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domingo, abril 12, 2009

680. Héroes de dos mundos!

Entonces fue que Manuel reconoció la razón de aquella claridad inconcreta que iluminaba desde el fondo. Era la misma de otras veces, otros encuentros con el enano fascista que habitaba sus entretelas y que ahora, seguramente, no iba a tardar en aparecer, sobre la claridad del fondo para que no le viera la cara.

-Buenas...
-¿Qué querés ahora?
-Saludarnos...
-Dale...! Sabés que me caés pesado. ¡Qué querés de mi?
-Lo de siempre... Que razonemos.
-¿Qué es lo que tendríamos que razonar? No creo que vos...
-...tengas la solución? ¿No es cierto que ibas a decir eso? Pero verás... Sí la tengo.
-¿Que sabés cómo puedo hacer para volver a mi mundo?
-Al menos tengo una buena respuesta: No volver. Es tan tenue la diferencia entre uno y otro mundo que...
-Pero no decías antes que me debía a la causa del anarquismo universal aunque me quitara todo el tiempo de mi vida?

La sombra apenas chasqueó los labios desestimando lo oído.

-Antes era antes y ahora es ahora. Hay que adaptarse. Y además... ¿Quién te impide ser anarquista de este mundo?
-¿De qué hablás...?
-Con la experiencia que haz juntado podrías ser un líder muy realista...
-¿...realista...?
-¡Vamos...! Sabemos que los anarquistas suelen ser medio poetas.
-Pero no aceptan líderes.
-Los líderes no se aceptan de esa manera. Los líderes se encienden como una llamarada que todo lo arrasa.
-Los líderes son una mierda...
-...útil. Una mierda muy útil que los liderados aprovechan para no cargar con responsabilidad ni esfuerzo intelectual.
-Ja! Mientras el otro los curra.
-¡Por supuesto! Eso está dentro de las reglas del juego.
-Ah. Así que vos querías y querés ahora que me las tire de líder para que los curre a todos?
-No lo pensaba como un propósito sino como una casualidad. Podrías despertar en tanta gente la dignidad dormida que... aunque te terminaran corriendo a patadas igual les habrías hecho un gran favor, y tu nombre pasaría a la historia.
-Me cago en la historia!
-Manuel! Podríamos ser el primer héroe en dos mundos simultáneos.
-Sí como aquellas películas que se daban en varias salas... ¡Andá a cagar!
-¿Nada te importa ya?
-Nada que vos puedas entender.
-¿Por ejemplo...?
-¿Es que acaso no lo sabés todo sobre mí? No lo sabías, no lo sabés? Entonces... Yo mando aquí. Si sos una parte de mi que no llega a saber qué es lo que quiero, entonces son una parte muy chica. Dejame de joder.
-No lo creas... Tampoco vos sabés cual es mi propósito aunque yo te repita que el beneficio de ambos. Vos no lo sabés. Porque hay una parte de vos que está bajo mi dominio y una parte de mi que te pertenece. Así han venido las cosas desde Darwin el viejo barbudo aquel del que te reías cuando niño, quién determinó de una vez para siempre que las variantes útiles a los efectos de la conservación de la especie se autoperpetuarían entre sus portadores y se transmitirían a la nueva generación. ¿Te acordás?
-¿Te fumaste un porro?
-¡Manuel...! Yo no podría ir contra tus intereses sin dañarme a mi mismo... Entendé, por favor, que no conviene nadar contra la corriente!

lunes, marzo 17, 2008

495 ENTRE LOS TRONCOS

Recostó su espalda contra el tronco de un grueso pino y, desde allí extendió la vista por toda la superficie ondulada de terreno. De tanto en tanto aparecían esos mismos montoncitos de arena que elevaban el nivel de las despeinadas pinochas. Todos pequeños, todos estrechos... En su mente se produjo de pronto un silencio blanco. No podía pensar con pensamientos comunes, aquello le desbordaba. Era tiempo de dejar fluir su otra mente, esa que no precisa de ninguna evidencia de los sentidos, aquella que tantas veces le había salvado en las peores encrucijadas... Esa que ahora también se negaba a decir presente, dejándole en el silencio del monte, tonto como un hongo, callado como un olvido, desvalido como aquél que comienza a dudar de sí mismo.
Quince minutos estuvo sin percibir más que una agrisada versión de las distantes claridades que entre los troncos de los pinos venían hacia él desde el otro lado del monte. Estaba solo. O loco. No debía abandonarse.
Se levantó y con pausados pasos, volvió hacia la casa de Ernesto dispuesto a jugar una nueva partida.

