lunes, septiembre 10, 2007

383 Apagá esa Porquería

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La conversación se paró en seco junto con los mugidos que… No no eran propiamente mugidos sino una especie de alarido terrorífico de Tantor cuando se clavó un tornillo de siete pulgadas en la planta de una pata! Venían de las dos consolas de sonido, derecha e izquierda, que rodeaban a los discutidores. Eran horribles de aguardentosos los alaridos y en sí mismos, cada uno una desafinación para cualquier escala musical que se pudiera inventar. Porque eran sonidos mezclados, do con do sostenido más un re medio bajo. Por Dios! Digo por Dios por no decir como él, por Mandinga, porque Mandinga se había achaparrado contra la biblioteca protegiendo con un brazo sus sensibles oídos de siete suelas.

-¡Apagá esa porquería! –le gritó groseramente a Ernesto.

Pero Ernesto estaba demasiado desconcertado mirando a su vez en la pantalla del monitor central una imagen que al ritmo de los alaridos se armaba y desarmaba de mil formas distintas, incluso algunas con parecido de rostros.

Todos lo estaban viendo y dándose cuenta de la coincidencia casi perfecta entre los cambios de esas manchas de colores en la pantalla y las distintas desentonaciones que iban haciendo esos ruidos que de pronto cesaron.

Sí.

Todo volvio a la normalidad y los tres monitores estaban otra vez en sus temas. El central, por supuesto, pantalla plana de 29 pulgadas, con el capítulo 383 de Las Bolas de Manuel, que habían estado viendo…No! Aquel era el capítulo 382 Hospedaje para Mentes y este acabo de ver que es el 383…y el título…bueno, no me acuerdo pero se que tenía signos de admiración y unas cuantas a. Como calatraba o aracalacana…Y el capítulo 382 contaba las cosas que ocurrieron hace un rato en este mismo lugar… ¿Y este qué contará?... ¿Lo que está ocurriendo en este momento o sea que estamos leyendo este texto que vemos escribirse en la pantalla?

¿Será esto el tiempo presente…? El tiempo que nos lleva pensar que estamos pensando que pensamos en el tiempo que nos lleva?

Porque nadie podía escapar del hechizo que la pantalla del monitor ejercía sobre su impávido razonamiento y su inocente imaginación. Con lo que habría que conceder a la palabras el poder mágico de materializar realidades por el sólo pronunciado de su concepto. Hágase la luz, sería un ejemplo y---encontremos una explicación racional o no para que quede establecido, al menos para esta historia, que en realidad nadie está escribiendo esta historia al mismo tiempo que transcurre o sea…dicho por lo claro, que yo tendría que estar dentro de la escena porque si no no podría escribirla en vivo y en directo. ¿Mire si va a tener la palabra un poder mágico! Mágico hubiese sido que esas manchas del monitor fuese una imagen mal transmitida del rostro de un ser que se quería comunicar con nosotros emitiendo esos terribles alaridos. Mágico sería pensar que existen las Mentes libres…

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