles ni los chivos andan sueltos por la calle.
-Pero no es mi mundo.
-¿Y desde cuando tan propietarista?
-Ja ja. Eso sí estuvo bueno. Haz dicho tu primer chiste. No eras tan jodido, eh?
Más o menos esas palabras fueron las últimas que resonaron en el hipotético conducto estrecho que ya iba elevando la conciencia de Manuel hasta el plano de aquella reunión cocinera que le esperaba como una rueda de ojos sobre su persona.
-Manuel...?
-Sí, flaca. Ya estoy de vuelta.
-¿De dónde...?
-De....
Las expresiones de Margarita y de Giorgionne eran impagables. Parecían implorar que no fueran a salir de su boca más locuras exóticas.
-... Estaba reflexionando...
-Ah...
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jueves, abril 23, 2009
681. La sombra dice un chiste
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viernes, noviembre 07, 2008
622. ¿No habrá sido él?
Es posible que haya abierto los ojos, porque algo en él se abrió de pronto y de par en par a todos los sentidos simultáneos. Cataratas de sensaciones le inundaron y sacudieron al mismo tiempo que el beso primordial continuaba según sus más profundos deseos. Los labios sentidos en toda su tierna realidad de calor y delicioso tacto corrugado, el perfume aquel, nunca olvidado de las más antiguas flores abiertas en el aire de las noches, la humedad... La luz que ahora a raudales le inundaba en orgiástica tocatta, el cuerpo todo que revivía de forma violenta latiendo a todo vapor, la respiración que tragaba resuellos insaciables y por cierto el sexo que ahora también despertaba reclamando su lugar. Estaba vivo por cierto y aquella era su flaca de siempre! La impagable, que acababa de hacerle saltar desde la grisura de la inexistencia a la vorágine de la vida.
-Flaca!
Vino desde el costado una enfermera blanca a controlarle la sonda del suero. Magdalena le acariciaba las mejillas. Él sentía necesidad de preguntar todo pero el corazón le reventaba en el pecho y de pronto se estaba mareando.
-Qué me pasó? Por qué estoy aquí?
Magda, con un gesto le pidió una pausa. La enfermera se retiraba...
-¿No te acordás de nada...?
-Y... lo último... que estábamos volviendo de A Bur Na Bar... la carpa aquella...
Magda en silencio le palpó la frente.
-En tu casa. Te encontré tirado en el piso del baño.
-¿En casa...? Qué raro... No me acuerdo de haber llegado. ¿Y vos, no estabas conmigo...?
Vino un médico con comentarios alegres, los de siempre. Le tomó el pulso, le miró un ojo estirando el párpado. Apuntó cosas en una libretita y murmuró otras hacia la enfermera.
-Haz estado mucho tiempo inconciente...
-¿Qué me pasó?
-No se sabe... Los estudios dan resultados normales. Estabas caído, desnudo, pero aparentemente no te habías golpeado al caer.
-¿Y Satanás...?
-¿De qué hablás...?
-Digo. ¿No habrá sido él...?
-¿El que qué...?
-...el que me tiró... que me hizo algo y me dejó incociente...
-...
La enfermera estaba de vuelta quitándole la mariposa del suero en la muñeca. Había escuchado parte de la conversación pero apenas movió la mirada en silencio de uno a otro. Cuando por fin se fue, Manuel arremetió con sus preguntas. Quería ponerse al día. Si era que había estado inconciente entonces... qué había pasado en aquella vuelta de Galilea traídos por Jesús dentro del receptáculo formado por las líneas de guiones. ¿Habían llegado sin inconvenientes? Ernesto ¿Se había seguido quedando con Rommel, el pequeño zorrito que se les había colado? Jesus, ¿Estaba todavía con ellos, en la caverna, aconsejándoles sobre el mejor modo de defenderse de Satanás?
En vez de contestar los labios de Magda temblaban y sus manos apretaban sin motivo las de Manuel.
-Esperame un momento. Tengo que hablar con el doctor...
-Flaca!
Vino desde el costado una enfermera blanca a controlarle la sonda del suero. Magdalena le acariciaba las mejillas. Él sentía necesidad de preguntar todo pero el corazón le reventaba en el pecho y de pronto se estaba mareando.
-Qué me pasó? Por qué estoy aquí?
Magda, con un gesto le pidió una pausa. La enfermera se retiraba...
-¿No te acordás de nada...?
-Y... lo último... que estábamos volviendo de A Bur Na Bar... la carpa aquella...
Magda en silencio le palpó la frente.
-En tu casa. Te encontré tirado en el piso del baño.
-¿En casa...? Qué raro... No me acuerdo de haber llegado. ¿Y vos, no estabas conmigo...?
