miércoles, septiembre 21, 2011

828. La Naturaleza de la Realidad

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La flaca le hizo la cabeza al pequeño para que pensara que ese revoltijo era una comida exquisita. Total, que igual era comida sana y alimenticia aunque no tuviera un nombre en francés, ni en español, qué tanto.

A Manuel el argumento le parecía válido porque sabía que nuestros gustos son modelados por influencias externas que hace que gustemos justo de aquello que ellos nos quieren vender. Lo sabía simplemente, sin haberse puesto a pensar el por qué, ni a sospechar que algunos pudieran pensar otra cosa. La publicidad  era la forma moderna de la lisonja mentirosa. Pero la lisonja avanza, trepa y se apodera del cerebro. Siempre fue así. En este y todos los mundos conocidos. Como si existiese una a simetría, congénita al Universo, que a la postre beneficiara a los arteros sobre los sinceros, en el reparto del poder.

Sacó el carrito de las herramientas del galpón del fondo...

Que no era otro que el antiguo galponcito, ampliado por Manuel con sus brazos y piernas, un martillo y un serrucho. Una semana trabajando en los ratos libres que fueron varios.

Sólo le falta arreglar el piso, cosa que haré ni bien junte el dinero para comprar el Portland, se decía., aunque sin tomárselo demasiado en serio.

¿Qué tal?

-Un pedazo de muchacho vulgar y anodino, sin mayores pretensiones ni gusto por la responsabilidad, diría yo.

-Yo creo que no. Que el muchacho no rehuye de las responsabilidades, sino que las encara a su manera, a la manera que el cree que se deben encarar.

-¿Pero cómo puede creer que esa es forma de criar a un hijo...? No enseñándole a superarse, dándole ese ejemplo de conformismo.

-Todos queremos heredar aquello valioso que creemos tener.

-Pero es que él no tiene nada. Lo poco que tiene lo heredó de su madre. Esa casita. Que la tiene prestada en realidad.. ¡Y se la pasa jugando con su hijo en el patio!

-Eso es lo que él cree tener de bueno... Lo que quiere heredar a su hijo.

-¿Ser un irresponsable...?

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Y comenzó a pedalear en el repecho llevando en el carro unos metros de manguera porque no había en la casa, y el paquete con el choripán frío, para la pausa..

Aquella casa estaba otra vez destrozada, y esta vez sin que ellos tuvieran la culpa, pero iba a comenzar de la misma manera. Juntando la mugre más gruesa al principio, bolsas vacías de leche y ramas caídas, para después ver qué quedaba del antiguo jardín. Si se podía salvar alguna planta vieja y ver el estado de la tierra, como si fuera un agrónomo. ¡Qué chanta! Ja ja. Pero era su profesión, quieran que no. Y algo había aprendido. Más ahora que se había decidido a quedar por estas dimensiones al menos por unos años.

Otra manera de ganarse la vida no conocía ni tenía ganas de aprender, casi toda su capacidad intelectual estaba ocupada en tratar de entender algo relacionado con la naturaleza de la realidad. Un problema filosófico, se daba cuenta, aunque ignorando lo que los filósofos hubiesen dicho sobre el tema. Él no lo tenía resuelto pero, le parecía un concepto muy tramposo porque siempre vamos a percibir la realidad muy parecido a como creemos que es, por muy distinta que sea mi visión de la de los demás. Cada uno se cree cuerdo justamente por percibir la realidad de la manera correcta. La verdadera. La única manera de ver lo que tenemos delante de los ojos y se acabó! Aunque esté probado cuánto nos engañan nuestros sentidos y mucho más nuestras emociones y creencias...




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