Mostrando entradas con la etiqueta hombre ilustrado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hombre ilustrado. Mostrar todas las entradas

sábado, noviembre 01, 2008

620. ¿Rommel?

Entrecruces de palabras se empeñaban a volver con el mismo sonsonete. Rommel, Rommel, "El Zorro del Desierto" que endiabladamente insistía en representarse como la imagen del Hombre Ilustrado que había visto alguna vez en algún lado, aunque bien supiera que no, que el famoso zorro del desierto era un militar alemán que comandaba los tanques tal vez en El Alamein o en otro lugar de esos llenos de arena y trapos cubriendo las cabezas. Lo sabía bien, porque todavía recordaba aquellos números extra de Hora Cero que venían con las grandes batallas de la segunda guerra y, recordaba también, aunque dificultosamente, aquella cabeza dibujada con una gorra y grandes anteojos enmarcados en embudos de metal. Las huellas de las cremalleras de los tanques sobre la arena. Largas hileras de guiones atravesados en paralelo. La constante observación del lejano horizonte de dunas con los largavistas y la sensación de que todo debería estar extremadamente seco y caliente. Los cuerpos y las ropas, pero especialmente las chapas metálicas de los Panzers, las armas y hasta los prismáticos...
¿Por qué entonces se le representaba El Hombre Ilustrado, con sus tatuajes movedizos y enigmáticos...?
Y, especialmente, por qué no acababa de poderse ubicar en ningún lugar conocido, se sentía atado, inmovilizado y en una penumbra gris que ni le permitía saber cuanto tiempo pudiera haber pasado desde que le resonaba en la cabeza el dichoso nombre del mariscal...?

-¿Rommel?

¡Esa voz! Él la conocía... Sí, era una voz conocida la que había sonado en alguna parte de la masa de gris sin dimensiones. Había alguien allí. Cerca, aunque no pudiera verlo... ni tocarlo. Porque nada podía tocar... No, no estaba pudiendo tocar nada, ni tocarse a si mismo, los dedos entre sí, ni sentirlos... Aunque una sola cosa, sí, una cosa sabía como cierta, que era él mismo, el de siempre que pudiera recordar haber sido. Extraña cosa que se pueda ser alguien, siempre, o... desde algún momento que fuese el primer momento de esa sensación de ser quien se es... Y desde ahí en delante siempre el mismo, al menos en apariencia... Pero ahora había alguien cerca y aunque no hubiese terminado de reconocer la voz... no había duda de que había sido una voz de mujer, una voz de mujer que el conocía... La voz y... la mujer. Que terrible confusión! No tenía ninguna duda de que aquella voz era de alguien que él conocía mucho. Mucho, de todos los días, en alguna época pasada... muy pasada tal vez... ¿cuanto tiempo atrás? ¿Cuanto...? Por lo menos de una época anterior al comienzo de la época en que había comenzado a tener esa sensación de estar detenido dentro de la masa gris de la penumbra, con esa palabras recurrente en su conciencia y la imagen del hombre ilustrado que al cambiar de postura reaviva el movimiento de las historias tatuadas en sus brazos.
Pero ahora había sonado esa voz cercana y eso sólo, en sí mismo, quebraba la monotonía de todo lo último que podía recordar. Tal vez en cualquier momento se podría repetir el fenómeno y tal vez si escuchara con mayor atención podría reconocer esta vez la voz y hasta desde qué dirección llegaba... aunque... era tan difícil entender ahora, qué sentido pudiera tener la palabra dirección!

miércoles, abril 02, 2008

505, Peter Pan

-Para empezar te quiero contar que un día... alguien me llevó hasta un pueblo llamado Guichón y me mostró la casa donde vos habías vivido tu infancia...

La mandíbula de Abelardo terminó de caer.

