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jueves, septiembre 10, 2009

733. Operación Rescate

Entonces sonó el teléfono de Magda con Julieta al otro extremo preocupada por haberse enterado de que Dengue habría raptado del hospital a Manuel en una silla de ruedas. Increíble cosa que le acababa de transmitir Rulo de vuelta de su fracasada visita. ¿Acaso Magda estaba enterada de algo así? O eran puras pavadas y malentendidos. Lo más probable, ¿no?

-Están los dos aquí conmigo, -se apresuró a decir Magda, cuando pudo meterse en medio de dos paquetes de palabras. - No ha pasado nada. Está todo bien.

Resultaba que Rulo en cambio había vuelto a salir con la moto a trillar toda la ruta desde Pando hasta Salinas, y de Salinas al puente de Carrasco, en busca de pistas o información que alguna persona le diera sobre algo extraño que hubiese visto, por ejemplo un negrito flaco empujando a toda carrera una silla de ruedas con un paciente encima. Porque de la policía no se podía esperar diligencias de ese tipo, ni de ningún otro, a no ser esas cosas que hacen para cagarle la vida a alguien, o rescatar alguna coima.

-¡Te estoy diciendo que está todo bien. No es necesario que los busque, están aquí!

Claro, pero sabido era que Rulo, al igual que Manuel aun no se decidían a comprarse un celular, y por lo tanto quién podría en ese momento saber por dónde encaminaba sus pesquisas, loco de nervios e imaginándose lo peor.

-Desde que Manuel se cayó de las escalera, prácticamente no duerme...

La conversa quedó sepultada de pronto por el tronar de dos motos que venían entrando sobre el pasto del frente. Rulo en la suya y Ernesto de Oliveira en su Harley Davidson, en cuyo sidecar asomaba las la figura de Cholo. Bajaron como que vinieran siguiendo el rastro de alguna bestia salvaje hasta su guarida, donde posiblemente se pudiera hacer fuerte para presentar batalla. Desde el frente advirtieron que había gente en la casita, y estirando el cuello pudieron ver que la sonrisa de Manuel aparecía por la puerta. Corrieron hacia él preguntándole si se encontraba bien, y advirtiendo que más allá, tímidamente se asomaba Dengue, a quien nada dijeron, por el momento, reservándole el responso para después del testimonio de Manuel.
Enseguida las contradicciones. Que me dijeron y que me aseguraron, los enfermeros y alguna gente que estaba en la entrada del hospital, y que también les vieron pasar sin hacer caso a los gritos que de adentro se daban para detener la huida. Y el médico, conocido neurólogo, quien enfatizara sobre el peligro que corría el paciente después de ese golpe, que probablemente habría agravado una lesión cerebral previa, ahora llevado a los tumbos por un delirante maníaco. ¿O acaso no había ocurrido de esa forma? Es decir... ¿Por qué Manuel reía de aquel modo, palmeándoles los hombros y haciendo gestos de quitar importancia a todo?

-Dengue no me raptó. Yo le pedí que me llevara hasta la parada del ómnibus.... El tipo me quería llenar de cables y no sé cuando me iba a dar el alta.

Los tres en coro:
-Pero todavía no estabas recuperado... es peligroso...

De todas maneras comenzaban a sentirse ridículos, especialmente Rulo, quien sintió la incómoda sensación del fuego que se le subía a la cara, y la pareja bronca que le taponaba los pensamientos con la sensación de que otra vez Manuel demostraba ser más inteligente.
Ernesto llamó a Dengue. Magda vino, también... Por fin todos se aflojaron...

domingo, julio 05, 2009

709. Témpera y engrudo

De pura bronca y vergüenza Rulo tartamudeaba, incapaz de reconocer alguna responsabilidad en lo que acababa de ocurrir y que vos hace rato adivinaste. Que la escalera se iba a enganchar con un rollo de alambre acerado y que la punta del alambre acerado se iba a deslizar  por el guardabarros del cochecito dibujando una impertinente línea blanca que zigzagueaba sobre la chapa cromada, como si fuera la rúbrica de algún sujeto nervioso.
Sólo puteaba, maldiciendo su suerte y la concha de la re-puta madre que habría parido al alambre, al Clío y a la escalera.

-Podemos probar con témpera...

Lo miró con ojos llenos de odio creyendo que se trataba de otra de las bromas de Manuel. Esos coches venían pintados con ese sistema tri-capa, que saben hacer muy pocos pintores y que da ese tornasolado especial. ¡Témpera! Lo mismo que dijese engrudo para pegar la montaña de porcelana que el boludo acababa de hacer añicos!