Vino un médico con comentarios alegres, los de siempre. Le tomó el pulso, le miró un ojo estirando el párpado. Apuntó cosas en una libretita y murmuró otras hacia la enfermera.
-Haz estado mucho tiempo inconciente...
-¿Qué me pasó?
-No se sabe... Los estudios dan resultados normales. Estabas caído, desnudo, pero aparentemente no te habías golpeado al caer.
-¿Y Satanás...?
-¿De qué hablás...?
-Digo. ¿No habrá sido él...?
-¿El que qué...?
-...el que me tiró... que me hizo algo y me dejó incociente...
-...
La enfermera estaba de vuelta quitándole la mariposa del suero en la muñeca. Había escuchado parte de la conversación pero apenas movió la mirada en silencio de uno a otro. Cuando por fin se fue, Manuel arremetió con sus preguntas. Quería ponerse al día. Si era que había estado inconciente entonces... qué había pasado en aquella vuelta de Galilea traídos por Jesús dentro del receptáculo formado por las líneas de guiones. ¿Habían llegado sin inconvenientes? Ernesto ¿Se había seguido quedando con Rommel, el pequeño zorrito que se les había colado? Jesus, ¿Estaba todavía con ellos, en la caverna, aconsejándoles sobre el mejor modo de defenderse de Satanás?
En vez de contestar los labios de Magda temblaban y sus manos apretaban sin motivo las de Manuel.
-Esperame un momento. Tengo que hablar con el doctor...
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jueves, octubre 02, 2008
605. SONRISA SOCARRONA
La prédica paternal había levantado notablemente el espíritu a Mandinga, pero a la postre volvió a sus consideraciones personales. Sabía que nada de lo anteriormente dicho se aplicaba a su caso. No importaba que él tuviese toda la convicción del mundo sobre su punto de vista. Ni que Satanás supiera esto y mucho más, por conocerlo de toda la vida. Por haber intentado ya hacerle caer en varias trampas. No importaba. El suyo era un caso especial. Por ser mandinga compartía con todos los mandingas un rasgo que a los satanases les sacaba de quicio. La actitud desdeñosa frente a la vanidad. Mil veces, en aquella compartida infancia, le había querido impresionar con habilidades y poderes propios de su estirpe, que estaba aprendiendo a dominar; sin obtener otro resultado que una sonrisa socarrona. La suya de siempre, que nunca significó verdadero desdén por los logros ajenos, sino por la teatral pretensión conque eran presentados. A veces había entrevisto que aquellas artes malabares podrían llegar a ser peligrosas en manos de alguien tan egocéntrico. Apenas adolescente manipulaba las imágenes del contorno con habilidad prodigiosa, haciéndole ver a cualquiera engañosas apariencias, trastocación de lugares e intercalación de objetos, de modo que todo tomaba de pronto el aspecto de un colage hiper-realista y a la vez abstracto. Manejaba también la gravedad, o al menos el peso de los objetos cercanos. Lograba encender fogatas con solo dirigir su mirada y su intención sobre algo. Dominaba animales con el pensamiento... Pero él, tonto mandinga, nunca le festejaba suficientemente las gracias, despertando, sin saberlo, aquel viejo estigma de los arrojados al fondo del pozo. Para peor, después aquella famosa cena de la Alianza Satánica, de la que ya habían hablado... En fin, había terminado siendo el objeto de su odio, algo así como su sombra.
Cuando se pudiera desocupar de los problemas de la guerra volvería por él.
Cuando se pudiera desocupar de los problemas de la guerra volvería por él.
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miércoles, octubre 01, 2008
604. Cuestión de estilos
Eran hechos consumados que al caer sobre las conciencias resonaban sordamente. Como si una pirámide egipcia se precipitara sobre cada plaza de cada pueblo de cada país, al unísono, e irremediablemente. Como la bomba de Hiroshima. Para estar después allí instalada, cada día del futuro. Impasible. Sin explicaciones ni pretextos. Como si siempre lo hubiese estado. Y siempre lo fuera a estar.
Inmediatamente se reabrían las bolsas de las capitales. Los cines de los shoppings. Los puestos de venta de hamburguesas, los casinos, los sex-shop, las peluquerías para perros, los consultorios astrológicos, los programas de chismes de la TV...
Por la rampa principal bajó Mandinga a paso lento y desganado. Traía el rostro descompuesto y sus largos brazos simiescos pendulaban a los lados, sin propósito ni gracia, cada vez que uno de sus enormes pies daba con el empedrado.
-Ahora sí que el hijodeputa me va a buscar...
Preguntaron los otros por qué le guardaba Satanás tanto rencor y Mandinga suspiró.
