domingo, septiembre 24, 2006

76 - Lagartijas en la Arena

Supo que se había acabado la comunicación cuando dejó de sentir ese zumbido en las sienes y las cosquillas que le corrían por la cara. Tenía que volver a rescatar la flaca del ataque de nervios que le dio cuando le vio en el suelo –Pobre él, que merecía tanta atención, por lo menos, como la que necesitaba..
Encontró la calle adecuada al otro lado del bosque y entró a caminar por ella a largos pasos y silbando una canción romántica y criolla que había escuchado en alguna vez. No iba preocupado, pero algo de pronto le llamó la atención. Un sutil movimiento en lo que veía hacia delante. En esa calle blanquecina, que al alejarse iba trepando por la altura bordeada por la oscura masa del monte… Un temblor, no de alguna cosa, sino del paisaje mismo. Como lo que se ve en una imagen reflejada en el agua cuando una onda va y viene atravesándola… ¡Atención!
Y la sospecha se vino enseguida a confirmar gracias a su olfato, que reconoció, sin duda, un fuerte olor a bola. ¡Estaba entrando en una bola camuflada que se había vuelto transparente o copiaba los colores del fondo, como hacen algunos pescados para que no los vean! Saltó hacia atrás y se puso a correr en dirección a los pinos.
Enseguida se sintió un sonido agudo y retemblante que barría como ráfaga horizontal la calle según su largo y después, también hacia los lados, hasta los pinos y aun penetrando entre los troncos. Manuel, que ya llegaba a los primeros árboles, adivinó algo así y por eso se tiró al suelo, no para esconderse, sino para gatear y reptar a toda velocidad entre los troncos hasta sentirse algo seguro de poder volver a correr otro trecho, para recién después descansar en una hondonada oscura donde sólo se siguieron sintiendo sus resuellos acompasados.
Al cabo de recuperar la respiración y cuando ya encaraba el tema de qué hacer en delante, fue que empezó a ver luces que barrían las copas de los pinos desde el aire. Querían penetrarlas para llegar a él y darle caza! Pensó “ya vienen”. Porque la siguiente etapa era que lo buscaran debajo de las copas con algún sistema o robot que corriera como las lagartijas en la arena y que mordiera inyectando algún somnífero poderoso de esos que usan para cazar tigres… Así que algo había que hacer para irse de allí sin que lo vieran ni lo detectaran… Se acordó de una cabañita abandonada un poco después del hilo de agua, que desde ella partía un sendero que iba al molino viejo y tras él se abría el camino que tras mil vueltas terminaba detrás, justamente, de la casa de la Magda. Era todo un recorrido al abrigo de los montes… Partió rumbo a todo eso retemplando el valor pero a los tumbos, no viendo nada, sin comprender cómo había llegado hasta allí sin chocar los árboles ni tropezar con tantas raíces y ramas caídas. Aunque con el susto se le había avivado el instinto y la destreza y la cabaña enseguida apareció como una mancha negra dentro del cuadro continuo de matices oscuros casi vistos. Tanteando las paredes hechas de palos de los mismos pinos, ahora podridos y fofos, fue rodeándola en busca del espacio vacío que debía haber al otro lado, hasta que su mano exploradora tocó en las oscuridad algo que parecía vivo y caliente. Saltó a un lado de forma automática al tiempo que oía otra vez aquella voz del diablo, pero ahora con un timbre bastante más femenino.
-¿Querés que prenda la luz, Manuel…?
-¡La puta madre que te parió!

(debe leerse siguiendo el orden numérico de las entregas)
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