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domingo, junio 21, 2009

706. NT_MANV_L...

Ida que fue la singular pareja, los muchachos entraron a intercambiar ideas sobre cómo encarar la tarea. Habiendo pintado paredes en otras casas, con resultado aceptable, en cambio poco entendían de humedades, ni mucho de cañerías en buen o pésimo estado. Obvio que sabían aquello que todo el mundo sabe. El pincel firme en la mano derecha y darle para arriba y para abajo una vez embebido de pintura en el tacho. Las humedades, por lo general producidas en la estación de las lluvias, solían desaparecer en el verano, pero, de no ser así, siempre fue aconsejable consultar con alguien que estuviese en el tema. No ellos.
Sin embargo Manuel creyó contar con una invalorable experiencia anterior: la vez que en la otra Tierra habían pintado y deshumificado esta misma propiedad
Se subió a una silla color arena que había puesto bastante bien sobre otra similar, con sus champeones rojos un tanto embarrados, y desde esa altura mostraba a Rulo la línea de humedad que supuestamente acompañaba la tubería de agua que, desde el tamque de encima del techo, venía buscando el entronque con el termotanque y seguía rumbo a los baños.
Eran indicaciones hechas a penas con el índice, por el mucho cuidado que estaba teniendo en no apoyarse en ningún momento sobre la bendita alacena de la losa importada, pero.. Hete aquí que un sorpresivo mareo pareció sobrevenirle justo en eso Al grito de "otra vez" tentó bruscamente agarrarse la cabeza también con la mano que usaba para las indicaciones pero, ésta en su impensado regreso. chocó con la parte superior de la alacena sin otra consecuencia que desequilibrar su precario equilibrio, tanto que por no precipitarse al rojo piso de eucalipto, se abrazó al mueble como pudo, como si de viejos amigos reencontrados se tratase, arrancándolo de su vetustos tacos fisher, y como dice Murphy ir a parar juntos al suelo con la manteca del lado de abajo. En este caso la humanidad de Manuel que inmediatamente comenzó a aparecer debajo del estruendo y de los trozos de porcelana, que por extraño que pareciera, ningún tajo habían hecho sobre su rostro. A gritos urgía al compañero a que buscara una birome y un papel para anotar aquello que estaba tratando de memorizar. Por favor, que se iba a olvidar, siendo aquello tan importante que no podía ahora explicárselo ni detenerse a considerar los daños que por accidente se habían producido.
Rulo encontró enseguida una birome sobre la heladera con freezer, pero no papel.
Que escribiera sobre la pared le exigió Manuel. Total, la iban a pintar.
Entoonces fue que Rulo, ni tan convencido, pero si impresionado por la urgencia del otro, se apostó birome en mano frente a la pared.

-Sí, decime...

Lo que dijo a continuación Manuel, aparte de algunos confusos comentario que no fueron transcriptos, fue lo siguiente:

-Después de varios fueron naranja, tabaco, otra cosa, mierda, ajo, naranja, vino, otra cosa, limón, pan, orégano, otra cosa y varias cosas que no puedo recordar. Después siguio con tabaco, otra cosa, otra cosa, tabaco, ajo, vino, otra cosa, ajo, tabaco, vino, otra cosa, orégano, limón, ajo, varias que no me acuerdo y por último: frescia,otra cosa, café, ajo, otra cosa orégano y ruda!!

Rulo dejó de escribir y avanzó sobre la ruinas de Manuel todavía en el suelo.

-¿Y qué me querés decir con esto? ¿Es una reseta o una adivinanza?
-Un mensaje del abuelo.
-¿Después de muerto se le ha dado por jugar? No me jodas, Manuel!.

Inútil fue mostrarle que en una parte casi se formaba la palabra Manuel, con una v en vez de una u y con una letra e, que le agregaba por no haber reconocido ese olor en el momento. Así que se levantó y busco un papel hasta encontrarlo para escribir en él no sólo la lista de los olores, sino también lo que hasta ahí podía interpretar:

NT_MANV_LPO_.......T__TAV_ATV_OLA........F_CA_OR




miércoles, abril 16, 2008

514. Trecientas treinta y tres veces

Margarita retiró su cara del hueco de la ventana y Abelardo volvió a reír, de frente a Ernesto, pero no por su atuendo, que era llamativo, sino... porque sintió que le debía un afloje en la broma, que no era tal, pero que el pobre nunca iba a imaginar... ¿Decirle todo de golpe...?

