lunes, julio 23, 2007

353 El Cogote de la Gallina

Otros se acercaron con problemas de repartos de bienes en parejas desavenidas, tenencia de hijos, deudas impagables, muelas careadas y hasta sonambulismo. A todos trataron de dar consuelo y esperanza, qué más remedio, aun sin tener vocación para ello, conmovidos por la inmediatez del dolor ajeno, llaga abierta en la carne de una humanidad desorientada, empujada día a día hacia caminos e intereses que termina por confundir con los propios.

Llegada la medianoche seguían en eso, ya terminados los chorizos con los que habían convidado a los dolientes también, que a veces los rechazaban aunque nunca al vino. Iban quedando un rato más en la rueda a medida que terminaban de oír los consejos o comentarios, pero tenían vino aun en los vasos y bastante timidez como para retirarse de golpe para volver a sus vidas y poner en práctica lo que a su manera habían entendido.

En eso comenzaron otra vez a llegar las llamadas al teléfono de Magda que había traído Dengue. Peponne al habla con novedades. Se había entrevistado con Mujica en la clandestinidad al que le había pasado ese número, ahora sin peligro de ser rastreado porque era tal el relajo en los organismos de seguridad que no quedaban aparatos de rastreo en uso. La luz se estaba restableciendo por sectores mediante acuerdos rápidamente negociados y basados provisoriamente en intercambio de servicios. El dinero dejaba de circular sustituido por algo parecido a cuentas corrientes entre las distintas comunas. El tránsito en la ciudad se reducía a ambulancias y algunos omnibuses urbanos. Los comedores comunales desbordados de gente de toda clase en ambiente festivo. Las plazas eran romerías. Los cordones de las veredas, largos asientos en primera fila para los jóvenes con sus guitarras. Desde mañana no abrían los bancos… no quedaba nada en sus interiores…. Había una llamada en espera. La llamada del Pepe.

Primero para felicitar por el éxito, nobleza obliga, de juntar de un manotón todo el manojo de los poderes dispersos, “muchachito”, como en ningún manual revolucionario hubiese aconsejado hacer, o intentar hacer, o…Claro que nadie antes había contado con tamaña arma como esas naves espaciales que…Le parecía que aun daban para mucho más si se las usaba a fondo y sistemáticamente con un plan previamente trazado. Porque… el peligro era que pudiera caer alguna en poder del enemigo que no era, ya se habrán dado cuenta, las fuerzas armadas uruguayas. A pesar de que otra vez se hablaba de movimientos golpistas, ahora pretextando el vacío de poder. Ese era uno de los puntos sobre el que no se debía perder tiempo, como viejo zorro se los decía. El poder es el poder. Exige siempre que lo ejerzas…

-¿Una dictadura?

-Llamale como quieras, muchachito. El poder está en tus manos.

Manuel sintió el fuego de la vergüenza que le recorrió de pronto todo el cuerpo y se le detuvo en la cara. Supo que era verdad esa horrible frase. Sintió la tensión de los músculos de sus manos que parecían retener algo que no querían dejar escapar, como un ladrón de gallinas que aprieta el gaznate del bicho para que no cacaree mientras él trepa el tejido de alambre tratando de meter la punta de los pies en los rombos, sin hacer ruido ni engancharse el pantalón con las puntas sueltas. No era una gallina, era el poder. El poder sentarse en una casa de gobierno y dar órdenes para que sean cumplidas, a los ministros que se vengan acercando con sonrisas simpáticas y los pelos bien peinados. A cada cual lo suyo que ellos se iban a encargar de transformar en algo que les sea útil personalmente o a algún amigo que les deberá un favor….Hasta que el poder se disgregue en muchísimos pedacitos peleándose entre ellos pero sin llegar a donde anda la gente…y todo siga como antes con el nuevo dictador que poco a poco se acostumbra a su ineptitud pero no suelta la gallina.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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