lunes, septiembre 25, 2006

77 - La Cadena del Eterno

-¡Qué grosero! Yo lo decía en buena onda…
-¿Qué mierda hacés en la oscuridad? ¡Pelotudo!
-¿Le decís pelotudo a Lucifer? Muchachito, muchachito, si no fueras tan bonito…!
-No te acerques. Voy muy apurado, nos vemos…
-¡Ah no! De mi tienda nadie se va sin comprar algo.
-Soltame las piernas.
-Yo no te retengo, ja! Sos vos quién no se quiere ir.
En ese momento todo un sector del monte se iluminó con luz que venía del cielo junto con músicas empalagosas y fuertes olores a incienso. Flotando sobre el monte iluminado estaba una inmensa bola coronada por un enorme triángulo iridiscente en cuyo interior un monstruoso ojo, vivo, se movía de un lado a otro mirando todo sin pestañar.
Bajó por la escalera de mármol luminoso una tropa de fotógrafos celestiales que corría a fotografiar en primicia el momento en que San Manuel de Lagomar era rescatado de las garras del demonio por San Jorge y sus huestes, gracias a sus secretos y oportunos ruegos al verse en repentina tentación. Fue recién después de eso que surgió la voz de entre las ruedas que giraban entre las ruedas.
-Manuel, cordero de mi pastoreo; seas recibido nuevamente en nuestro rebaño. –a prueba naturalmente.
A Manuel se le cayeron algunas lágrimas pero no atinó a dar ningún paso para acercarse o subir por la escalera de luz que le habían tendido desde la bola. En cambio observó, en divertida venganza, que Lucifer rajaba con la cola entre las patas para el lado de la oscuridad… que posiblemente fuera lo mejor que él pudiera hacer para salvar el pellejo, o al menos su derecho a vivir en libertad. Claro que él estaba en el foco de los reflectores y las cámaras de la Omnicadena del Eterno que en ese momento de atontada expresión de su cara aprovechaba para pasar el replay tridimensional de la caída de su primera lágrima. Lo veía en el monitor “tridi” que le estaba sosteniendo enfrente un ángel cuyas patas, necesariamente descalzas y quietas para no mover el monitor, hallábanse totalmente cagadas por las palomas, que en bandadas inmensas y en tonalidades de celeste, rosado y amarillo suave, caminaban y revoloteaban todo el tiempo, dejando aquello tan cubierto de mierda, que era una verdadera bosta! Pero… el cielo parecía ser así. Un lugar donde todos tienen alas y cagan en el piso.
Cuando Manuel vio lo del replay, aprovechó, entonces sí para mirar en su entorno en busca de algún escondite o cortada que le permitiera una posible huída… que no halló pero, lo que vio fue que debajo suyo todo seguí siendo arena cubierta de pinochas y que recién desde un metro, a su alrededor, era que empezaba todo ese circo romano de columnas marmóreas y gentes vestidas con trapos recién planchados, porristas en minifalda y todos esos reflectores que iluminaban un set lleno con multitudes de extras…
Entonces… bajo sus pies se abrió un boquete que lo tragó con arena y todo! Primero en forma vertical y después de un giro, que le llenó la cara de tierra, en forma horizontal y menos acelerada, entre raicillas y tierra húmeda, hasta un ensanchamiento que era una verdadera caverna. Una caverna enorme, iluminada apenas por una penumbra rosa, desde cuyo fondo vio venir hacia él a un hombre cubierto de pieles y músculos.
-No les des bola. Son todos la misma mierda!
-¿A mi me estás hablando? ¿De quién…?
-De los que se dicen dioses o demonios… Son todos la misma mierda.
-¿Y por qué me decís eso?
-Porque soy el hombre primitivo. Soy el abuelo del abuelo del abuelo…Si se quiere, podría ser tu propio abuelo.
-¡No, gracias; ya tengo!

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