jueves, abril 17, 2008

515. ECONOMÍA DE ESPACIO

Y por esas cosas, fue presisamente entonces que a Manuel se se le ocurrió hacer la misma pregunta que su otra madre nunca había contestado.

-Alguna vez podrías decirme algo sobre el que fue mi padre, no? Después de todo...

Margarita pestañeó infligida por el golpe certero de la culpa. Acomodó su falda bordada de motivos paquistaníes, así como retirando migas de pan con ambas manos.

-Ya te lo he dicho, hijo... Sólo recuerdo que era grande.

En realidad ni eso le había querido confiar la otra.

-¿Grande...? Sólo grande. tenés que acordarte de alguna otra cosa. ¿Como se llamaba, qué era lo que hacía...?
Impaciente ella contestó que se debería ubicar en la situación del momento. Había ido a ver Las Llamadas con una amiga y entre tantos tamborileros vieron sobresalir a este por su tamaño...

-Me da vergüenza decírtelo pero nunca había visto un negro tan bien puesto.

Que en el entrevero del festejo y del desparramo final le volvieron a encontrar y ya fue un encuentro definitivo... que duró tres días con sus noches.

-Nunca hablamos de nuestros nombres ni mucho menos de cuestiones de trabajo.

-Nunca más lo viste?

-No. Pero quedaste vos, que tenés sus mismos ojos.... Ah, sabés que de una cosa sí me acuerdo... Que dijo ser un autentico mandinga...

Manuel se quemó la boca con el agua del primer mate que chupaba. Lagrimearon sus ojos y dijo que ya debía llevarle el brebaje a los dos viejos. Tropezó con el marco de la puerta, casi rompe el termo y llegó al galponcito en completo silencio, ausente de lo que se habían estado hablando todo el tiempo.
Ernesto ya empezaba a entender que Manuel era el nieto de Abelardo sin ser aquel que una vez Abelardo le contara que tenía una carta natal parecida a la de Buda. Es decir el mismo, aunque venido de otro mundo, y tal vez nacido en otra fecha. De un mundo paralelo a este cuyos átomos y moléculas pasan a través de nosotros sin tocarnos y sin producir siquiera accidentales reflejos de luz. (Economía de espacio)(Una broma)
Pero ya Abelardo estaba inspirado y nadie hubiese sido capaz de impedirle disgregar sobra la engañosa apariencia que nos muestran los sentidos y también nuestros criterios. Los criterios especialmente o como aquello que decía el viejo Kant y que él nunca había acertado a llamar correctamente, acerca de que nos vemos forzados a meter todo en las dos canastas de "Espacio" y "Tiempo", sin pensar siquiera que algunas cosas no son ni espacio ni tiempo y que además no sabemos qué es lo que estamos nombrando cuando pronunciamos esas palabras.

-Para la ciencia el tiempo...
-No me jodas, Miguel. La ciencia tampoco sabe lo que es el tiempo.
-En concreto, protestó Ernesto- Me decían que los espacios o mundos están todos empotrados uno dentro de otro y que Manuel...
-Manuel ha llegado desde uno de ellos.
-Sin embargo sus moléculas interactúan con las moléculas de acá... sostiene el mate sobre su mano....
-Viajó... hizo la transformación estando en un aparato muy...
-¿Se transformó?
-Lo transformaron, tal vez por accidente.
Cuando vió Manuel que Ernesto aun dudaba, entonces quiso aclararle alguna.
-Yo hoy todavía estaba confundido, cuando fui a tu casa. La entrada de esa cueva que te decía estaba allá en mi mundo... pero aquí puede no haber nada parecido.
-Ni esos animales gigantezcos...
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