lunes, septiembre 11, 2006

67 - El Número de sus Zapatos

Manuel calló y cayó y siguió cayendo y callando a lo largo de un conducto sinuoso como intestino delgado, resbaloso como un sapo, oscuro como una golondrina y muchas otras características que no vienen a cuento en esta historia, por un largo rato… Como si el mundo se hubiera quedado sin fondo justo debajo de sus pies. ¡Puta madre, que se había salido de este mundo sin haberle contestado a Giorgionne y esa mierda de manguera en la que no terminaba de caer y que ahora también le estaba apretando la cabeza y llenándosela de arena…De arena!? …Miró Manuel para arriba y vio que lo que le apretaba y ensuciaba el cráneo no era otra cosa que un par de suelas de zapatos marca Flexigom-Max número 43. Lo vio apenas pudo con la mano separarlas de su cabeza y apreciar por la dificultad y dureza que aquellos zapatos con seguridad contenían al propietario adentro…
No más que eso pudo ver mientras seguía gambeteando dentro del tubo, perseguido de cerca por los zapatos que no cejaban en su empeño de volverle a pisar la cabeza o tal vez cruzarlo para ganarle la carrera. Miró para abajo, en dirección a sus propios pies y aunque poco se veía, alcanzó al menos a vislumbrar alguna claridad que le esperanzó. Fue un presagio que se cumplió enseguida cuando de golpe se vio proyectado por el espacio aéreo de una sala enorme, llena allá debajo de un montón de asientos ocupados por personas que se alineaban como otras veces en otras naves, a lo largo de diagonales como si todo fuera un gran panal de abejas.
Manuel se cagó todo! Posiblemente iba a morir aplastado como un huevo puesto al vuelo por culpa de algún simple error de algún empleado de La Compañía que, no se había puesto a considerar que por muy liviano que él fuera, igual iba a ir acelerando mientras cayera sobre aquella multitud reunida sin duda para otra cosa… AAAAh…Chau!
Pero no. No se hizo mierda porque también actuó la otra fuerza, como siempre ocurre. Acción y reacción. Embalaje y frenado. Punta y coma. Entonces a medida que se acercaba a los asientos iba cayendo más despacio, tanto que cuando su culo sobrevolaba apenas los pasajeros, ya flexionado como para sentarse, la velocidad de caída se podía considerar prácticamente nula, si es que algo así puede existir. Y él, entonces podía tranquilamente elegir asiento…Se acordó entonces del famoso “número de asiento“. Me van a cagar otra vez!-se dijo. Y se lo dijo en el justo instante en que sin mediar consulta alguna, la fuerza oscura que sostenía su culo volando, decidió de pronto desentenderse de todo y dejarlo caer justo encima de un conocido… ¡El licenciado Giorgionne!
No valieron disculpas, el licenciado no estaba acostumbrado a aquella clase de bromas y ni siquiera le quiso creer que le hubieran largado como Manuel decía, ya que a él le habían tratado con la mayor de las correcciones.
-¿Tus zapatos son marca Flexi-Gom?
-¿Otro chiste…?
Manuel en vez de responder se tiró al piso junto al pié de Giorgionne que por estás apoyado sobre el otro había quedado con la suela hacia un costado.
-43. Me viniste pisando la cabeza todo el viaje!
-¿Cómo dice, Manuel?
-Y ahora me venís a tratar de usted? ¡Dejate de joder! Si los dos estamos en la misma…!
-Sí, tenés razón…

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1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gusta esta clase de historia boluda!