-Será tal vez porque mi familia conoce a la suya desde los tiempos en que fueron humillados por el viejo Jehová y arrojados en un agujero negro que los tragó como una boca hambrienta... Siempre fueron orgullosos.
-Y los otros... Los Espíritus Oscuros, por ejemplo, ¿Los conocen de hace poco tiempo?
-Sí, relativamente. Los Espíritus no eran importantes. Cobraron poder cuando aprendieron a dominar la Energía Oscura, ya en esa época los Satanes habían logrado salir, se estaban recuperando, construían una serie de alianzas... hasta con mi familia... teníamos un enemigo en común.
-¿No sabían acaso, que eran mala gente?
-Sí, pero en la desgracia. Uno siempre simpatiza con los vencidos... A mi padre no le gustaba que fuera a jugar con Satanito, cuando los dos éramos niños...
Intervino Cholo para conducir la conversación hacia lo que importaba. Mandinga era el único que les podría advertir sobre los puntos débiles del nuevo enemigo. Sobre cómo defenderse y, en todo caso, cómo atacarle si eso llegaba a ser necesario.
-¿Con tu ayuda podríamos mantener nuestra independencia?
-Es probable. Ustedes tienen una mente muy fuerte, son muy porfiados, pero no sé los otros...
-¿Porfiados...?
-Sí, el peligro mayor es que les convenza. Tiene mucha habilidad... aunque últimamente... claro, cada vez es más poderoso...
-Pero no puede ser tan sencillo como no dejarse convencer... -objetó Manuel. -Con su poder podría matarnos a todos.
Mandinga sonrió casi con tristeza. Miró a su hijo y lentamente le fue dando una lección que creía importante.
-Empecemos por entender que hasta para un malvado es importante tener un público adicto, o al menos, un público... Y no es sólo una cuestión de vanidad. En el universo que conocemos no existe poder mayor que el poder de la conciencia. La suma de todas las conciencias es la suma de todo el poder. La materia, la energía, las fuerzas que organizan el Universo, no son otra cosa que subproductos de la conciencia. Las conciencias no se pueden matar. Nadie sabe cómo podría ser hecha tal cosa. Sólo se puede confundir o trasladar a los seres molestos, mantenerlos a distancia. Matar es una forma de alejarlos, pero, tiene el inconveniente de que al pasar las conciencias a otro plano dimensional, escapan al control de quién los mandó. Vean el caso de Germán Oesterheld, que es como el de tantos otros. Él, después de asesinado, vuelve a luchar por sus mismos viejos ideales sobre la Tierra... Por eso entre los dioses todo termina en reparto de territorios y reparto de clientes. El poder de un dios se alimenta del poder que roba a cada uno de sus seguidores. El negocio es convencer. Jehová lo hacía con su mejor invento La Culpa. Y el temor, claro. Los Satanases se especializaron en la seducción y el engaño, pero... a la larga todos se parecen.
Cholo se quedó murmurando.
-Así que entonces...nosotros...
-Tienen que seguir haciendo lo que han hecho con la política. Cada uno con su conciencia. Nadie debe ser más que nadie. Nadie debe ser atemorizado, ridiculizado por ser como es, amenazado o pereguido. Nadie es dueño de la verdad... y esto, que parece ser una verdad revelada, bien mirado, no es más que el punto de equilibrio entre todas las verdades individuales.
Inmediatamente se reabrían las bolsas de las capitales. Los cines de los shoppings. Los puestos de venta de hamburguesas, los casinos, los sex-shop, las peluquerías para perros, los consultorios astrológicos, los programas de chismes de la TV...
Por la rampa principal bajó Mandinga a paso lento y desganado. Traía el rostro descompuesto y sus largos brazos simiescos pendulaban a los lados, sin propósito ni gracia, cada vez que uno de sus enormes pies daba con el empedrado.
-Ahora sí que el hijodeputa me va a buscar...
Preguntaron los otros por qué le guardaba Satanás tanto rencor y Mandinga suspiró.
-Será tal vez porque mi familia conoce a la suya desde los tiempos en que fueron humillados por el viejo Jehová y arrojados en un agujero negro que los tragó como una boca hambrienta... Siempre fueron orgullosos.
-Y los otros... Los Espíritus Oscuros, por ejemplo, ¿Los conocen de hace poco tiempo?
-Sí, relativamente. Los Espíritus no eran importantes. Cobraron poder cuando aprendieron a dominar la Energía Oscura, ya en esa época los Satanes habían logrado salir, se estaban recuperando, construían una serie de alianzas... hasta con mi familia... teníamos un enemigo en común.
-¿No sabían acaso, que eran mala gente?
-Sí, pero en la desgracia. Uno siempre simpatiza con los vencidos... A mi padre no le gustaba que fuera a jugar con Satanito, cuando los dos éramos niños...
