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martes, septiembre 23, 2008

600. La Paz Rumorosa

Magda confirmó que aun se necesitaban maestros voluntarios.
Salieron pues, cada uno para el lugar de en que se organizaba su grupo, un trecho juntos, respirando el aire luminoso que prolongaba el pasado otoño sobre esta comunidad de gente dispuesta libremente al trabajo. A lo largo de las calles se veían personas de todas las edades, de cabeza alta y paso decidido, aunque no exento de gracia, canturreando, cuando solos, estrofas de viejas canciones populares. o bromeando en viva voz, cuando iban en grupo.
Los niños sin ningún tipo de uniforme, se veían más o menos en la misma, rumbo a sus escuelas, no queriendo llegar tarde, por no perderse un nuevo capítulo de la aventura de aprender a resolver los misterios de la existencia en común, los vericuetos del razonamiento, la práctica de la solidaridad o la oportunidad de mejorar algo entre todos.
Casi un paraíso, utopía, o como quiera llamarse, este contento generalizado que, venía a contradecir el general pensamiento de que el hombre es un ser inconformable por naturaleza. Aunque lo sea, de algún modo. Porque todos esos lugareños que transitaban las calles de Lagomar y El Bosque, como tantos millones que en el mismo momento encaraban sus tareas en común a lo largo y ancho de América Latina con alegría real, eran por cierto seres completamente inconformables, contradictorios y empecinados, pero, seres que habían aprendido a luchar contra las dificultades en vez de contra sus semejantes.
Sabían que tendrían pronto que enfrentar al enemigo más portentoso que ningún movimiento político en la tierra haya nunca tenido, al menos que se sepa. Las fuerzas del Imperio Galáctico aliadas con los alcahuetes de siempre. Pero especialmente habían comprendido que el quid de la cuestión no estaba radicado en la fuerza militar. La lucha principal se iba a librar dentro de las cabezas y dentro de los corazones. Nadie puede dominar a un pueblo que se siente libre. Quedarían los bravucones con sus garrotes al hombro, incapaces de doblegar a tantos millones. Quedarían los seductores con sus promesas de fría saliva inútil. Con sus lisonjas y sus pretextos para la traición. Solitarios, frente al terrible espejo de su propia conciencia, aquella, sí, que por muy soterrada que se encuentre, un día habrá de despertar a fuerza de desengaños.

Pero cada uno seguía siendo uno. Distinto e irrepetible. Una mirada única hacia un mundo que a cada cual se le antojaba otro, aunque con algunos elementos en común. Todos habían terminado descubriendo que el enemigo invencible era aquel se se incrusta en los más inadvertidos repliegues de la mente y desde allí susurra su canto de sirenas, ese que viene encriptado bajo las siete capas del sentido común, cuando nadie se ocupa de ponerlo en duda.

Era la paz rumorosa.

En cambio, muy distintas cosas se decían del resto del mundo. Una inexplicable sucesión de temblores y quebrantos sacudía el mundo occidental y cristiano, haciendo doler los molares a los más eminentes profesores de teoría económica, encoger el escroto a los ancianos doctores de la ley y orinarse de a chorritos a los cuatrocientos dueños del oro y las divisas. Todos sospechaban que se avecinaban otros tiempos. Pocos de ellos estaban enterados, por cierto, del fallecimiento del viejo Dios y de la inminente lucha abierta por su sucesión. En cambio, la mayoría miraba a América Latina. -América La Pobre.- Y maldecían la conducta inmoral de sus pobladores, hija de la proverbial indolencia de los indígenas, que se había continuado y aun contagiado a toda la gente que Europa enviara para ayudar, y a los millones de esclavos negros que, ¡pobres!, tuvieron que hacer el trabajo que ellos -los indígenas- se negaron. No por otra causa levantaban airadas protestas por los muchos sudacas que habían llegado en los últimos años a trabajar y comer en la mesa europea, como antaño hicieran ellos en América salvándose del hambre y de las guerras. ¡No era posible continuar recibiendo gente hambrienta y mal educada! ¡Bastante han tenido nuestra ayuda cuando les hemos enviado nuestras inversiones y nuestras empresas para darles trabajo y bienestar a costa de, apenas, destruir el doble de puestos de trabajo mal pagados y realizado con tecnologías completamente en desuso. Esas eran sus razones, las que rezongaban mientras chupaban los huesos del pollo y eructaban burbujas de bebidas efervescentes frente a las pantallas planas que tal vez no iban a poder cambiar este año por el nuevo formato Zip Out.



miércoles, marzo 21, 2007

248:¡MARKETING!

Tres días completos estuvieron haciendo vuelos de entrenamiento y ajustando detalles en cada una de las bolas. Tres días de mucha actividad por la Galería máxima donde era continuo el cruce de pequeños grupos que iban hacia una u otra bola, o que volvían de ellas, discutiendo los detalles de las maniobras efectuadas. Los más hábiles pilotos resultaron ser los más jóvenes, pero ninguno se quedó sin pilotear. Entre los hábiles, primeros los Tucus que, con ese oído tísico que tienen y esa manera de ser…hasta eran capaces de manejar la bola desde antes de subir. Y estacionarla mejor ya cuando se retiraban al tranquito hacia la jarra de macachines.

