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lunes, agosto 10, 2009

722. Que no se vea el plástico

De modo que también allí, desde la altura que antiguamente colgaba la alacena, hasta el techo, porque más allá todo era hormigón armado, comenzaron a picar el revoque siguiendo el hilo de agua que filtraba através de la arenilla dibujando imperceptibles vasos capilares cuando las acciones se aquietaban y el silencio volvía al ambiente, como el reflujo de la marejada, para dar lugar al momento de observación y recogimiento, por ridículo que parezca.
Manuel se iba encargando de esa sección mientras Rulo picaba las líneas horizontales que parecían buscar salida hacia los baños desde el punto del accidente de Manuel con el caño pinchado.
Entrambos pensaban un par de minutos a cada tanto, qué harían después, cuando ya estuviesen definidas las líneas de pérdida, y el tamaño del desastre. No lograban imaginar alguna manera realizable de cambiar los sectores dañados de la cañería, por pequeños que fueran. El acople de lo viejo con lo nuevo era el problema. No tenían herramientas para hacer roscas en el hierro, ni conocimientos. ni casi voluntad de emprender tamaña aventura. Preferían pensar en sustitutos más prácticos, como emplastos de adhesivos, que los hay de buena calidad y que una vez cubiertos por el revoque podrían envejecer con las paredes sin que nadie sospechase la diferencia.
Fue Manuel quién se largó a pensar en voz alta sobre la relativa calidad del hierro galvanizado frente a las cañerías plásticas que había instalado en el baño de su casa.

-Fijate que se les coloca una gotita de adhesivo para PVC y al juntarlas ya están soldados.

Rulo no pudo contestar porque el último pedazo de revoque que cayó de lo alto vino con casi medio metro de caño de regalo; si no se desvía le da en la cabeza.

-¡Está todo podrido!

Enseguida empezó a chorrear una agua espesa y herrumbrosa, aunque mezquina. Rulo no había podido, más que a medias, cerrar la llave de bajada del tanque, ayer, antes de que la curiosidad le diera por espiar el sistema eléctrico del flotador.

-Habría que cambiarlo todo.
-No. -opinó Manuel- el resto está bastante bien.
-Pero ahí lo perforaste de un sólo golpe.
-...
-...
-...
-...
-¿Cambiarlo todo por galvanizado...?
-Podemos conseguir una tarraja prestada... El Cachila Leites tiene una que era del padre.-( Lo decía sin alegrarse.)
-... ¿Y si le metemos todo de plástico? Hay uno medio colorado que sirve para agua caliente.
-Pero en el lugar que van las canillas tiene que asomarse... No van a querer... que se vea...ni que sea de plástico...

De la calle llegaron dos sonidos separados por un par de segundos. Dos golpes muy parecidos a los producidos por dos puertas, una a cada lado, de una camioneta Cherokee doble cabina que por ejemplo se acabara de estacionar enfrente, y de ella se bajaran dos personas que pudieran ser los dueños de la casa.
Pura imaginación.



jueves, agosto 06, 2009

721. El Dúo Catrasca

Llegado Rulo con su moto sudorosa de ruidos, su casco plástico multicolor y su campera abrochada hasta la nariz, por cierto que insuficiente ante el viento frío que se estaba desbordando desde el Río de la Plata sobre y entre los pinares, las casas y los pobres transeuntes de la zona costera. fue imposible hablar más, al menos de algo interesante. Todavía caminaba con cierta renguera y al sacarse el guante izquierdo lo empezó a golpear sobre la palma derecha, como hacen algunos personajes importantes cuando están apurados o impacientes. Después también se sacó el casco y recordó los saludos que a Magdalena mandaba Julieta.
Magda previno a Manuel que llevara ropa de abrigo pues ante la ventana de la cocina pasaban doradas hojas tiritando de frío y pajaritos totalmente cubiertos de plumas... Las botas de goma habían quedado en el galponcito del fondo y aquel pasa montañas que nunca quería ponerse. Guantes no. Desde que perdiera los últimos y, bueno... Esa misma campera, camisa de tartán a cuadros, que seguramente habría heredado del tío del bisabuelo vasco que viniera gritando arraiua sobre la cubierta del barco.