Intervino Cholo para conducir la conversación hacia lo que importaba. Mandinga era el único que les podría advertir sobre los puntos débiles del nuevo enemigo. Sobre cómo defenderse y, en todo caso, cómo atacarle si eso llegaba a ser necesario.
-¿Con tu ayuda podríamos mantener nuestra independencia?
-Es probable. Ustedes tienen una mente muy fuerte, son muy porfiados, pero no sé los otros...
-¿Porfiados...?
-Sí, el peligro mayor es que les convenza. Tiene mucha habilidad... aunque últimamente... claro, cada vez es más poderoso...
-Pero no puede ser tan sencillo como no dejarse convencer... -objetó Manuel. -Con su poder podría matarnos a todos.
Mandinga sonrió casi con tristeza. Miró a su hijo y lentamente le fue dando una lección que creía importante.
-Empecemos por entender que hasta para un malvado es importante tener un público adicto, o al menos, un público... Y no es sólo una cuestión de vanidad. En el universo que conocemos no existe poder mayor que el poder de la conciencia. La suma de todas las conciencias es la suma de todo el poder. La materia, la energía, las fuerzas que organizan el Universo, no son otra cosa que subproductos de la conciencia. Las conciencias no se pueden matar. Nadie sabe cómo podría ser hecha tal cosa. Sólo se puede confundir o trasladar a los seres molestos, mantenerlos a distancia. Matar es una forma de alejarlos, pero, tiene el inconveniente de que al pasar las conciencias a otro plano dimensional, escapan al control de quién los mandó. Vean el caso de Germán Oesterheld, que es como el de tantos otros. Él, después de asesinado, vuelve a luchar por sus mismos viejos ideales sobre la Tierra... Por eso entre los dioses todo termina en reparto de territorios y reparto de clientes. El poder de un dios se alimenta del poder que roba a cada uno de sus seguidores. El negocio es convencer. Jehová lo hacía con su mejor invento La Culpa. Y el temor, claro. Los Satanases se especializaron en la seducción y el engaño, pero... a la larga todos se parecen.
Cholo se quedó murmurando.
-Así que entonces...nosotros...
-Tienen que seguir haciendo lo que han hecho con la política. Cada uno con su conciencia. Nadie debe ser más que nadie. Nadie debe ser atemorizado, ridiculizado por ser como es, amenazado o pereguido. Nadie es dueño de la verdad... y esto, que parece ser una verdad revelada, bien mirado, no es más que el punto de equilibrio entre todas las verdades individuales.
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martes, junio 17, 2008
554. El Pozo
Después de unos momentos de duda Federico comenzó un nuevo interrogatorio sin convencerse de que alguien pudiese ser arrojado al boleo, desde hipotéticos mundos paralelos y caer justo en frente de su casa. Que se pudiera salir vivo de un enfrentamiento con el mismísimo Satanás, cualquiera fuese la realidad de éste. Que pudiese alguna persona tener hijos en este mundo y no tenerlos en otro. Que...
-Esto me supera completamente.
-¿Te parece que podemos haber inventado todo eso...?
-Tal vez lo crean verdadero...
-¿Estamos locos? Los dos...
-Los fanáticos creen todos en el mismo.
-No tenemos ninguna religión.
-La de ustedes... Pueden sufrir de un delirio místico sui géneris, creerse profetas de una nueva fe...
-Podemos ofrecer pruebas palpables...
-¿Llagas sangrantes y esas cosas?
-No. Pruebas materiales, hechos que ocurren fuera de nosotros.
-¿Como qué...?
Ahora los muchachos quedaron ellos pensativos. A Manuel de pronto le entró por dudar de si eran en realidad capaces de presentar el tipo de pruebas que acababan de ofrecer... No se le ocurría por el momento ninguna. Estaban fuera de los lugares donde se encontraban las pruebas... Y además... ¿Por qué carajo tendría él que andar continuamente convenciendo incrédulos? ¿Por qué no dejarlos con sus dudas y simplemente volver a sus asuntos, a su casita verdadera, a sus planes...
En vez de volver lo que le ocurrió fue un abismamiento. Otra vez, como aquella, se sumió en las pesadas tinieblas del ámbito solitario. Su propio ser. Allí, donde una tenue luz difusa apenas permite tener alguna noción de espacio. Allí donde se esconde, ya lo sabía, ese contrincante tenaz de sí mismo, su contradictor, su antipersona.
-(¿Estás ahí?)
-(Estamos)
-(¿Qué querés ahora? ¿Por qué me trajiste?)
-(No te traje, caíste solo. Cada vez que querés renunciar caés en el mismo pozo.)
-(Entiendo. Vos sos el pozo.)
-(Todavía estás para chistes?)
