jueves, septiembre 07, 2006

64 - Me Llamo Manuel Aquelarre

El licenciado Giorgionne le estaba esperando. La flaca y el Rulo quedaron en las sillas de la sala y Manuel entró a una pequeña piecita más ancha que larga en la que había un escritorio puesto a un costado y en el centro dos butacas muy incómodas, casi enfrentadas, que ocupaban casi todo el escenario disponible sobre un piso extrañamente lustrado.
-Sentate nomás, dijo Giorgionne mientras se sentaba él.
Largos dedos, ropa oscura y una cara de… no de médico no. Más bien de cantante de opera.
-Me han hablado de vos. Que te han estado pasando cosas…Pero sería bueno que me las contaras vos mismo.
-…
Manuel nada dijo, no por negarse sino, más bien por no saber qué era lo el tipo quería que le contara y aun si lo supiese no sabía por dónde empezar ni siquiera hasta qué punto estaba dispuesto a hacerlo…
-Te escucho.
Entonces a Manuel se le ocurrió que ¡claro! Que le iba a contar todo. Total, aunque el tipo dijera que estaba rematadamente loco, nadie se iba a enterar.
-Sí, lo primero raro que me pasó, fue que, hace unos días estaba en el baño y de repente se empezaron a formar burbujas en el piso que se agrandaron y yo me caí dentro de una que se cerró por todo por arriba y me llevó hasta un quilombo chino.
-¿Chino…?
-O algo así. Más bien alguna de esas islas de la zona, que en la guerra hubieron muchos combates. En el quilombo, ni bien entré junto con la bola se armó un tiroteo y parece que alguna bala reventó la bola y yo me quedé en calzoncillos parado en medio de las balas y las luces; porque el lugar parecía como un escenario….
-¿En calzoncillos…?
-Sí, porque me había ido desde la cama al baño en calzoncillos a cagar y, en eso estaba cuando empezaron las burbujas…
-Estabas en la cama…?
-Ya era bastante tarde pero tenía pereza de levantarme hasta que por las mismas ganas de cagar… no tuve más remedio que levantarme… No tenía nada que hacer… Hago jardines pero ese día… No siempre hay trabajo… ¿Y qué más…? Esteee… ¿Le sigo contando? De mí, por ejemplo. Supongo que le servirá saber quién soy… Me llamo Manuel Aquelarre y tengo veinte años… Claro que lo que usted quiere saber es si estoy loco o no. Yo también quisiera saberlo, porque no lo tengo muy claro. Mi primo está seguro de que estoy loco desde que salté por arriba de la mesa porque vi. un auto que me venía a chocar. Pero eso fue porque, en serio, una vez ese auto me había chocado en Buenos Aires, que ni me acordaba de haberlo visto y ahora sí. Lo vi rojo, todo rojo que se me venía encima por un costado allí en la casa de mi primo. No. En realidad en el momento que lo vi era como que otra vez estaba en Buenos Aires. Pero eso fue porque la memoria a veces se te viene de golpe, no fue por locura… Locura ha de ser viajar al pasado, no? Y ver a tu abuelo en la foto de tercer año de la escuela. Que te digan que tu abuelo se fue pero te dejó una bolsa con piedritas que te servirán para comunicarte con él y que vos pongas una piedrita sobre la mesa y la piedrita se ponga, sola, a bailar y pongas otra piedrita cerca y las dos piedritas bailen entre ellas y se hagan saludos y vos no sepas que mierda es todo ese juego…
-¿Eso te ha pasado…?
-Sí. Y no es mi imaginación porque tengo las piedritas aquí en el bolsillo!
-Me las mostrás?
Manuel adoptó un aire ceremonioso y se fue sin mediar palabras hasta el borde del escritorio a sacar la bolsa de gamuza de su bolsillo trasero y desde allí mirar al licenciado de forma bastante desafiante.
-Venga a ver!

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