lunes, septiembre 04, 2006

62 - Abelardo Escipión Goiticoechea

Manuel escuchaba sin querer las conversaciones de los vecinos en la calle. En la niebla y el frió que se habían venido sobre Lagomar y el mundo. Y también sobre su cama en la que estaba enrollado con sus frazadas demasiado finas y gastadas para esas temperaturas polares. Quería seguir durmiendo pero el frío le corría el sueño a pesar de haberse acostado cuando ya aclaraba, probando los guijarros y sus bailes y la puta madre que se iba a tener que levantar nomás, para calentar el cuerpo moviéndose o tomando mate o… Se levantó a los saltitos y estando en pelotas sintió que por la pieza corría un chiflete helado cuyo origen enseguida sospechó. Asomó la cabeza en la salita de entrada y la vio, ¡seguro! Había dejado la puerta abierta toda la noche, justo del lado que soplaba el viento! Fue enseguida a cerrarla con los championes en la mano y a patear sin querer la pata del sillón de mierda ese que sólo le había servido para mirar tele un mes hasta que cayó el rayo y la hizo moco. Se le hizo moco el dedo helado y ensayó una ristra de putedas mientras saltaba en la otra pata y estiraba el brazo para sostenerse sin caer, sobre la puerta con lo que consiguió si no aliviar el dolor al menos cerrar la puerta y sentir de inmediato una reconfortante ausencia de frío extremo que no es lo mismo que calor. Se fue a la cocina a terminarse de vestir y poner a calentar agua.
-Estás en lo mejor de la vida.-
Eso fue lo que sintió decir a una voz y resonar en las paredes de la cocina con una cadencia conocida y familiar, que no podía ser más que la voz de su pensamiento ya que estaba solo y… Claro que tenía él conciencia de estar en la mejor de las edades y era bueno entenderlo en momentos como ese de romperse el dedo contra una pata y…
-Disfrutala y no le des bola a los que te vengan con cosas raras.-
-¿Cosas raras?
-A ofrecerte aparatos de comunicación instantánea u otras tonterías.
-Pero quién sos…¿ Quién es usted que me habla desde adentro de mi cabeza?
-Soy tu abuelo Abelardo Escisión Goiticoechea. Te acordás de mí?
-Pero…
-¿Qué si no estaba muerto? Sí, pero eso no tiene ninguna importancia.
-Entonces… ¿No estás muerto?
-No. Es decir sí, para vos estoy muerto y para… Y qué carajo importa!
-¿Estar muerto es igual que estar vivo?
-No, se supone que no… pero no me acuerdo de haber estado muerto…
-Entonces… ¡Estás vivo!
-De cierto modo. Porque en este momento en que estoy diciendo esto, sin duda estoy vivo.
-¿Y qué es lo que estás haciendo dentro de mi cabeza?
-¡Bah! Eso es simple tecnología.
-¿Mi cabeza?
-No, tu cabeza es prodigiosa. Dije tecnología porque me estoy comunicando con un aparato que… Bueno.
- ¿Y no era que no tenía que darle bola a los aparatos…?
-No es lo mismo. Yo soy tu abuelo!
-¿Y cómo puedo saberlo yo?
-Porque… En primer lugar mi voz. ¿O te olvidaste de mi voz?
-Podría ser producida por un aparato…
-Bueno, también te podría mandar imágenes mías en este momento que… Sí, está bien. ..¡Nada de aparatitos!
-Es que no veo cómo me podés convencer de que sos mi abuelo.
-Una vez te caíste en mi casa, jugando.
-Bueno, me habré caído tantas veces!
-Pero una vez en especial, que había ido a pasar varios días conmigo, te caíste, sabés dónde, enseguida del primer macetón del corredor y no sé por qué razón te quedaste caído en el suelo, llorando, cosa que no era común y por eso fui enseguida porque me di cuenta de que algo te pasaba y te ayudé a levantarte sin preguntar nada al ver que querías, avergonzado, ocultar tus lágrimas.
-Sí, está bien. Sos vos, abuelo.
-Menos mal. Pero ahora tengo que cortar, me sale muy caro esto. Después te explico. Corto. Chau.
-Chau.
Publicar un comentario