-(Dale. ¿Qué carajo querés?)
-(Ya te lo he dicho. No quiero nada más que seguir. No podemos renunciar)
-(Estoy podrido de todo esto. Qué, acaso te asociaste con Satanás para complicarme la vida?)
-(La vida es esa. Nuestra vida...)
-(Aceptar el castigo?)
-(Manuel, Manuel... No abuses de mi paciencia. Lo único que no podemos es huír. Andá y convencé a ese hombre. Él te puede ayudar a volver a tu mundo y continuar con la lucha que nos ha tocado en suerte.)
-(¿Suerte...?)
-(No hagamos juegos de palabras. Las opciones son dos. Sólo dos... Aceptar el desfío o... el pozo...)
Al otro día, una vez que los labios de Magdalena se apartaron de los suyos, Manuel se enteró, de haber estado unas horas inconsciente, de haber sido atendido por un médico clinico que le inyectó vitaminas, una enfermera que le hizo inhalar eflubios inconducentes, una curandera que le aplicó cataplasmas de hortigas y ventosas; todo sin ningún resultado. Que después habían ido a buscar al licenciado Giorgionne de la Policlínica, quien a su vez trajo un aprendiz de hechicero que tras recitar varias fórmulas en guaraní, logró que el paciente abriera los ojos y se pusiera de pie para comenzar la frenética actividad que en ese corto lapso de tiempo puso la máquina de Abelardo en condiciones optimas de funcionamiento tras el tendido de un grueso cable de alimentación desde el taller mecánico de la esquina, pasando por sobre los canteros de la quinta y otras operaciones que sin dudar un momento ni tituvear, había conducido, como viejo organizador de operativos de emergencia. Por eso Magda le había besado y con ello terminado de despertar, para comenzar a entender que todo lo que se había hecho, se había hecho bajo su mando y que ahora las luces de aquel engendro parpadeaban a la espera de las primeras instrucciones
-Esto me supera completamente.
-¿Te parece que podemos haber inventado todo eso...?
-Tal vez lo crean verdadero...
-¿Estamos locos? Los dos...
-Los fanáticos creen todos en el mismo.
-No tenemos ninguna religión.
-La de ustedes... Pueden sufrir de un delirio místico sui géneris, creerse profetas de una nueva fe...
-Podemos ofrecer pruebas palpables...
-¿Llagas sangrantes y esas cosas?
-No. Pruebas materiales, hechos que ocurren fuera de nosotros.
-¿Como qué...?
Ahora los muchachos quedaron ellos pensativos. A Manuel de pronto le entró por dudar de si eran en realidad capaces de presentar el tipo de pruebas que acababan de ofrecer... No se le ocurría por el momento ninguna. Estaban fuera de los lugares donde se encontraban las pruebas... Y además... ¿Por qué carajo tendría él que andar continuamente convenciendo incrédulos? ¿Por qué no dejarlos con sus dudas y simplemente volver a sus asuntos, a su casita verdadera, a sus planes...
En vez de volver lo que le ocurrió fue un abismamiento. Otra vez, como aquella, se sumió en las pesadas tinieblas del ámbito solitario. Su propio ser. Allí, donde una tenue luz difusa apenas permite tener alguna noción de espacio. Allí donde se esconde, ya lo sabía, ese contrincante tenaz de sí mismo, su contradictor, su antipersona.
-(¿Estás ahí?)
-(Estamos)
-(¿Qué querés ahora? ¿Por qué me trajiste?)
-(No te traje, caíste solo. Cada vez que querés renunciar caés en el mismo pozo.)
-(Entiendo. Vos sos el pozo.)
-(Todavía estás para chistes?)
-(Dale. ¿Qué carajo querés?)
-(Ya te lo he dicho. No quiero nada más que seguir. No podemos renunciar)
-(Estoy podrido de todo esto. Qué, acaso te asociaste con Satanás para complicarme la vida?)
-(La vida es esa. Nuestra vida...)
-(Aceptar el castigo?)
-(Manuel, Manuel... No abuses de mi paciencia. Lo único que no podemos es huír. Andá y convencé a ese hombre. Él te puede ayudar a volver a tu mundo y continuar con la lucha que nos ha tocado en suerte.)
-(¿Suerte...?)
-(No hagamos juegos de palabras. Las opciones son dos. Sólo dos... Aceptar el desfío o... el pozo...)
