miércoles, julio 11, 2007

348 Cincuenta Ciclos

Sonó el teléfono de Ernesto. Miguel el farmacéutico conque por fin reiniciaba el contacto después del bombardeo, enterado de todo por los tucus, pero igual preocupado al no tener noticias y sobrevenir los acontecimientos en avalancha progresivamente acelerada. Había visto dos bolas maltrechas dentro de la caverna y restos irrecuperables de otras tres, pero no sabía cuantas habían logrados sobrevivir a la batalla que todo el mundo viera sobre las ruinas de Los Dogones. Ahora no podía moverse de la farmacia porque estaba llegando gente para continuar la asamblea de San José de Carrasco, pero más tarde…

-Che, habría que llamar a Vittorio.

Ernesto lo hizo y pasó el teléfono a Manuel mientras Magda llamaba a Pepponne para informaciones complementarias, Cholo hacía unos esquemas en un papel, Dengue ponía cara de no hagan ruido que estoy escuchando, Cholo le pasaba la hoja del esquema a Ernesto, cuando este ya había largado el aparatito, Magda terminaba de saludar a Pepponne, Manuel sin haberlo hecho con Vittorio, escuchaba callado lo que el otro le iba contando de la situación, rumores de golpe de estado, renuncia de Mujica y pelea de éste con Huidobro, por supuesto que no toda la gente se ha volcado hacia una ruptura con el orden anterior, pero el único barrio con mayoría partidaria de la democracia representativa era Carrasco, los demás…

-Bueno, Vittorio, nos mantenemos al habla mientras funcionen los celulares, después vas a tener que venir cuando tengamos copias de los guijarros para todos.

El esquema de Cholo tenía buenas posibilidades de éxito como método de producción de electricidad alterna en 220 volts y cincuenta ciclos por segundo. Faltaba que se pudieran agenciar de una horquilla de dos metales separados por una suficiente distancia para ser visualizados desde el interior de una bola pongamos a 8 o 10 metros. No tenían de ese tipò de material pero…Ernesto hizo un gesto con la mano para llamar al botija Tucu que hacía rato les espiaba vergonzoso desde la boca de una galería secundaria y le cuchicheó al oído –se habían enterado de la adopción definitiva del español como segunda lengua tucu- la necesidad que estaban pasando de un par de trozos de metal de no más de medio metro de largo. Taladro y mecha tenían.

-Voy a buscar unos metros de cable que vi por allá.

A la vuelta también trajo el taladro eléctrico con el cable de arrastro y la mecha puesta, justo cuando el tucucito asomaba de la galería mordiendo las dos barras de cobre lustroso que apenas si podía sostener con las mandíbulas más que con las cortas manitas mientras orgullosamente avanzaba enhiesto sobre sus patas traseras. Puf. Había que hacer los agujeros antes de que se cortara la luz. Las barras eran ideales para el uso y para el grosor de la mecha, los tornillos con tuerca para fijar los cables a los colectores, en el bolsillo de Ernesto.

Lo que contara Pepponne a Magdalena no difería demasiado de lo contado por Vittorio a Manuel con la explicación de ser informaciones que le llegaban desde Montevideo por teléfono y que Margarita ha apuntado en un cuaderno para cuando se pudieran contar.

Dengue supo de una plumada lo que intentaban hacer los otros. Vio esos gruesos cables que Ernesto fijaba a esas barras de metal y fue lo mismo que ver un par de rayos que llegaban a los metales y se metían por dentro de los cables. Querían hacer vivir algo con esa energía que iban a canalizar desde las bolas de alguna manera que él no se imaginaba…

-Todo pronto. Probá a ver qué pasa.

Cholo entró a la bola más cercana e hizo ronronear las cuerdas en un ritmo muy sereno. Luego sin prisa se puso a imaginar lo que podría ser un poderoso chorro de electrones que la unidad que formaba él más la bola iban a canalizar cada dos centésimas de segundo a cada una de las barras de metal que estaban allá adelante.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
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