-Conocí a una persona que se llama Bosco y que me dijo haber sido tu amigo. Tu gran amigo y compañero en eso de imaginar posibilidades fabulosas.
-Sí, Bosco...
-Él decía no saber cómo era que yo había sido llevado no sólo a tanta distancia sino a tantos años para atrás, porque era el año 1967...
-¿Pero, qué decís Manolito?!
-...En ese momento Bosco parecía tener mi edad. Mi misma edad de ese momento. 20 años.
-Tenés 22.
-Fue hace dos años...
-Pero si eso fuera así... ¿Por qué nunca me lo dijiste en estos últimos dos años?
-Yo acabo de llegar. El que vos veías era otro Manuel. El manuel de este mundo. El que ahora ha de andar metido en grandes lios sin entender que se encuentra respirando el aire de otra realidad.
-Parece una historia de "El Hombre Ilustrado", ¿cuando la inventaste...? Bueno, está bien, no te enojes. Es que todo me parece tan increíble...
-...
-Seguí, seguí Manolito.
-Bueno, al parecer quienes me raptaron y llevaron hasta allá fueron... Germán Oesterheld y... un amigo.
-¿Oesterheld? ¿Germán Oesterheld! El guionista de historietas...! ¿Sabías que yo intercambiaba correspondencia con él hasta poco antes de que lo desaparecieran?
-El mismo. El mismo que tenía la idea de fabricar una nave que dasafiara las leyes de la física... Seguro que de eso hablaban en las cartas...
-¿Cómo lo adivinaste? ¡Es cierto! Yo le comunique varias ideas audaces y el me devolvía dibujos y esquemas de funcionamiento... Un día... en una carta, se puso a divagar conque sus personajes seguramente serían seres reales de otra dimensión y que le llegaban por algun misterioso medio que no se podía imaginar pero que demostraba la posibilidad de contacto entre los mundos paralelos...
-Ves. Ves que es como te decía? Todo eso existe.

Ahora el silencio fue largo y compartido. El tórax de Abelardo se llenó involuntariamente de aire y todo él se aquietó sobre el respaldo de mimbre. No exhalaba ni dejaba de mirar a su posible nieto de la otra dimensión. Este muchachito travieso que ciertamente parecía ahora (ahora que le observaba detenidamente) un tanto más serio y preocupado de lo que nunca le hubiera visto. Una historia truculenta, la que se acababa de abrir frente a su vida después de preserbarla durante décadas de todos los posibles desvíos que su afiebrada mente le había tentado a seguir. Allí estaban todas juntas la teorías y las alucinaciones. Frente a él, encarnadas el su propio nieto, que ahora, como un Peter Pan moderno aparecía extendiendo la mano para llevarle de viaje al mundo de las posibilidades infinitas...
Apenas musitó:
-...esto es una locura...




sábado, mayo 26, 2007

308 CONSTANCIA NOTARIAL

Difícil sería decir cuanto tiempo pasó por ellos sin respiración ni pulso. Sin saliva ni sudor. Pero compenetrados igual en ese extraño contacto tan íntimo y sensible como el mejor sexo, el de ellos, de siempre, que se prolonga y aumenta poco a poco para llegar al clímax muy tarde, cuando ya las fronteras entre las personalidades han dejado de existir. Hasta era más fácil, sin cuerpo. Yendo directo a lo esencial, el contacto entre las almas. Que se reconocen en ese mundo sin luz de la única manera que se puede conocer sin posibilidad de error: Por el contacto entre las conciencias que mucho disfrutan cuando pueden dejar de estar solas dentro de esa caja de nada que sin embargo limita. Mente con mente, recorriéndose como recorren los ojos del lector las páginas de un libro o la sensibilidad auditiva llevada de la mano por Motzart. Allí estaban todas las historias sin palabras, a pura sensaciones simultáneas y un débil pensamiento que intenta inútilmente poner un nombre a cada cosa. Una etiqueta a la vida! Con sus componentes en miligramos para poder después repetirla bajo la firma de la constancia notarial. No, historias como las del Hombre Ilustrado que se ponen en movimiento involucrándonos por entero como si nadáramos bajo el agua sin necesidad de respirar. Daba gracia saber que el pobre pensamiento se había quedado atrás ya desde el principio con su libretita de anotaciones dejándoles navegar por los rápidos de la existencia con las almas desnudas del temor por el devenir constante. Y daba gusto sentirse liberado del eterno tiempo aunque siguiera pasando, pero ya no como el tic tac que nos acerca a la hora de la alarma, de la comida o de la muerte. El tiempo también se había liberado de toda esa carga de fenómenos que siempre debía estar empujando para que no se retrasaran y todo funcionase como dios manda. Aquí no había tareas. No habían cosas ni fenómenos, sólo había conciencias.
Sin embargo, en algún momento algo se abrió en el aire sobre las ruinas de Los Dogones y las rozadas luces del alba. Sobre la tierra gris sonaba un acorde de inmenso silencio para enmarcar la imposible desolación que allí reinaba. No salían humos ni olores, no había huellas de fuego, no quedaba más que un montón de escombros y tablas quebradas alrededor de un pozo central. No quedaba nada.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

Technorati Profile