Al otro día, una vez que los labios de Magdalena se apartaron de los suyos, Manuel se enteró, de haber estado unas horas inconsciente, de haber sido atendido por un médico clinico que le inyectó vitaminas, una enfermera que le hizo inhalar eflubios inconducentes, una curandera que le aplicó cataplasmas de hortigas y ventosas; todo sin ningún resultado. Que después habían ido a buscar al licenciado Giorgionne de la Policlínica, quien a su vez trajo un aprendiz de hechicero que tras recitar varias fórmulas en guaraní, logró que el paciente abriera los ojos y se pusiera de pie para comenzar la frenética actividad que en ese corto lapso de tiempo puso la máquina de Abelardo en condiciones optimas de funcionamiento tras el tendido de un grueso cable de alimentación desde el taller mecánico de la esquina, pasando por sobre los canteros de la quinta y otras operaciones que sin dudar un momento ni tituvear, había conducido, como viejo organizador de operativos de emergencia. Por eso Magda le había besado y con ello terminado de despertar, para comenzar a entender que todo lo que se había hecho, se había hecho bajo su mando y que ahora las luces de aquel engendro parpadeaban a la espera de las primeras instrucciones
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jueves, mayo 15, 2008
532. El Pool Joyero
Por los ruidos que se empezaron a sentir por el tubo, Manuel se imaginó que el tipo estaría revolviendo papeles y hablando monosílabos consigo mismo. puteadas más bien mordidas que expresadas mientras seguí el crujido inconfundible de papeles que iban siendo arrugados. De pronto se rehízo el silencio y el aliento de Bosco volvió a soplar el enrejado plástico del micrófono.
-Espera un poco... Sí el nombre está correcto pero ¿Cómo lo supiste, si yo lo he puesto por escrito, recién mucho más adelante de ese comienzo...?
-Porque siempre ha sido mi nombre, boludo.
-¿Tu nombre... ¿Sos acaso el nieto de Abelardo Goiticoechea...?
-El mismo.
-Mucho gusto, pero... hay una cosa que no coincide.. Ese apellido Aquelarre es un invento mío. El nieto de Abelardo lleva el apellido de su abuelo, me consta.
-Bueno, mirá, esos son detalles. El asunto es que vos andás escribiendo mi vida sin haberme pedido permiso.
-Ja ja! ¿No será que a vos te ha dado por ser un personaje?
-Vos sabés de qué te hablo. No me niegues que me seguiste y estuviste presente cuando aquel auto me atropelló en la avenida Corrientes?
-¿Frente a qué cosa?
-Al trujo yero o algo así, un edificio...
-Sí, El Trust Joyero, boludo. Pero vos no podías entender por qué ese lugar se llamaría así y me repetís lo mismo que leíste en esas primeras páginas. Lo que yo escribí y ahora vos pretendés que viviste. No seas tonto muchacho, es mejor ser un ser vivo que un personaje.
-Y vos no me tomes del pelo ¿Querés que te cuente cómo sigue la historia después de ese cuento que me prestó tu hermano?
-Ja, podría ser divertido, porque ahora no deberías estar allí sino en una enorme caverna, con las líneas generales de una catedral, donde discutirías con el mismísimo Satanás.
-¡Vas atrasado! Eso estaba ocurriendo ayer cuando se nos apareció el viejo chivo ese pretendiendo ayudarnos en la lucha contra el viejo Dios, a cambio de casi nada. Que le entregáramos a nuestro amigo Mandinga.
-...
-Espero tus explicaciones. No pensás pedirme disculpas, por lo menos?
-¿...disculpas...? Ah, ya se. Esto es una broma de Juan Carlos. El debe haber estado leyéndome los papeles...Pero...?
-Sigo esperando.
-¡Está bien, me doy por vencido, no me entiendo cómo puede estar armada esta artimaña... Explicámelo vos.
A partir de ese punto dejaron de escucharse, pero no de gritarse, hasta que Juan Carlos con delicadeza tomó el tubo por su cuenta y lo colocó sobre la horquilla. Se había hecho muy tarde.
-Espera un poco... Sí el nombre está correcto pero ¿Cómo lo supiste, si yo lo he puesto por escrito, recién mucho más adelante de ese comienzo...?
-Porque siempre ha sido mi nombre, boludo.
-¿Tu nombre... ¿Sos acaso el nieto de Abelardo Goiticoechea...?
-El mismo.
-Mucho gusto, pero... hay una cosa que no coincide.. Ese apellido Aquelarre es un invento mío. El nieto de Abelardo lleva el apellido de su abuelo, me consta.
-Bueno, mirá, esos son detalles. El asunto es que vos andás escribiendo mi vida sin haberme pedido permiso.
-Ja ja! ¿No será que a vos te ha dado por ser un personaje?
-Vos sabés de qué te hablo. No me niegues que me seguiste y estuviste presente cuando aquel auto me atropelló en la avenida Corrientes?
-¿Frente a qué cosa?
-Al trujo yero o algo así, un edificio...