-¿Cual era ese trabajo que me quería ofrecer...?

Observó cómo los ojos de Ernesto escrutaban sus facciones en busca del loquito de un momento antes. Un cambio de expresión que parecía decir "sigámosle el juego", pero también muchas dudas. Ernesto parecía más abrasilerado, hasta en los gestos y llevaba, sin disimulo, uno de aquellos relojes que valían una fortuna... Parecía el mismo, pero, parecía otro. Le contestó. Que de jardinero. Que le había mandado llamar por Cholo para que le pusiera en condiciones el jardín del frente al que su falta de tiempo le había hecho abandonar. Le nombró las flores que quería recuperar, las que pensaba conseguir y le recomendó esa planta de pequeñas hojas, la de su madre, aquella que supuestamente descendía de otra que su padre había hecho traer desde África. A medida que seguía hablando, ya dando órdenes, como si él en algún momento hubiese aceptado ningún trato, parecía irse calmando. Vestía unas bermudas con grandes bolsillos al lado de las rodillas, ocupados con cosas y mal cerrados, sandalias de anchas correas pegadas con esos abrojos, medias a media hasta, blancas y con raquetas de tenis cruzadas en los puños. No resultaba elegante ni parecía pretenderlo. Ahora le hablaba de la paga. Cinco mil por ponerlo en orden y quinientos por mantenerlo cada mes. Ni siquiera lograba saber si pudiera ser poco o mucho. Y seguía sin saberlo cuando su voz ya estaba confirmando la operación.

-Seis y seiscientos...

Volvería con las herramientas a la tarde

lunes, octubre 29, 2007

421 EL OJO DEL HURACÁN

Abelardo no estaba muy de acuerdo con Mandinga. Protestó que diera como conocimiento positivo lo que no pasaba de ser una especulación compartida por mucha gente del otro mundo, incluso hasta cierto punto por él mismo y su amigo Germán.

-La conciencia se resiste denodadamente a ser analizada por cualquier instrumento ya sea teórico o práctico. No hace otra cosa que devolvernos nuestra estúpida cara de observadores de microbios en el microscópico.

-Porque la conciencia somos nosotros mismos…

-Pero nos devuelve nuestra actitud del momento. Como si fuera un espejo. Al ansioso le dice que la conciencia es ansiosa. Al calmo que es la calma. Al racional que es pura razón y al materialista que está compuesta de algún tipo de átomos…

-Y está bien. Refleja la conciencia de cada cual.

-¡No, nos toma del pelo! ¡Nos dice lo que ya sabemos! Lo que quisiéramos saber es qué mierda es la conciencia? Y eso no lo dice. Sólo sonríe y mira al infinito.

Manuel intervino:

-A ver abuelo…A ver si yo me fui al carajo también. Vos dijiste que con tu conciencia querías entender a toda la conciencia?

Abelardo le miró casi con rabia pero enseguida sonrió satisfecho.

-Tenés razón Manuelito, si creo que hay una conciencia que abarca a todas no puedo pretender eso a no ser que yo sea esa conciencia. ¿Pero si no existe esa conciencia total. Si todas las conciencias son iguales, al menos en importancia o poderío, en ese caso yo me pregunto qué es, cual es la esencia de la conciencia, cómo funciona…o…

-La de cada cual, que serían semejantes?

-Porque son distintas pero todas tienen la calidad de conciencia. Se trata de una pregunta muy pelotuda…ya lo se, pero no puedo expresarlo más que así: ¿Qué es la conciencia?

-¡Te entendí, por fin te entendí, abuelo! ¿Sabés las noches que me pasaba pensando en eso mismo?

-¿Vos también?

-Si me imaginaba las conciencias como bolas luminosas en la oscuridad. Pero eran seres vivos sin cuerpo ni forma! Como unos bichitos de luz que tuvieran una vitalidad bárbara.

-¿Qué tipo de vitalidad? –se apresuró a preguntar Vittorio?

-Yo no lo veía, pero yo sabía que en ellas había una gran actividad que uno se podría imaginar como mucha gente conversando, pero que en el centro, había un vacío donde no pasaba nada.

-El ojo del huracán.

-Como un silencio. En el fondo eran calladas…

-¿Y cuando veías eso?

-Era un juego que jugaba cuando se apagaba la luz.

-¿Para no sentir miedo?

Manuel se rió

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)