Partieron pistoneando el cuesta arriba ante la mirada de Magda que recordaba para atrás tantos años de verlos juntos a los dos, tan diferentes. Siempre diferentes en todo, pero tolerándose, como se hace con un par de pies que a uno le han tocado en suerte, aunque no le gusten.

Le dió gracia a Manuel cuando volvían a entrar a la casa de los Ferrari, verla de nuevo pero mucho más destrozada, por obra de ellos sin duda, y del destino, que las cosas y las casas también lo han de tener y padecer. Esta, por ejemplo que habría nacido con el Karma de soportar un par de inconscientes metidos a pintores y reparadores de todo. En este y en los otros mundos, con variados matices de gravedad, sin importar pàra nada que fuera totalmente ilógico que un hombre con dinero y pretensiones fuese justamente a contratarlos a ellos, sin que nadie supuestamente les hubiese recomendado, ni tuvieran otra cosa que mostrar como antecedente, que un par de paredes pintadas a la cal y algún que otro remiendo hechos en sus propias casas... Tal vez fuera idea de ella, la señora de las tetas blancas, cuyo nombre no lograba recordar, que al menos en el otro mundo se había mostrado por cierto más interesada en la proximidad física con ellos, que en lo hábiles que fueran con el rodillo, la lija y el enduido.

-La humedad en la pared de la cocina, en vez de disminuir aumenta.
-Ahí todavía no hicimos nada...
-Pero ahora mana agua. Y cuando vinimos no. Va a parecer que nosotros hicimos alguna cagada.
-Cagadas hicimos varias, pero no ahí.
-Vamos a tener que picar el revoque y ver de dónde viene...


viernes, julio 03, 2009

708, El alambre mal nacido

Ya estaba. Pero sorprendido también, de haber descifrado el enigma con tanta presteza como la falta anterior de ella. Esas cosas que nos hacen sentir inteligentes por el primer éxito posterior a incontables fracasos. Que a veces llamamos tomar conciencia... Bah!
Ya estaba simplemente el enigma resuelto. Urgente, decía el abuelo, sin haberlo dicho otras veces, queriendo decir entonces que lo de ahora corría prisa. Emergencia, peligro o alguna otra razón similar...

-¿Es que no pensás levantarte más de ese suelo? Tenemos que trabajar!

Lo dicho. Con Rulo no había caso. Pero a pesar de todo tenía razón en algo. Todavía no había atinado a levantarse de entre los poligonales trozos del destrozo, así que...
El asunto era cómo contestar. Chocolate por la noticia que si tuviese alguna bola en buen estado de el problema no existiría. Sentarse en el punto phi y desde allí simplemente pensar un mensaje con intensión de que fuera enviado. Extraña manera de volver simple lo complicado que existía, al menos en algunos mundos, aunque no en éste, recalcitrante rincón dónde las cosas todavía costaban sangre sudor y lágrimas.
Allá vamos.

Cazó con una mano la masa y con la otra el fierro ese que Rulo llamaba corte y sin mediar más comentarios entró a picar el reboque a lo largo de la mancha de humedad. Duro reboque que emitía chispas a cada dos por tres, pero que tras la primera capa sedía bruscamente al impacto de la herramienta y la herramienta se adentraba presurosa en sus entrañas. Ah! El fierro era repelido de pronto por un géiser de agua fría que ya estaba salpicando su cara y buena parte de su vestimenta.

-¡Pinché el caño! Cerrá la llave de paso.
-¿Y dónde está?

Las llaves de paso por lo general son ubicadas en el lugar más obvio, o sea aquel donde jamás pensaríamos buscarla. La llave de paso se disimula en el rincón más oscuro e incómodo, pero además... por lo general no funciona, se ha trabado luego de años de desuso e indiferencia humana.