-Sí, El Trust Joyero, boludo. Pero vos no podías entender por qué ese lugar se llamaría así y me repetís lo mismo que leíste en esas primeras páginas. Lo que yo escribí y ahora vos pretendés que viviste. No seas tonto muchacho, es mejor ser un ser vivo que un personaje.
-Y vos no me tomes del pelo ¿Querés que te cuente cómo sigue la historia después de ese cuento que me prestó tu hermano?
-Ja, podría ser divertido, porque ahora no deberías estar allí sino en una enorme caverna, con las líneas generales de una catedral, donde discutirías con el mismísimo Satanás.
-¡Vas atrasado! Eso estaba ocurriendo ayer cuando se nos apareció el viejo chivo ese pretendiendo ayudarnos en la lucha contra el viejo Dios, a cambio de casi nada. Que le entregáramos a nuestro amigo Mandinga.
-...
-Espero tus explicaciones. No pensás pedirme disculpas, por lo menos?
-¿...disculpas...? Ah, ya se. Esto es una broma de Juan Carlos. El debe haber estado leyéndome los papeles...Pero...?
-Sigo esperando.
-¡Está bien, me doy por vencido, no me entiendo cómo puede estar armada esta artimaña... Explicámelo vos.
A partir de ese punto dejaron de escucharse, pero no de gritarse, hasta que Juan Carlos con delicadeza tomó el tubo por su cuenta y lo colocó sobre la horquilla. Se había hecho muy tarde.
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miércoles, abril 09, 2008
509. Vermú, té con limón.
Se sintieron golpes en las chapas de la puerta y la voz de Margarita que sin disimular la preocupación preguntaba por el asado, si no sería ya hora de encender el fuego y por ejemplo invitar a Miguel para que se quedara a almorzar. Abelardo había olvidado a su amigo y de pronto se acaloró de indecisión, aunque...
-Sí, haceme el favor hija... Nosotros ya vamos para ahí, dejame el fuego...
Total, ya tenían sellado un pacto tácito con su nieto aceptándose las respectivas historias como verdaderas. La segunda presidencia de Lacalle por un lado y el Satanás de cuernos y pezuñas por el otro, por no decir más que aquellos puntos que habían sido más duros de tragar -aunque al parecer Manuel ya venía curado de espantos...
Lo increíble era ver la semejanza casi perfecta entre los dos Manueles, que a no ser por esa cicatríz en el brazo derecho de éste, que no había visto nunca en el otro... En cuanto a las personalidades, se podrían decir perfectamente paralelas, todas las características que conocía del primero aparecían en este nuevo, más o menos destacadas, produciendo en conjuntop una apariencia de ser el mismo aunque distinto. Aquél más alegre e inocente, este... se notaba un poco preocupado...
-Abuelo, necesito tu ayuda para construir una pequeña bola para...
El abuelo hizo ese gesto que quiere decir dejate de joder y tambien después hablamos, vamos nosotros a hacer el asado, total, que comámos a las tres de la tarde da lo mismo. O cosa por el estilo, mientras abría la puerta a la luz del oriente.
Claro, no habían previsto que la reunión continuaba frente a dos testigos nada proclives a las especulaciones multiespaciales. Se dieron cuenta mientras caminaban hacia donde Miguel aguantaba su gesto de querer hacer preguntas. Explicar lo que habían conversado dentro del galpón parecía por el momento, apresurado, pero nada se perdía con lanzar algunos datos y esperar la respuesta. Hubo una mutua mirada.
Se puso a juntar trozos de leña, Abelardo, para ir colocando en el parrillero, armó lo que iba a ser una hoguera, pero antes de encender la llama preguntó si preferían degustar la reunión con el agregado de algún aperitivo. "Vermú tengo blanco y rojo." Blanco -dijo Miguel. Margarita un té. Manuel, nada y Abelardo, con limón.
Por esas cosas Miguel se puso a decir unas cosas que al juntarse con otras pasaban a significar algo como amnesia movil cerebral, porque de eso se trataba el síndrome recientemente tabulado en el vademécum psicopatológico, Síndrome de Pornoi...(Sin quererlo se refería a Las lagunas mentales que había demostrado este joven aparentemente sano y normal. Tu nieto. No no lo llegó a decir así, pero casi, porque por dentro hervía de evidencias diagnósticas y científicas. Hay drogas, se decía por dentro, que obran maravillas en el equilibrio fisiológico de las funciones espirituales, y este muchacho, necesita eso...
-Ya me lo habían dicho antes -rió Manuel antes de darse cuenta de que acababa de leerle el pensamiento a alguien. Y pensar, que la victima estaría reconociendo sus joyas en las palabras que oía, llegando a la conclusión de que le estaban robando los pensamientos, y levantando la mirada acusatoria en busca de descubrir al ladrón. Pero, no. Al pasar de los segundos ninguna mirada se veía. Nadie se sentía robado, porque nadie había pensado.... Y Miguel tenía presencia de ánimo suficiente para contener cualquier manifestación de sorpresa.
