domingo, septiembre 11, 2011

819. Hablando con el cartero.

Al otro día, a la misma hora, apareció otra vez el cartero. Carta para el señor Manuel Espartaco etc. , sin remitente ni matasellos con fecha. El cartero no supo explicar si era posible que una carta así fuera autorizada a llegar a destino, o si no. Caso en el que sería él quien diera explicaciones sobre asuntos tales como la identidad de quien le había encarado entregar  la misteriosa carta.
Algo así le dijo Manuel, pero el cartero apeló a la discreción y reserva connatural a un funcionario del Correo Nacional.
-Yo soy un cartero -dijo- con apenas exagerada dignidad -No una alcahueta de barrio.
-Si, pero igual me podés decir si esa carta vino de algún lado traída por el correo, o salió de la oficina de correo local, o te la dio alguien afuera del correo.
Que tampoco eso podía, recalcó el cartero, un poco ofuscado por tanto requerimiento.
-Se trata de información clasificada.
A esta altura Manuel decidió cambiar de estrategia. Hablar sin tapujos con el muchacho. Lo que le significaba hacerle entender que probablemente Manuel y su familia habían sido elegidos para el ejercicio de extraños placeres por una mente perversa.
No, no. Que no! Que no es que le hubieran invadido la casa y les hubiesen violado a todos. El ataque o juego perverso, estaba siendo ejecutado a través de cartas muy extrañas, como seguramente esta que haz entregado.

Manuel abrió entonces el sobre y se dispuso a leer a viva voz lo que allí decía que no era otra cosa que lo que a continuación se dice:

Manuel,
no haz llamado para darme tu opinión sobre el texto que te envié ayer. Espero que después de leer el de hoy tengas más cosas para comentar de ellos.

Javhé decidió incluir la dimensión número 7 como un canal rápido de flujo de informaciones entre las cuatro primeras y las de número mayor que cuarenta. Así lograría que el universo en el que movería a Leandro fuera capaz de cambios vertiginosos de escenario sin pérdida ninguna de coherencia. Quería que Leandro fuera un bípedo como él, muy movedizo y con órganos sensoriales eficientes dentro de la gama programada. Se lo imaginaba bastante gracioso de movimientos y capaz de procesar una cantidad considerable de hipótesis al mismo tiempo. En cuanto a los principios lógicos con los que proveería a su mente, todavía dudaba sobre cual sería la combinación más eficaz. No quería que Leandro descubriera demasiado temprano el placer del pensamiento puro, ni que se muriera sin conocerlo. También le proveía de un cuerpo bien diseñado, capaz de sus propias apetencias y placeres. Quería que Leandro explorara todas las pasibilidades llegando a conocer incluso los límites que la escasez de tiempo de trabajo había impuesto a todo el proyecto. Ese era el punto. Que Leandro llegara a conocer los límites del universo primero y los de su propia inteligencia después. Ahí, cuando comprendiera que todo su universo no era más que una oscura jaula, se redondearía la historia.
Por lo pronto sólo estaba tanteando algunas ideas.Quería encontrar el equilibrio ideal entre las dos herramientas principales conque equiparía la mente de Leandro: La razón y la intuición. Si demasiado razonable podría perecer en la primer encrucijada, paralizado por la necesidad de analizar todas las alternativas. Si demasiado intuitivo su pensamiento no pasaría de ser un recetario de lugares comunes. En cambio en armonioso equilibrio dinámico...
La intuición conque había equipado a Leandro era una modelo xr2 modificada por Arthur, su compañero de proyecto, y era capáz de vislumbrar, cuando ciertas señales se hicieran demasiado evidentes, las influencias marginales que los sucesos de las dimensiones mayores a 4 provocan en las menores. O sea sugerir de pronto al resto de la mente que los suceso visibles puedan estar determinado por lo invisible. Leandro podría construirse, tal vez, alguna suerte de religión que explicara esos indicios como la evidencia de la existencia de Dios. La necesidad o conveniencia de obedecerle. De adorarle incondicionalmente quizá.
Pero la vigorosa razón conque también había dotado a su personaje le defendería poniendo en cuestión todo aquello que se tuviera por verdadero. Por supuesto que la inteligencia no era mucha. Apenas más que aquellas conque jugábamos en clase. Con operaciones posibles solo para cuatro dimensiones de espacio-tiempo, al menos si de operaciones completas, hechas con toda la visualización de las imágenes en tiempo real, se tratara. Pero- se dijo Javhé- la obra será de interés no por el tamaño de la inteligencia sino por su interés dramático propio.
En eso creo que llevaba razón. Su personaje central, Leandro, como ya habíamos consignado, aparecía en las primeras escenas rodadas, como un simpático aborigen en cuya mirada se veía una chispa de luz.
La clásica operación consistente en hacer que el público se encariñe con el personaje que más se parece a lo que se cree ser.
Un pobre tipo que de pronto puede que llegue a demostrar su verdadera valía. Su extraordinaria valía! Su naturaleza divina...
Quedaba por delante todo el trabajo de compilación y puesta en marcha de los distinto períodos de la historia.
Pero especialmente seguía pendiente la pregunta de si Javhé lograría por fin armar un relato redondo y con todo el dramatismo necesario como para merecer la aprobación del jurado examinador.


Después de terminada la lectura Manuel interrogó la reacción del cartero. Era neutra. Según confesó se había quedado prendido de ese nombre Javhé, que le sonaba de algún lado. De todas maneras le había parecido una carta un tanto extraña pero... No necesariamente peligrosa.

-...una cosa así como... Un divague.
-¿Un divague no más?
-Sí, no le veo nada peligroso.

Manuel se revolvió.

-Puede que tengas razón. pero pueda que estés equivocado. Mirá si estás equivocado y no nos ayudas y aparecemos dentro de unos días todos muertos.
-Eh!
-¿Quién te dio la carta...?


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