-No la encuentro, -resonó la voz de Rulo desde algún lugar de habitaciones vacías- subiré a cerrar la bajada del tanque,
-¡No...!
-Ella dijo que en el garaje había una escalera...
-No, dejá...
-...detrás del Clío...

Manuel no se puso a correr hacia el garaje para llegar primero porque no se resignaba a dejar aquella fuente brotando con toda su energía. Trataba de detener el torrente metiendo un dedo sobre la herida, miraba a los lados como si fuera posible que justamente pudiera ver algún objeto o sustancia apropiada para la tarea, se bañaba en fin, fuera de toda voluntad. Pero no se evadía del todo de la tragedia que podría estar por comenzar en el garaje. Sólo un poco. Pensando que tal vez el destino no aceptara intercambio de personajes. ¿O acaso lo que tuviese que suceder sucedería no más, aunque el protagonista no se presentara a la escena?
En eso, junto con ruidajes varios, distinguió la exclamación de Rulo:

-¡La puta que te parió, alambre de mierda!

Ya estaba. Los hechos acababan de contestar su pregunta. Ahora sólo restaba evaluar lo daños y ver... si por acaso pudieran disimular los rayones en la pintura.

-Oh! No! No! ¡La puta madre! ¡Qué cagada!

Sacó entonces el dedo, dejando en libertad al chorro para que mojara a gusto todo lo que quisiera y comenzó a caminar con pachorra rumbo al garaje. Después de todo no dejaba de ser gracioso que por esta vez fuera su falso primo quien metiera la pata. Al pedo, porque nunca se iría a bajar del caballo del sabelotodo que había montado toda la vida, pero igual...

-¿Que ha pasado, primo...?





domingo, junio 21, 2009

706. NT_MANV_L...

Ida que fue la singular pareja, los muchachos entraron a intercambiar ideas sobre cómo encarar la tarea. Habiendo pintado paredes en otras casas, con resultado aceptable, en cambio poco entendían de humedades, ni mucho de cañerías en buen o pésimo estado. Obvio que sabían aquello que todo el mundo sabe. El pincel firme en la mano derecha y darle para arriba y para abajo una vez embebido de pintura en el tacho. Las humedades, por lo general producidas en la estación de las lluvias, solían desaparecer en el verano, pero, de no ser así, siempre fue aconsejable consultar con alguien que estuviese en el tema. No ellos.
Sin embargo Manuel creyó contar con una invalorable experiencia anterior: la vez que en la otra Tierra habían pintado y deshumificado esta misma propiedad
Se subió a una silla color arena que había puesto bastante bien sobre otra similar, con sus champeones rojos un tanto embarrados, y desde esa altura mostraba a Rulo la línea de humedad que supuestamente acompañaba la tubería de agua que, desde el tamque de encima del techo, venía buscando el entronque con el termotanque y seguía rumbo a los baños.
Eran indicaciones hechas a penas con el índice, por el mucho cuidado que estaba teniendo en no apoyarse en ningún momento sobre la bendita alacena de la losa importada, pero.. Hete aquí que un sorpresivo mareo pareció sobrevenirle justo en eso Al grito de "otra vez" tentó bruscamente agarrarse la cabeza también con la mano que usaba para las indicaciones pero, ésta en su impensado regreso. chocó con la parte superior de la alacena sin otra consecuencia que desequilibrar su precario equilibrio, tanto que por no precipitarse al rojo piso de eucalipto, se abrazó al mueble como pudo, como si de viejos amigos reencontrados se tratase, arrancándolo de su vetustos tacos fisher, y como dice Murphy ir a parar juntos al suelo con la manteca del lado de abajo. En este caso la humanidad de Manuel que inmediatamente comenzó a aparecer debajo del estruendo y de los trozos de porcelana, que por extraño que pareciera, ningún tajo habían hecho sobre su rostro. A gritos urgía al compañero a que buscara una birome y un papel para anotar aquello que estaba tratando de memorizar. Por favor, que se iba a olvidar, siendo aquello tan importante que no podía ahora explicárselo ni detenerse a considerar los daños que por accidente se habían producido.
Rulo encontró enseguida una birome sobre la heladera con freezer, pero no papel.
Que escribiera sobre la pared le exigió Manuel. Total, la iban a pintar.
Entoonces fue que Rulo, ni tan convencido, pero si impresionado por la urgencia del otro, se apostó birome en mano frente a la pared.