-¿Todavía te quedan ganas de joder...? Ya van tres cagadas que hacemos en un rato.
-¿Tres?
-Tres, sí, La alacena que arrancaste de la pared. El caño que pinchaste... y esto. Si seguimos así no nos van a querer pagar el trabajo...
-Es el destino, Estaba escrito...
-¡Qué destino ni qué escrito!. Estas cosas sólo les pasan a los boludos...
-Aunque las quieran evitar,,
-No, lo que no pueden evitar es ser boludos!
-¿No te acordás que el otro día en tu casa, te previne de todo lo que nos podía pasar aquí...?

Rulo entreparó las diatribas,

-Un montón de boludeses.

Manuel apenas agregó:

-Todavía faltan varias...





martes, septiembre 02, 2008

592 Otra vez en la Tierra

En poco tiempo, y tras sobrevolar las largas arenas de la costa uruguaya, la remendada bola se detuvo sobre la villa Los Dogones a la espera de alguna indicio que indicara si el peligro había cesado. No fue necesario esperar mucho. Ernesto Federico de Oliveira e Souza, él mismo, salió de la casona e instintivamente levantó la mirada a los cielos. Hizo de inmediato señas, amistosas, claramente expresivas de su entusiasmo por volver a encontrarse con una de las primeras bolas Maquis. La número cinco.
Sin embargo sus señales fueron interpretadas correctamente como queriendo decir que aterrizaran sobre el pasto del jardín delantero, ese lugar tan visible desde la calle que, en otras épocas habría sido evitado cuidadosamente para no escandalizar a la opinión pública.
Abrazos y buenas noticias. Es decir, provisorias buenas noticias. Satanás había abandonado la caverna de los Maquis, tanto como los ángeles su apoyo a la reconquista planetaria por parte de los imperios. El Universo local todo, contenía su aliento ante la inminencia de sucesos que nadie suponía beneficiosos para la humanidad, pero mientras tanto, la paz había vuelto, junto con soleados días otoñales cuya brisa se perfumaba de aromas de panes recién horneados, y trinos de alegres pajarillos.
Por último, explicó Ernesto que la caverna, una vez abandonada por las innúmeras bestias berreantes, había quedado embebida de un olor sumamente similar al de los huevos podridos y que por esa causa no la habían querido reutilizar, hasta tanto no se le cambiara completamente la atmósfera.
Sobre los nipones nada preguntó. Era obvio que si venían junto a sus amigos, amigos debían ser. Sin embargo, cuando la historia de las peripecias de Magda y Manuel por Última Tierra, llegó al punto en que aparecían estos protagonistas, fue enorme la sorpresa, la alegre sorpresa de enterarse de que también el los mundos paralelos, existían los mismos ideales que a ellos animaba, y qué, de una manera o de otra, aunque fuera por tortuosos y distintos caminos, la gente empezaba a buscar una misma solución. La disolución del poder.

Se reunieron en la sala reconstruida de la casa a esperar que, tras varios mensajes telefónicos, los otros Maquis llegaran a la re-unión. Mientras tanto tomaban té, miraban viejas fotografías y masticaban bizcochitos de aniz.
Jarumi y sus amigos se supieron observados y por eso al mismo tiempo que hablaban o escuchaban, barrían los rincones del ambiente con rápidos visajes, supuestamente disimulados, exitosos por fin , cuando Toshiro, en medio de una explicación teórica, se atragantó con la propia saliva al ver aparecer entre los libros de la biblioteca, un hocico cubierto de pinchudos pelos por detrás de un par de enormes incisivos.
Era Trum Urum, quien, a su vez sorprendido por el atorón del otro, quiso girar el cuerpo para reintroducirse en la galería, que secretamente tenía cavada desde mucho tiempo antes, pero, con tan mala maña que, entre libros desguazados, terminó rodando hasta el centro de la alfombra aquella, llena de galgos, caballos y zorros a la disparada.

Lleno de vergüenza, pero recomponiendo el ánimo, él mismo se presentó en castellano, luego en algo parecido al inglés, luego en portugués y también en italiano, antes de sentarse sobre sus cortas patas para recibir los abrazos de Manuel y Magda, justo en el momento en que por la puerta de calle aparecían Margarita y Vittorio Giorgionne, llenos de extrañas historias vividas en los extraños mundos en que habían caído arrojados por la irresistible energía centrífuga del pensamiento satánico.