A la noche subieron a “Los Dogones” para festejar con un asado y buen vino el enorme progreso logrado. Eran propietarios de una escuadrilla de naves transdimensionales capaces de atravesar montañas, sumergirse en el mar o viajar a otros mundos, indistintamente, sin mayores esfuerzos ni gasto de energía. Por eso los brindis se sucedieron a nombre de cada una de las cosas que las bolas podían hacer. De lo que ellos podían hacer. De lo que iban… Claro, esa fue la pregunta que hizo Miguel y que dio término al jolgorio. Qué iban a hacer ahora con las bolas? La pretendida independencia la iban a conseguir transformando estos farolitos chinos en efectivas armas de guerra? O iban a huir hacia ese orificio interior cada vez que algún militarote descerebrado viniera a reprimirlos? No había noticia de ninguna guerra que se hubiera ganado huyendo! Primero el Cholo y después Manuel se inclinaron por los métodos pacíficos que no tenían por que ser la repetición del no comer con sal. Era el momento del salto cualitativo, como dijo Cholo como para justificar el abrazo que Manuel le regalaba en aprobación. Salvo que al Cholo salir a hacer piruetas sobre la playa para asombrar a la gente le parecía un recurso de publicidad traicionera si no iba acompañado de una explicación que le diera un sentido de lucha en común con toda la gente. –De acuerdo.- Le respondió Manuel. –Pero dame un poco de tiempo. Primero llamamos la atención sin decir nada. Que la gente comente, que se junte a determinadas horas para ver las bolas que andan otra vez haciendo cosas raras. Que diga que son OVNIS y venga Flavio Cerca de dar explicaciones. Que vengan todos los canales de todo el mundo. Entonces sí. Cuando les digamos que hay cosas en el cielo que están viniendo a raptar gente y a darle órdenes al gobierno para que se baje más los pantalones. ..Entonces nos van a creer

Gruesos golpes de manos interrumpieron el discurso de Manuel. Eran los que daba Mandinga del otro lado del portón de calle, de puro bromista, porque entró sin que le atendieran a mostrar su nuevo atuendo rastafari y a felicitar a Manuel por la estrategia. Las rastas le golpeaban el medio de la espalda cuando sacudía la cabeza diciendo sí, al modo del caballo en forzado trote. Porque poniéndose serio, con lo que se le estiraba un tanto la trompa, decía que sí con la palabra y con la cabeza mientras creía recordar que eso era, o algo parecido lo que Germán Oesterheld le había pedido que tratara de promover. Un levantamiento popular.

-Conozco varios lugares en América en los que se están generando movimientos similares.

_¿Tienen bolas también?

-No, pero están bastante embravecidos y a veces tienen las ideas claras.

Cholo se interesó. Preguntó por la línea ideológica de esos movimientos. Mandinga sonrió.

-A vos te va a parecer raro. Pero ya no quedan materialistas. Es el espíritu de América el que renace, el de la vieja América. Ya verán aparcer a los Tupac y los Quetzacoatl y tantos otros primos mios derrotados por la cruz, la espada y el dólar.

-¿Son movimientos religiosos?

-No…No…Ahora los dioses vamos a andar de pata en el suelo, como todos.

Sonó el celular de Giorgionne con Pepponne al habla. El gobierno ardía. Mujica, a duras penas sostenía la situación pero necesitaba tirarles algo. Por lo menos un juego de planos incompletos de la construcción de una bola ya que no un ejemplar real. Habían tenido que reponer al hombrecito gris en su cargo de investigaciones especiales de carácter estratégico, por ahora en su oficina… ¿Y la reunión, para cuando? Tenían la oportunidad de iniciar un movimiento de masas… La idea de Mujica era no cargar las tintas en lo ideológico sino en un renacimiento espiritual, en un nuevo gran entusiasmo generoso y emotivo y apenas un poquito místico. Necesitaban a alguien que encarnara esa masa emocional. Joven y optimista. Generoso y vital. Gracioso e inteligente, en fin alguien que no existe pero que así sería visto por la mayoría a poco que tenga sólo algunas de esas virtudes y se preste a funcionar dentro de un plan muy bien pensado.

Ahí tapó el celular con la palma de la mano Vittorio porque viendo el gesto torcido del Cholo, supuso el comentario. ¡Marketing!

Te llamo después le dijo.

Manuel sacudía la cabeza. Margarita parecía preocupada. El Rulo no podía ponerse más serio. Julieta miraba a Manuel. Ernesto se debatía en dudas que reflejaba quebrando los nudillos. Giorgionne parecía feliz. El Dengue hacía gestos de “que se vayan a cagar”. Magda metía su mano por debajo de la remera de Manuel y Cholo pensaba, pensaba…

Después Manuel dijo que los detalles los iban a ir viendo sobre la marcha. Que no iban a decir ninguna mentira aunque a veces fuera difícil explicar algunas cosas. Lo del punto por ejemplo. Y que lo primero era lograr un espacio donde no se metan las bolas de los ángeles ni los aviones secretos. A los políticos había que mantenerlos aparte.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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