-Sí, decime...

Lo que dijo a continuación Manuel, aparte de algunos confusos comentario que no fueron transcriptos, fue lo siguiente:

-Después de varios fueron naranja, tabaco, otra cosa, mierda, ajo, naranja, vino, otra cosa, limón, pan, orégano, otra cosa y varias cosas que no puedo recordar. Después siguio con tabaco, otra cosa, otra cosa, tabaco, ajo, vino, otra cosa, ajo, tabaco, vino, otra cosa, orégano, limón, ajo, varias que no me acuerdo y por último: frescia,otra cosa, café, ajo, otra cosa orégano y ruda!!

Rulo dejó de escribir y avanzó sobre la ruinas de Manuel todavía en el suelo.

-¿Y qué me querés decir con esto? ¿Es una reseta o una adivinanza?
-Un mensaje del abuelo.
-¿Después de muerto se le ha dado por jugar? No me jodas, Manuel!.

Inútil fue mostrarle que en una parte casi se formaba la palabra Manuel, con una v en vez de una u y con una letra e, que le agregaba por no haber reconocido ese olor en el momento. Así que se levantó y busco un papel hasta encontrarlo para escribir en él no sólo la lista de los olores, sino también lo que hasta ahí podía interpretar:

NT_MANV_LPO_.......T__TAV_ATV_OLA........F_CA_OR




martes, junio 16, 2009

705. La blusa bordada

A las siete y cinco llegó Manuel al pasto delantero de la casa de los Ferrari donde ya Rulo tenía las ventanas abiertas por algún motivo y el carrito de herramientas desenganchado de la moto.

-Fijate en el estado del césped -dijo desde adentro la voz de Rulo.
-Sí. Todo pelado, con yuyos salvajes y bolsas vacías de leche por todos lados.
-¿Bolsas de leche...?

La cabeza de Rulo asomó por la primera ventana y estirándose desde el pescuezo barrió con las cámaras visuales todo el paisaje cercano.

-¿De qué bolsas de leche estás hablando? Lo único que hay son cientos de latas de sardinas Coqueiro. Parece que los últimos que vivieron aquí vivían a sardina.

Recién entonces Manuel miró realmente el estado del jardín que había supuesto igual al que conociera allá en Tierra 2. Un desastre,

-Digo, latas de sardina.

Rulo le miró sonriente y le invitó a ver el estado de las paredes interiores.

-Fijate ahí encima de la alacena...
-¡No la toques! -casi grito Manuel
-Tocarla...?
-Se cae junto con todos los platos chinos de Hong Kong.
-No iba a tocar nada. Fijate, te digo, en la mancha de humedad que hay encima,,, Tal vez venga de la bajada de agua desde el tanque.
-Sí, pero tendríamos que picar el hormigón de la planchada.
-O... ver si el caño del tanque no viene perdiendo desde arriba. Tal vez el oxido se lo comió.
-Está todo podrido y el flotador del tanque patea. Tené cuidado. Ya te dije que las tejas...

La charla en eso se interrumpió por la llegada de la Cherokee al frente de la casa, Se bajaba por un lado la señora pechugona que Manuel había pronosticado y por el otro un hombre alto de cabellos y bigotes oscuros muy prolijos, tanto como el maletín de cuero color habano y un enorme anillo cuadrado con letras en relieve, como para dejarlo marcado en alguna cara de prisionero atado con sogas a una silla.

- Hemos vuelto porque olvidamos recomendarle... (recién el hombre demostró darse cuenta de la presencia de Manuel) recomendarles... (remarcando ligeramente el les) que dejen para último los problemas del jardín. Queremos mudarnos definitivamente para dentro de un mes... con la casa totalmente pintada.... En el garaje encontrarán una escalera y la lleve donde ya le mostré.

