domingo, septiembre 04, 2011

813 -Y además se amaban.

Comencemos entonces con un informe sucinto, es decir panorámico y sintético, sobre el par de años que aparentemente hemos perdido de la historia:
Han de saber que tenemos testimonios bastante confiables, aunque nunca seguros, como para redondear el primer período, luego de que se hiciese evidente el embarazo de Magdalena.

 Ellos permanecieron donde estaban por unos días, para luego desparecer, sin despedirse de nadie, a deambular por mundos alternativos, o esconderse en cualquiera  a dejar pasar el tiempo entre arrumacos amorosos y suspiros. No se sabe.
Se sabe con bastante certeza, en cambio, que fueron vistos, al menos en un par de juegos dimensionales, uno junto al otro, todo el tiempo deparándose besos y caricias.

Pero Ulyses nació en el Uruguay de las papeleras y el cuarto puesto en el mundial de futbol. En la misma casa, propiamente hablando, que Magda y Manuel se conocieran sexualmente. En la casa de sus padres. Lagomar Norte.
Frente al montecito de pinos.
Hace como cuatro años o más...
porque allí le conocimos cuando tenía 20 años...
¡Ahora tiene 25 !

Una barbaridá! (Como diría Juceca)

Aunque Manuel pueda tener todo el tiempo que quiera si se pone a contar las marchas y contramarchas en el tiempo que hizo mientras sus desventuras. ¿Cuál fuera la aritmética capaz de valorar como negativo el tiempo de un viaje retrogrado?

Porque toda experiencia es una experiencia sea marcha adelante o marcha atrás.
¡Y qué experiencia aquella de sentir que el corazón late antes de latir!.

Por eso...

 A Manuel se pudo atribuir una edad mental de hombre maduro. De alguien que sentó cabeza y ha perdido las fantasías adolescentes. Un hombre correcto.

Porque la conducta que mostraron en esos días, correspondió exactamente a lo que la mayoría de los vecinos esperaban de ellos: Unos muchachos felices que están esperando su primer hijo mientras trabajan para mejorar la casita y además trabajan para ganarse la vida.
Y todo por aquello que entrambos habían acordado, de tratar que el niño creciera en un ambiente normal y terráqueo, sin verse expuesto al terror de los monstruos interplanetarios o interdimensionales. Un acuerdo que podría ser discutible por supuesto, como es discutible toda maniobra para ocultar información, pero que a ellos les permitió dedicarse a generar las condiciones apropiadas para que el hijo comenzase a crecer entre padres descansados.... Porque claro! En los últimos cinco años no habían tenido demasiado tiempo, ni a veces tranquilidad, como para  dejarse relajar demasiado en el amor.
Ahora sí.
Entonces canturreaban al subir o bajar de la escalera cuando pintaban la casa de blanco otra vez y  las verjas de verde, o cortaban el pasto...
Aunque nunca pusieran esos enanitos de portland, tan lindos, pintados con pintura de puerta.
Igual.
Una estampa de la campiña alemana, aunque fuesen un par de mulatos, porque eran ¡muy trabajadores! Y limpios y prolijos... pero además...

¡Cómo se amaban!


Más de un vecino pasó por el frente con el sólo propósito de convencerse de que lo que le habían contado era cierto. Una pareja de muchachos que viven cantando y dándose besos mientras trabajan y decoran la casita en que viven. Como si fueran un par de pajaritos arreglando el nido entre gorjeos. Como si no se hubiesen enterado de que en el mundo está todo mal, y que las conductas evasivas sólo contribuyen a que el mal avance a mayor velocidad.



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