sábado, julio 28, 2007

356 ¿Quién Empuja a Quién?

Se sentó en la barranca de la cañadita como quién estuviese pescando mojarras por entretenerse y no para comerlas fritas ni para encarnar otros anzuelos más grandes. Se quedó sentado viendo en la penumbra de la noche los reflejos de la superficie del agua que iban y venían en concéntricos círculos plateados, que en eso se transformaban mágicamente las lucecitas que al otro lado de la laguna mostraban las casas del vecindario ahora que había vuelto la luz. Tiró unos palitos en silenciosa parábola, que se perdieron de vista, tragados por la noche, sin caer nunca o cayendo fuera de la zona de los reflejos que hubiera mostrado un cambio en los concéntricos. Tragados por la noche esa que se adentraba en un cielo y un espacio tal vez personales de un ser ignoto que se ha negado siempre a presentarse, dejándonos a merced de cuanto mentiroso anda por esas indefinibles dimensiones. El silencio era su estilo, para dejarnos pensar en paz o para confundirnos más y lograr que al fin seamos libres aún en contra de nuestra voluntad. Un silencio que de pronto no era tal, sino sólo el resultado de nuestra incapacidad de escuchar las claras voces con que nos está siempre hablando, al pedo y por joder, ya que no ha de ignorar nuestra sordera.

Necesitaba estar con la flaca en una cama. Sólo eso podía llenar ese vacío que se agrandaba cada vez las luces engañosas de la vanidad intentaban llevarle al país de la fantasía, dónde las cosas son más alegres que en una comedia musical de holywood y más claras y distintas que una lección de geometría. Esa tierra sin dolor donde la nieve cae siempre a través de los cristales del ventanal, un poco más allá del arbolito con las guirnaldas y los leños crepitando en el hogar. La flaca era el país de la verdad, esa verdad que se construye de la nada en apariencia, más allá de la apariencia. Y que sola se pronuncia a sí misma, sin necesidad de decir nada.

Después venía el tema de su responsabilidad como ¿conductor? O..

Sintió el aguijón doloroso de saber que cualquier título o adjetivo que se prestara para designar su condición, iba a ser siempre de su desagrado. ¿Por qué la gente necesitaría a alguien para decir que lo está siguiendo cuando en realidad es ella quien lo empuja al pobre tipo hasta que se cae por la barranca.

Se rió. Supo que era inútil romperse la cabeza con esa clase de problemas. Si había una cosa que tenía ya comprendido es que nunca las cosas se te van a presentar de forma que con un poco de observación puedas estar seguro de haber comprendido cómo son las cosas. Las cosas pueden ser así, de la forma que muchos indicios te están indicando pero…al mismo tiempo, si te ponés a mirar otros indicios que también están ahí, la indicación sería la contraria, con el mismo grado de convicción. Y ese argumento ni los curas se han dado cuenta de usar para probar que Dios existe. No se puede creer que las evidencias siempre estén jugando al empate! Así vamos derecho a decir que Dios existe pero al mismo tiempo no existe, Tenemos buenos argumentos para las dos cosas y entonces esa ha de ser la verdad. Que existe pero no existe. Que no existe pero existe, tal vez en otro sistema de dimensiones que nosotros no podemos percibir, ni los del otro mundo tampoco. De dimensiones y de formas del pensamiento dentro de las cuales algo puede existir y no existir al mismo tiempo.

Uno de los palitos apareció cayendo sobre el contraste de un reflejo grande haciendo enseguida clic en el centro del círculo plateado que ya se formaba creciendo. Era una respuesta.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
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