Antes de desinflar el tono miró de arriba a abajo a ambos operarios sin otro esfuerzo que el movimiento de los ojos. La cara acostumbrada a la inexpresión no logró sin embargo disimular un sesgo despreciaitivo.
Desapareció por el foro dejándoles con la fémina que ya parlotaba detalles inconcretos mientras sostenía esa mano sobre el escote para que no se le cayera.

-Si quieren les acompaño y les muestro... allá en el garaje... dónde es que está, detrás del autito, escondida,,, (se desprendía y volvía a prender un ovalado botoncito de nacar en su bluza de gasa veraniega)(tal vez de puro nerviosa)(o porque más tarde estuviera pensando en sacársela para ponerse encima algo más adecuado a la estación... o nada)(porque bastante incoherentemente siguió con el asunto de quienes eran las personas que los habían recomendado tan bien como para que ellos confiaran y les dejaran en la casa solos para que trabajaran con más comodidad y hasta dejaran las herramientas u otras cosas, así como la posibilidad de que hiceran uso de la cocina para calentarse algo de comer o si fuera posible darse un baño con agua caliente que sienta tan bien después del trabajo para relajarse físicamente aunque se sea tan joven y parezca que nada imperfecto pudiera ajar esa clase de perfección despreocupada)(y se sonreía conturbada al decir esas cosas, entonando el suavísimo rubor de las mejillas con los hilos de color que bordaban el frente de la blusa justo en la parte más avanzada de los senos)

Asomó el sonido de la voz del marido desde alguna otra pieza vacía de muebles.

-¿Vamos Ethel...?






domingo, junio 14, 2009

704. La realidad viaja en moto

.La cruda realidad llegó en motocicleta y con la voz de Rulo reclamando que por fin su socio se presentara a trabajar. Había recibido dinero por adelantado para arreglo de humedades en las paredes presumiblemente producidas por caños en mal estado desde la bajada de un tanque sobre el tejado. Mucho trabajo, si se confirmaba la posterior pintura de tres ambientes, para una sola persona, además de hacer totalmente de nuevo el jardín transformado en basurero desde los años en que la casa, chalet, había quedado abandonada. Veinte mil si era todo, calculaba él, para un trabajo de quince días sin matarse.

-Te lo dije.
-El tipo tiene plata y una agencia privada de seguridad.
-Y una esposa pechugona que te mira con ganas de comerte, no?
-Un garaje para dos autos y pico, Una Cherokee bordeaux metalizada y un Clío celeste pastel.
-El escote de ella deja ver pequeñas pecas o lunares sobre una piel completamente blanca.
-Dejame de joder.

El adelanto no se podía repartir todo por cuestiones de herramientas faltantes, pero igual bastaría con conservar mil en estado virgen. Con el resto.. . amortizar deudas y tratar de terminar el trabajo para cobrar todo.

-De siete a siete parando una hora para comer?
-Podríamos empezar más suave. Estoy fuera de entrenamiento, hace dos años que... No, está bien.
-¿Mañana a las siete?
-Ajá

La moto de rulo al partir dejó atrás el ruido, la polvareda, y la sensación en Manuel de que nunca se iba a poder sacar a aquel muchacho de su molde de simpleza infinita. Que le adivinaran el futuro, que le dijeran hasta el color de los calzones de una mujer que le iba a apretar dentro de un baño el año que viene, nunca iban a ser cosas que le merecieran demasiada atención. En cambio siempre tendría tiempo para enseñar cómo se abre una lata de pintura sin volcar una gota, cómo se revolea la muñeca para que la mezcla del revoque vuele limpiamente desde la cuchara hasta el lugar de la pared y se quede allí mansamente adherida, o cualquier cosa de esas que el suponía saber. Las incontables únicas maneras de hacer incontables cosas.

