viernes, septiembre 22, 2006

75 - Todo se Paga

-¿Y ahora te estarán escuchando?
-Espero que no. No, seguro que no me escuchan porque todo funciona bien. Pero te explico, tenemos que meterle a los guijarros. No es lo ideal porque el diablo tiene ingerencia en ellos. De todas maneras este especie de teléfono va a dejar de funcionar, me lo van a cortar en cualquier momento, ya de forma definitiva. Sólo nos van a quedar los guijarros para comunicarnos aunque eso me obligue a seguir transando con el diablo… Ya veremos después.
-El diablo me aconsejó lo mismo.
-Ah, se te apareció!! Sí, es lógico, ellos tratan siempre de llevarnos a su zona de influencia. El teléfono está controlado –mal controlado como podrás ver- por un consorcio donde el mango de la sartén lo tiene Dios.
-¿Vos inventaste eso de los guijarros?
-Sólo a medias… Un Día apareció por mi pueblo un ser extraño que… ¡Pero no te voy a contar esa historia ahora! El hecho es que fabriqué los primeros dos juegos, que eran muy simples, tenían cinco piedras cada uno, que usábamos con un amigo más bien como un juguete, un entretenimiento…
-Con Bosco?
-Claro, vos lo conociste allá en Guichón. Bueno, después que me fui nos estuvimos comunicando con bastante frecuencia. Yo le mandaba pequeños mensajes en los que le contaba de mis progresos, de mis inventos… Cosa que a él, en ese tiempo le apasionaba. El progreso era cada vez más rápido y pronto logré agregarle veinte piedras al juego con lo que lo transformaba en un sistema de comunicación en cuatro dimensiones. Eso se lo trasmití como pude con el viejo juego de cinco y el tardó años en terminar de entender mis instrucciones para que él también se hiciera las veinte piedras restantes que yo todavía no le podía mandar…
-¿Y el diablo descubrió el secreto?
-No, la cosa es más complicada. Vos no tendrías por qué saberlo, pero como te dije al principio, todo se paga…. Por lo menos bajo la égida de Dios… El Diablo dice que si el rigiera sería distinto pero yo no le creo, como tampoco les creo a los otros, los dioses sueltos que son unos delirantes. Pero en definitiva me vi enredado en mis propios errores por comprometerme a determinados servicios que no pude realizar, siendo la independencia de la línea la garantía de la operación.
-¿Y se quedaron con ella?
-No, en propiedad no. Entre los diablos no existe la propiedad. Existe algo diferente, yo le llamaría el padrinazgo. En este caso yo sigo usando la línea casi a mi gusto, aunque me prohíban algunas cosas, me controlen cuando quieren todos los contenidos y me incluyan pequeños mensajes de neto contenido ideológico…
-¡Abuelo, dejate de hablarme en difícil!¡ No entiendo un carajo!
-Sabés qué? Te presionan y te presionan hasta que vos te acomodás con alguno. ¡Es la mafia!
-¡Mirá vó..! Ahora te entiendo…

(debe leerse siguiendo el orden numérico de las entregas)
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