viernes, octubre 19, 2007

415 Douglas Domenech

Las últimas palabras las había dicho Vittorio saliendo de su prolongado mutismo desde que había vuelto del Paraguay. No sólo había contestado eso sino que se había adelantado hacia el gris y mirándole a los ojos pareció iniciar una suerte de duelo.

-Nos estás ofreciendo traicionar a los tuyos a cambio de la libertad con el estúpido argumento de que siempre has estado de nuesta parte. Si quieres lograr esa libertad la información que nos des tendría que ser muy convincente… Por mi parte no te creo nada.

-Pongamos que me quiero reconciliar con el bando que tiene más probabilidades de salir triunfador…

Vittorio accedió a sonreír.

-Una vuelta ingeniosa. Seguí…

-Soy un profesional de muy alto nivel que no quiere ver fracasar sus ideas en manos de los ambiciosos que toman las decisiones y tratan de quedarse con los méritos cuando todo sale bien. No digo que he estado de la parte de ustedes por compartir la filosofía. Los he estudiado y he llegado a la conclusión de que a pesar de manejarse por el simple olfato, están acertando en una estrategia mucho más acertada que mis jefes. Quisiera colaborar con ustedes… desde la libertad, por supuesto.

-Seguí.

-Yo se que ustedes consideran a Dios un viejo loco y hasta cierto punto les doy la razón. Pero algo que ustedes no conocen es el grado de paranoia que caracteriza la mentalidad de todos sus segundones, Los Arcángeles, los Serafines y toda una corte de intrigantes que han crecido alcahueteando las orejas del viejo con chismes y mentiras sobre sus colegas. Si llegara a triunfar cualquiera de ellos en la guerra que se avecina, vendrán tiempos atroces de despotismo patológico y arbitrariedad contínua. No quiero trabajar para esa gente.

-¿Cuál es tu precio?

-Sólo que me escuchen…

Lo que se escuchó a continuación fue el alarido a la carrera que emitía Mandinga mientras bajaba el terraplén y corría a apresar la garganta del hombre gris entre sus dedos. Cayeron ambos enredados por el suelo entre sonidos guturales y puteadas. Chumbo y Cholo los separaron y recién entonces se enteraron de que entre los dos personajes había una larga historia de desencuentros, es decir enfrentamientos. Nicaragua, Guatemala, Haití…

-Siempre se me escapa –rezongó Mandinga antes de disponerse a explicar de quién estaba hablando.

-Ramiro Douglas Demenech, aunque a él le guste que le llamen Dow, a secas.

El Gris sentado todavía en el suelo, protestó:

-Habla mal de mí porque me agarró bronca, nada más.

-Sí, después que fumigaste miles de personas.

-Obedecía órdenes…

-Con entusiasmo.

-Vos no sabés lo que es una estructura militar organizada…¡Claro! Ellos siempre han vivido en el mayor despelote en sus casuchas de techo de paja, qué van a entender! Tampoco entienden por qué siendo tantos tienen tan poco poder!

-Lo que nunca entendieron ustedes es que de qué te sirve el poder si siempre lo tenés que estar cuidando? Mientras ustedes vigilaban las fronteras nosotros vivíamos la vida.

-Y se reprodujeron como conejos, pero como no supieron organizarse, de nada les valió.

-¿Está insinuando que nos reproducíamos para ser más para la guerra?

-Supongo que sí, porque no veo otra explicación y además los hechos me dan la razón, ustedes son impresentable e incorregibles

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
Publicar un comentario