¿Lo creería en serio? ¿Creería Rulo que hubieren muchas cosas que sólo se puedan hacer bien de una sola manera?

Giorgionne se retiraba. Fueron hasta la orilla del pastito a despedirle. Volcieron entrelazados los brazos con ganas de arrumacos. Tiraron un colchón sobre el piso...







viernes, noviembre 07, 2008

622. ¿No habrá sido él?

Es posible que haya abierto los ojos, porque algo en él se abrió de pronto y de par en par a todos los sentidos simultáneos. Cataratas de sensaciones le inundaron y sacudieron al mismo tiempo que el beso primordial continuaba según sus más profundos deseos. Los labios sentidos en toda su tierna realidad de calor y delicioso tacto corrugado, el perfume aquel, nunca olvidado de las más antiguas flores abiertas en el aire de las noches, la humedad... La luz que ahora a raudales le inundaba en orgiástica tocatta, el cuerpo todo que revivía de forma violenta latiendo a todo vapor, la respiración que tragaba resuellos insaciables y por cierto el sexo que ahora también despertaba reclamando su lugar. Estaba vivo por cierto y aquella era su flaca de siempre! La impagable, que acababa de hacerle saltar desde la grisura de la inexistencia a la vorágine de la vida.

-Flaca!

Vino desde el costado una enfermera blanca a controlarle la sonda del suero. Magdalena le acariciaba las mejillas. Él sentía necesidad de preguntar todo pero el corazón le reventaba en el pecho y de pronto se estaba mareando.

-Qué me pasó? Por qué estoy aquí?

Magda, con un gesto le pidió una pausa. La enfermera se retiraba...

-¿No te acordás de nada...?
-Y... lo último... que estábamos volviendo de A Bur Na Bar... la carpa aquella...

Magda en silencio le palpó la frente.

-En tu casa. Te encontré tirado en el piso del baño.
-¿En casa...? Qué raro... No me acuerdo de haber llegado. ¿Y vos, no estabas conmigo...?

Vino un médico con comentarios alegres, los de siempre. Le tomó el pulso, le miró un ojo estirando el párpado. Apuntó cosas en una libretita y murmuró otras hacia la enfermera.

-Haz estado mucho tiempo inconciente...
-¿Qué me pasó?
-No se sabe... Los estudios dan resultados normales. Estabas caído, desnudo, pero aparentemente no te habías golpeado al caer.
-¿Y Satanás...?
-¿De qué hablás...?
-Digo. ¿No habrá sido él...?
-¿El que qué...?
-...el que me tiró... que me hizo algo y me dejó incociente...
-...

La enfermera estaba de vuelta quitándole la mariposa del suero en la muñeca. Había escuchado parte de la conversación pero apenas movió la mirada en silencio de uno a otro. Cuando por fin se fue, Manuel arremetió con sus preguntas. Quería ponerse al día. Si era que había estado inconciente entonces... qué había pasado en aquella vuelta de Galilea traídos por Jesús dentro del receptáculo formado por las líneas de guiones. ¿Habían llegado sin inconvenientes? Ernesto ¿Se había seguido quedando con Rommel, el pequeño zorrito que se les había colado? Jesus, ¿Estaba todavía con ellos, en la caverna, aconsejándoles sobre el mejor modo de defenderse de Satanás?

En vez de contestar los labios de Magda temblaban y sus manos apretaban sin motivo las de Manuel.

-Esperame un momento. Tengo que hablar con el doctor...


viernes, noviembre 10, 2006

120 - TORTAS FRITAS EN LA PANERA

-¿Y, Manuel… sale ese mate?

