viernes, agosto 31, 2007

376 DE UN DÍA PARA OTRO

-Me enteré de que ustedes derribaron varias, una sobre el Río de la
Plata...un pedazo cayo junto a un bote de pescadores... Un metal extraño que no
pudieron cortar para hacer amuletos y venderlos...Liviano y fino como si fuera
de seda...

-Nuestras bolas son de cartapesta nomás... Así y todo...

-Pero ustedes son muy pocos y tienen pocas naves...¿Qué pasa si vienen con
un ataque masivo?

-Nos escondemos.

-Sí...Guerra de guerrillas...

-Además no hemos mostrado todas nuestras armas...Ni las materiales y las
inmateriales.

-¿Armas inmateriales...?

-¿No te has puesto a pensar en cual será la causa de que la revolución
marche sobre ruedas?

Mujíca mosqueó sobre un costado de su cuello como si efectivamente un
insecto estuviese molestándole. Después miró con ojos achinados al Cholo y sin
poderlo evitar llevo de costado la mirada a la figura de Manuel que estaba muy
relajado escuchando como Cholo manejaba la esgrima de las palabras. No pudo
tampoco evitar que sus ojos brillaran de una manera especial al pensar que la
pregunta del muchachito este, daba en el clavo verdadero que explicaba su súbita
decisión de seguirlo a Pepponne. El misterio de un proceso a todas luces
espontáneo de asunción de las verdades últimas del pensamiento humano en cuanto
a la estructura de la sociedad. La representación y el poder. Un par de guachos
estaban provocando el milagro que ni quinientos sabios profesores franceses ni
quinientos líderes de las guerrillas sudamericana había logrado imaginar. ¡Que
la gente espontáneamente decida en pocos días que prefiere compartir antes que
sobresalir. Fraternizar antes que competir...

-Sí...-una turbonada de juventud envejecida le vino a la cara para
obligarlo a preguntar:

-¿Qué hicieron ustedes...para lograrlo?

-Los liberamos del temor a Dios.

-Qué pavada decís, muchacho.

Giorgionne se acomodó la garganta para que vieran que también estaba allí.
Y encaró a la cara del Pepe para seguir lo que Cholo le dejaba picando para que
pateara al arco.:

-El hombre siempre tiene temor a un ser que le mira desde las alturas.
Aunque no sea religioso tiene una memoria ancestral que le hace temer y de
última obedecer antes que enfrentar a un ser tan poderoso. Prefiere volverse
servil y agachar la cabeza...Pero ahora resulta que al poderoso le ha salido un
competidor. Unos muchachos que ganan las batallas aéreas y sin pedir nada a
cambio aseguran la paz para que podamos vivir en hermandad...

-Pero de un día para el otro?

-La evidencia de los hechos es muy poderosa...

-O sea...Que el hombre era egoísta por culpa de Dios...?

-Un Dios egoísta exige egoístamente que lo adoren

-Sí.

-Que los hombres se disputen el lugar del mejor alcahuete.

-Sí...

-Que nadie quiera ser igual sino mejor que el otro...

-Un cambio de Dios...

-Nos hemos interpuesto ante el señor de las alturas. Pero no vamos a ocupar
el lugar de Dios. Es más, él mismo no es más que un impostor.

Mujica aflojó el semblante. Lo miró sonriente a Pepponne.

-¿Qué te parece Toto? ¿No suena muy marxista-leninista eso, no?












(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
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