Fue cuando Manuel aprovechó para repetir casi palabra por palabra, hasta con las difíciles, como vademécum y esas, todo el diagnóstico que se le endilgaba. Fue suficiente. Miguel reconoció entonces su sorpresa y la autoría del diagnostico, pensado en la intimidad de su propia mente antes de haber sido invadida. Esa era su protesta. Nadie tenía derecho, por muchos poderes que le asistan, a entrar a nuestra casa sin permiso.
Manuel pidió disculpas explicando que aquel era un poder o habilidad que le traía más problemas que provecho, que cuando lo quería ejercer, no funcionaba, que funcionaba cuando no se lo pedía.
-Sí, haceme el favor hija... Nosotros ya vamos para ahí, dejame el fuego...
Total, ya tenían sellado un pacto tácito con su nieto aceptándose las respectivas historias como verdaderas. La segunda presidencia de Lacalle por un lado y el Satanás de cuernos y pezuñas por el otro, por no decir más que aquellos puntos que habían sido más duros de tragar -aunque al parecer Manuel ya venía curado de espantos...
Lo increíble era ver la semejanza casi perfecta entre los dos Manueles, que a no ser por esa cicatríz en el brazo derecho de éste, que no había visto nunca en el otro... En cuanto a las personalidades, se podrían decir perfectamente paralelas, todas las características que conocía del primero aparecían en este nuevo, más o menos destacadas, produciendo en conjuntop una apariencia de ser el mismo aunque distinto. Aquél más alegre e inocente, este... se notaba un poco preocupado...
-Abuelo, necesito tu ayuda para construir una pequeña bola para...
El abuelo hizo ese gesto que quiere decir dejate de joder y tambien después hablamos, vamos nosotros a hacer el asado, total, que comámos a las tres de la tarde da lo mismo. O cosa por el estilo, mientras abría la puerta a la luz del oriente.
Claro, no habían previsto que la reunión continuaba frente a dos testigos nada proclives a las especulaciones multiespaciales. Se dieron cuenta mientras caminaban hacia donde Miguel aguantaba su gesto de querer hacer preguntas. Explicar lo que habían conversado dentro del galpón parecía por el momento, apresurado, pero nada se perdía con lanzar algunos datos y esperar la respuesta. Hubo una mutua mirada.
Se puso a juntar trozos de leña, Abelardo, para ir colocando en el parrillero, armó lo que iba a ser una hoguera, pero antes de encender la llama preguntó si preferían degustar la reunión con el agregado de algún aperitivo. "Vermú tengo blanco y rojo." Blanco -dijo Miguel. Margarita un té. Manuel, nada y Abelardo, con limón.
Por esas cosas Miguel se puso a decir unas cosas que al juntarse con otras pasaban a significar algo como amnesia movil cerebral, porque de eso se trataba el síndrome recientemente tabulado en el vademécum psicopatológico, Síndrome de Pornoi...(Sin quererlo se refería a Las lagunas mentales que había demostrado este joven aparentemente sano y normal. Tu nieto. No no lo llegó a decir así, pero casi, porque por dentro hervía de evidencias diagnósticas y científicas. Hay drogas, se decía por dentro, que obran maravillas en el equilibrio fisiológico de las funciones espirituales, y este muchacho, necesita eso...
-Ya me lo habían dicho antes -rió Manuel antes de darse cuenta de que acababa de leerle el pensamiento a alguien. Y pensar, que la victima estaría reconociendo sus joyas en las palabras que oía, llegando a la conclusión de que le estaban robando los pensamientos, y levantando la mirada acusatoria en busca de descubrir al ladrón. Pero, no. Al pasar de los segundos ninguna mirada se veía. Nadie se sentía robado, porque nadie había pensado.... Y Miguel tenía presencia de ánimo suficiente para contener cualquier manifestación de sorpresa.
Fue cuando Manuel aprovechó para repetir casi palabra por palabra, hasta con las difíciles, como vademécum y esas, todo el diagnóstico que se le endilgaba. Fue suficiente. Miguel reconoció entonces su sorpresa y la autoría del diagnostico, pensado en la intimidad de su propia mente antes de haber sido invadida. Esa era su protesta. Nadie tenía derecho, por muchos poderes que le asistan, a entrar a nuestra casa sin permiso.
Manuel pidió disculpas explicando que aquel era un poder o habilidad que le traía más problemas que provecho, que cuando lo quería ejercer, no funcionaba, que funcionaba cuando no se lo pedía.
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