martes, septiembre 13, 2011

820. AVERIGUARÉ

El cartero se había puesto pálido y casi tembloroso al escuchar la palabra muertos. Como si estuviese viendo entonces los cadáveres del hipotético porvenir.

-Me las entregó el mismo jefe de la sucursal de correos, como un favor, y que las entregara así no más con naturalidad. Pero el jefe no creo que...
-¿como se llama?
-Se llama... Della Valle. Julio, creo... o Ricardo...

Le dejó solo y camino rumbo a donde Magda había estado escuchando.

-Julio Dellavalle, te suena?
-¿Dellavalle? No. Creo que no he conocido ninguno.

Manuel giró hacia donde había quedado el cartero, pero el cartero se había ido

_Julio Dellavalle, qué es lo que querés conmigo?- dijo Manuel entre bromas y serio, porque para sus adentros comenzaba a sospechar que se avecindaban tiempos difíciles.
Iría a averiguar quién era ese sujeto y con quienes se relacionaba.

Algunas veces nos toca interpretar papeles que nunca nos hubiéramos imaginado. Y lo hacemos. No lo hacemos mejor que los otros pero tampoco tan mal. Si te toca por ejemplo ser milico. Vos ves que los que te rodean te ven como un milico. Que esperan que te comportes como un milico. Que vos te comportes como un milico!?
Y bueno, mucha gente entiende que eso es madurar. Cuanto más facho más maduro-dicen, o podrían decir sin fueran un poco más sinceros.

Pero iba a ser en defensa propia. Sólo para averiguar si el sujeto estaba medio loco, o si en cambio estaba consideraDO alguien insocial. Las personas con muchas relaciones no logran guardar los secretos de sus vidas.-Pensó Manuel ensayando mentalmente el tono de Sherlock Holmes.
Porque además, estaba claro que si de fuerzas extraterrestres se trataba, deberían mantenerse en absoluta clandestinidad para responder a lo que todos parecían acatar, en cuanto a que esta pequeña encrucijada de dimensiones y tiempo, debe estar reservada de toda injerencia externa para que duerma la siesta de la inmovilidad y la inercia. Nacimos en una isla urania, que a fuerza de tozudez logra mantenerse al margen, de los peligros pero también de la experiencia de abrir el horizonte.

Fue al parador de Luque y se arrimó al mostrador como quien no sabe si atracar o no atracar. Estaba el viejo Luque atendiendo y con algún vinito tomado. Manuel le saludó. Y el viejito también.

-Cómo andás, Manuelito?

Manuel viendo la oportunidad decidió pasar por arriba de sus reparos y empezar a averiguar qué sabía el viejo de Dellavalle.

-¿Y desde cuando es que el jefe del correo es ese Dellavalle? don Berto
El viejo percibió el tono cómplice de la pregunta y aceptó el convite.
-Ah, el fantasma ese de las palabras cruzadas. Está loco, el hombre ese. Se cree poeta y recita sus poemas. Todos se cagan de risa...
-¿Y desde cuándo...?
-Y... desde más o menos el tiempo que lleva el Pepe de presidente...
-¿Y qué hace?
-¿Como qué hace...? Hace boludeces así como palabras cruzadas, y si hay gente que le escuche recita poemas. Que más? Lo que hace en el correo no se, pero acá hace eso.
-Y quienes le escuchan los poemas, son siempre los mismos?
-No se, qué se yo... Hay algunos que hablan con él como si no fuese loco. Don Miguel, fijate. Parece que tuviera alguna amistad con ese boludo.
-¿Don Miguel el de la farmacia del puente?
-Don Miguel.
-¿A él también le recita poemas...?
-No me acuerdo...Puede ser.

Salió de allí derecho para Giannastacio, pensando en seguir por ahí hasta cruzar el puentecito de San José de carrasco. La farmacia de don Miguel. Cuando entró sintió los nervios de golpe. Estaba allí don Miguel en persona mirándole sonriente desde el fondo. Pero cuál don Miguel de entre tantos que eran posibles con similares apariencias. Manuel estaba convencido que todo lo raro que había habido en su vida, había estado fuera de estas dimensiones. Pero debía recordar que en tiempos pasados solo intercambiaba alguna palabra con él cuando iba a visitar a su abuelo. Se habían tratado mucho más en distintos mundos paralelos.
Le extendió la mano y el hombre apenas se la tomó bajando la mirada fugazmente.
-Como te va Manuel, ya sos un hombre!¿Qué te trae por aquí?
-Quería mostrarle una carta que recibí, para pedirle una opinión.
-¿Una carta, muchacho? ¿Por que razón tendría que leer una carta tuya?
-Porque no se quien me la mandó pero si se que es un amigo suyo.

El viejo se había concentrado en las palabras de Manuel.

-¡Qué extraño, un amigo mío...! ¿Y qué dice la carta!

Manuel sacó la carta del bolsillos de atrás del vaquero y se la alcanzó.

Ni bien la desplegó el viejo dio un respingo.

-¡Esto es conocido! Ah, ya se...!

-¿Qué...?

-No, nada. Me imagino apenas.

-¿Para qué me habrá mandado esta y otra carta parecida?

-Para invitarte supongo, para interesarte.

-¿Interesarme en qué?

-En el círculo literario y metafísico de Lagomar. No lo has sentido nombrar? Nos reunimos algunas veces en el parador de Luque.

-¿Y quién les dijo que yo era poeta?

-No se. Pero no es sólo para escritores. Es para cualquiera que haya empezado a pensar con su propia cabeza. Vos sos muy inteligente. Me acuerdo cómo te metías en nuestra conversación siendo un niño.

-Dellavalle me las mandó de forma anónima.






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