miércoles, septiembre 07, 2011

815. -VOLVERÉ

Ahora, en este preciso momento Magda y Manuel se están tomando unos mates en la cocina mientras conversan sobre el próximo primer cumpleaños de Ulyces.
Oigamos:
-... no, qué tanto joder con el pelotero si él no anda todavía muy seguro.
-...ni amiguitos tiene.
-Si... reunión de nosotros nomás con algún amigo. Julieta y el Rulo... El Cholo... Ves? Con el Cholo tengo ganas de charlar. No me queda en claro cuánto sabe este Cholo de acá, sobre las cosas que nos pasaron allá.
-Y para qué lo querés saber...? No será que tenés ganas de contarle todo...?
-Y si ya lo sabe, bueno...
-Y supongo que algunos más. ¿Cuanta plata tenemos guardada?
Bastante intrascendente pero auténtica la conversación. Bien, es que ellos habían decido hacer esa fiestita por el primer año de Ulyces, y de paso volver a conectarse con la gente de antes de los hechos.Lo que en un momento habían evitado a rajatablas, procurando no verse comprometidos a explicar las muchas incoherencias de la conversación, ahora, con más confianza, habrían de procurar,
Es que al principio se sentían como alienígenas caminando por entre los indios. No por sentirse superiores pero sí por saber un montón de cosas sobre la poca realidad de la realidad. No les salían palabras para hablar de las cosas que los demás hablaban. Sin molestarse a considerar que los cielos se pueden abrir en un instante y caer sobre nosotros todos los ángeles malignos del Universo. Sin vigilar a los cuatro vientos y de contínuo, la aparición de señales que denoten ligeras variantes anormales en la apariencia de la realidad. Por experiencia ellos sabían que de una pantalla no se pasa a la otra así de un golpe en toda la superficie. Siempre hay un punto de comienzo y otro de final. Por muy próximos que se encuentren, pues son cosas que ocurren muy rápidamente.
Iban mejorando.
Ahora querían volver a los amigos. ¿Qué puede valer una existencia sin amigos? Se dijeron ambos en algun momento. Nada. La cosa más aburrida del mundo. Se contestaron con razón. Es un hecho. Conociéndoles como les conocemos...

Pero la conversación, además, había terminado.
Manuel entregaba en ese momento el mate a la pequeña manita de Magda, pero en vez de entregárselo, dejaba caer el mate y se la tomaba para cincharle hacia sí. La manita, se entiende. Para comenzar otra vez con los besos sin preocuparse por el mate derramado en el piso.
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Hasta que se sintió el grito inconfundible de Ulyces de cuando se cae entre los pastos duros que pretende arrancar. Allá corrieron e explicarle que unas chuzas clavadas en las mejillas y la frente eran cosas de poca monta, que además ya habían pasado.
No se conformó demasiado aunque dejó de llorar jurando para sus adentros volver, y vengarse de los malditos pastos.
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