Los brasileros son exagerados hasta en el tamaño de los mates. Claro que si los mates de ellos fueran más chicos no entrarían en sus bocas esas bombillas que usan… Ya está hinchando la loca... Se pone espumosa y larga este olor como de bosta de vaca…o pasto. ¿Será cierto que a veces le agregan alfalfa…? Ahora un cachito más de agua y le enchufo la bombilla con la yerba bien mojadita para que no le duela. Porque es así, boludo, hay que tratarlo bien al mate. No apurarlo… ¡Parezco un gaucho viejo! Las cosas que pienso! ¿No será que soy medio tarado, nomás? El Rulo lo ha creído durante tantos años… No fue necesario que me lo dijera nunca, me daba cuenta por todo lo que hacía para evitar que yo me metiera con esas cosas que sólo él sabe hacer. Como jugar al fubol. Que ni me dejaba aprender! Parece que lo veo. ¡No, la pelota no se patea así! ¡Tenés-que-poner-la-pata de-esta-manera, ves? ¡Qué hincha pelotas! Y todavía no se da por enterado de que el fubol ya me paspó. Me pregunta ¿cómo terminó? Nomás. Se sabe que lo único que termina a cada rato es el partido. Y que todo el mundo sabe cómo terminó, basta con preguntarle al primero que ves…que puedo ser yo que no estoy siquiera enterado de que se jugara ningún partido… En realidad él no ha creído nunca que yo me haya paspado del todo. Se ha de suponer que es “otro de mis caprichos”. Como que un día se me hubiera ocurrido decir, porque sí nomás, que no me interesaba más el fubol, para hacerme ver o parecer más interesante y que después no hubiera podido dar el brazo a torcer y por puro testarudo me había perdido de escuchar los partidos por la radio ¡hasta la final del campeonato y la puta que los parió!

¡De chiquitos! A los uruguayos nos taran de chiquitos…y al pobre Rulo…quién lo taró? Alguno de los maridos de la tía, que no es mi tía, su madre la Shirley… o los amigos…¿Por qué será que un tipo se tara? ¿Por qué le hinchan mucho las pelotas con que tenés que ser así, tenés que ser como tal o cual? ¿O será que nacemos tarados nomás? Unos un poco más que los otros y la diferencia se nota?


-(Y yo, seré tan tarado?)

-(Quién, yo?)

-(Sí, yo)

-(Ah, sí. ¡Yo soy muy tarado!)

-(¿Y yo, también?)

-(Sí, yo también.)

-(Ah, qué bueno! Pero…nos van a cortar. Están hablando del mate que no corre)

-(¡Les cebo uno y se los largo!)

-(Pah! ¿Vi la cara que pusieron?)

-(Agarraron el mate y me miraron mal porque no soportan la lejanía de la mente que se aleja para hablar consigo mismo. Los comprendo pero…)(¡Ya se cortó!)



-¿Y el mate, dónde quedó?

-Arriba de la mesa, flaquito. Cuando te lo devolví estabas papando moscas…

-Sí, mi amor. Si me lo decís con esa trompita estirada está todo bien.
-¿Probaste las tortas?



Manuel se movió para girar de frente cuando estuvo junto a la mesa. Desde allí la Magda quedaba otra vez en el centro de la escena, pero además abarcaba con la vista toda la reunión. Primero, a la derecha, parte de la mesa con el mantel corrido y la madera salpicada de harina. La panera de plástico verde cotorra llena de tortas doradas que hacían una pirámide de perfumes sabrosos. Más allí un cuchillo en 45 y el brazo del Rulo apoyado en la tabla, su piel color cáscara de papa y la manga de la camisa arremangada, de color más claro que la piel. Allá un trozo de pared al fondo, entre celeste y blanca y la gorda heladera Siam, verdesita…Más a la izquierda la flaca de vaqueros y pulóver rompevientos en tonos de…malva, dice ella…pero…¿no es hermoso su culo? Flaquita, te quiero. Claro que te quiero, pero igual. ¿No es hermoso tu culo?



Agarró una torta caliente de la panera de plástico verde cotorra y apreció que la torta hinchada de gases había expandido sus formas en busca de las curvas suaves y cariñosas pareciendo piernas de muchachas en flor atractivas a las miradas y los deseos de morder aunque con dulzura tan tiernas cosas. Se dejó llevar por aquel impulso e hincó sus dientes en la dorada y tibia masa para que rápidas salivas le llenaran la boca