miércoles, abril 16, 2008
514. Trecientas treinta y tres veces
-Perdoná Ernesto, es que por ser mi cumpleaños no estoy en vena para temas tan aburridos como la política, mejor... Bueno mirá... hemos resuelto que ya es hora de darle rienda suelta a todas las otras ideas...
---las otras ideas...?
-Sí, las otras ideas, esas que... ¿pero decime, vos nunca has tenido una idea que parecen contradecir toda lógica y que sin embargo...?
-¿Una premonición?
-Mucho más que eso... ¡Una teoría descabellada! ¡Una locura! Una locura que te hace reventar el corazón dentro del pecho. De sólo pensarla y animarte a asomar la cabeza dentro de las consecuencias infinitas que esa loca idea, de ser verdadera, traería aparejada para transformación del futuro y comprensión de lo que es el universo?
Miguel confirmó su acuerdo con un movimiento de cabeza que hizo a Ernesto reparar en su sonrisa satisfecha. El también con esa cosa extravagante? Por lo visto contagiosa y... ahí no más, el muchachito de la cueva debajo su casa poblada de tucu tucus gigantes... ¿Qué estaría pasando aquí?
-Vas a tener que explicarme. No se de que me podés estar hablando...
Tomó Abelardo con una de sus grandes manos un cajón vacio de los que abundaban a un costado y lo arrimó con gestos de pensar en sentarse arriba.
-Traigan ustedes también. Vamos a tener que hablar del proyecto.
Margarita dentro de la casa cocinó su arroz con lentejas y comió masticando trecientas treinta y tres veces cada bocado, respirando como la rayuela con una y después otra de las narinas,para terminar con las dos a un mismo tiempo. Preparó y tomó su te de orégano, para la memoria, el de cáscara de zapallo para quemar las grasas y el de cedrón porque le gustaba más que todos los otros. Hizo su minuto de silencio para concentrar sus energías en los puntos necesarios y se tiró sobre el diván del lívin a ojear cualquier revista que le quitara de la cabeza su idea fija de que el tarado de su padre otra vez perdía el tiempo conversando con los pajarracos de sus amigos...
(Válgame Dios!)
¿Por qué sería tan difícil de entender, para la mayoría de la gente, que lo importante era lograr el equilibrio. Y que para lograr el equilibrio era necesario apartarse de todos los factores desequilibrantes, la política y el futbol entre otros. Comer poco, masticar bien y sobre todo respirar correctamente.
No lo lograba. No lograba del todo olvidarse (desinteresarse) de lo que se estuviera debatiendo dentro de aquellas paredes. Bien que no le interesara el tema, se lo suponía en línea con lo que en aquella misma casa, cuando en ella aun vivía su madre, había sido por años el rosario de todas la oraciones diarias. La revolución. La bendita revolución que por suerte nunca había llegado a mucho más que arruinarle a ella la infancia y parte de la adolescencia, hasta obligarle a emigrar tras las motas de aquel negro gigantezco y bailarín que por último la había abandonado tras unas pocas noches de fiesta. Otro desequilibrio. Otro más, como los que se siguieron cada vez que intentaba dar un golpe de timón sin lograr otra cosa que irse de un extremo para el otro. Rodolfo, Sebastián, el pardo Santana, el flaco Cleanto... y la época del frenesí en las arenas de Playa verde, cuando se había convensido de ser la nueva encarnación de la eterna hembra insaciable. Después... Pero nunca el equilibrio!
Apareció Manuel en procura de poner agua a calentar y preparar un mate. Margarita se conmovió. Había visto, de repente en la miráda brillosa de su hijo, aquella misma mirada de quien creía que fuera su padre.... aquella noche de llamadas en el barrio sur de Montevideo, calurosa y ferviente de libertad. ¡1986, qué año! Sólo la mirada y el tono café con leche de la piel... Porque, pobre Manuel, aun sin ser feo, nada en él pudiera nunca llamar la atención de una mujer...
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viernes, diciembre 28, 2007
452 TAL COMO HABÍA DICHO MANDINGA
Trataba de serenarse pero las ideas parecían hervir en la cabeza saltando una por encima de la otra. Todo encajaba. No iba a ser la primera vez que algún poder imperial planease hacer limpiezas étnicas sobre territorios problemáticos. Para ellos podría llegar a ser un buen negocio la sustitución o desplazamiento de una población rebelde, por otra más hedonista y conforme con los placeres que se les presentaran como posibles. ¿Qué paradoja! Que las huestes celestiales terminaran dándole la razón al Diablo con tal de neutralizar la ola de amor a la libertad que se estaba derramando sobre el mundo Y que confesión del fracaso más absoluto, para ese
Dios que solo encuentra adoración de parte de aquellos que tienen la mente esclavizada por la incapacidad de rebelión!
Recordó la narración de Abelardo 110 Escenas de la Vida Real y le dio mucha risa. No sólo el tipo se había tenido que terminar casando con un par de pájaros, sino que ahora sus seguidores terminarían siendo todos robots, ja ja. Sin duda poco respeto se tenía el propio Señor de las Alturas como para contentarse con tan poco.
En eso Ernesto se abismó en la desolación de enterarse de que seres supuestamente superiores terminaran siendo tan estúpidos como cualquier pobre humano que no haya podido asomarse más allá del propio ego. Asi que... las dimensiones adicionales y los novecientos años de vida no le agregaban nada al grosor del espíritu! Empatábamos con los dioses. Mano a mano. Y ellos lo sabían...
Ahora parecía ponerse todo más claro. Éramos semejantes, por eso a los dioses siempre les había importado tanto nuestra opinión! Claro por eso era que hacían portentos incomprensibles para mentes primitivas! Para tenernos asustados y no fuéramos ni a pensar en semejantes pecaminosas ideas. Mandinga había dicho la verdad en toda la línea! Claro que los diablos y los dioses eran de una esencia, los hombres también! Todo ser puede ser un diablo o un dios o un hombre o un marciano. Cada espíritu, El Espíritu.