-Perdoná Ernesto, es que por ser mi cumpleaños no estoy en vena para temas tan aburridos como la política, mejor... Bueno mirá... hemos resuelto que ya es hora de darle rienda suelta a todas las otras ideas...
---las otras ideas...?
-Sí, las otras ideas, esas que... ¿pero decime, vos nunca has tenido una idea que parecen contradecir toda lógica y que sin embargo...?
-¿Una premonición?
-Mucho más que eso... ¡Una teoría descabellada! ¡Una locura! Una locura que te hace reventar el corazón dentro del pecho. De sólo pensarla y animarte a asomar la cabeza dentro de las consecuencias infinitas que esa loca idea, de ser verdadera, traería aparejada para transformación del futuro y comprensión de lo que es el universo?

Miguel confirmó su acuerdo con un movimiento de cabeza que hizo a Ernesto reparar en su sonrisa satisfecha. El también con esa cosa extravagante? Por lo visto contagiosa y... ahí no más, el muchachito de la cueva debajo su casa poblada de tucu tucus gigantes... ¿Qué estaría pasando aquí?

-Vas a tener que explicarme. No se de que me podés estar hablando...

Tomó Abelardo con una de sus grandes manos un cajón vacio de los que abundaban a un costado y lo arrimó con gestos de pensar en sentarse arriba.

-Traigan ustedes también. Vamos a tener que hablar del proyecto.

Margarita dentro de la casa cocinó su arroz con lentejas y comió masticando trecientas treinta y tres veces cada bocado, respirando como la rayuela con una y después otra de las narinas,para terminar con las dos a un mismo tiempo. Preparó y tomó su te de orégano, para la memoria, el de cáscara de zapallo para quemar las grasas y el de cedrón porque le gustaba más que todos los otros. Hizo su minuto de silencio para concentrar sus energías en los puntos necesarios y se tiró sobre el diván del lívin a ojear cualquier revista que le quitara de la cabeza su idea fija de que el tarado de su padre otra vez perdía el tiempo conversando con los pajarracos de sus amigos...
(Válgame Dios!)
¿Por qué sería tan difícil de entender, para la mayoría de la gente, que lo importante era lograr el equilibrio. Y que para lograr el equilibrio era necesario apartarse de todos los factores desequilibrantes, la política y el futbol entre otros. Comer poco, masticar bien y sobre todo respirar correctamente.
No lo lograba. No lograba del todo olvidarse (desinteresarse) de lo que se estuviera debatiendo dentro de aquellas paredes. Bien que no le interesara el tema, se lo suponía en línea con lo que en aquella misma casa, cuando en ella aun vivía su madre, había sido por años el rosario de todas la oraciones diarias. La revolución. La bendita revolución que por suerte nunca había llegado a mucho más que arruinarle a ella la infancia y parte de la adolescencia, hasta obligarle a emigrar tras las motas de aquel negro gigantezco y bailarín que por último la había abandonado tras unas pocas noches de fiesta. Otro desequilibrio. Otro más, como los que se siguieron cada vez que intentaba dar un golpe de timón sin lograr otra cosa que irse de un extremo para el otro. Rodolfo, Sebastián, el pardo Santana, el flaco Cleanto... y la época del frenesí en las arenas de Playa verde, cuando se había convensido de ser la nueva encarnación de la eterna hembra insaciable. Después... Pero nunca el equilibrio!

Apareció Manuel en procura de poner agua a calentar y preparar un mate. Margarita se conmovió. Había visto, de repente en la miráda brillosa de su hijo, aquella misma mirada de quien creía que fuera su padre.... aquella noche de llamadas en el barrio sur de Montevideo, calurosa y ferviente de libertad. ¡1986, qué año! Sólo la mirada y el tono café con leche de la piel... Porque, pobre Manuel, aun sin ser feo, nada en él pudiera nunca llamar la atención de una mujer...




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