jueves, julio 12, 2007

349 HAGASE LA LUZ

El milagro comenzó por ser una luminiscencia que rodeo la bola y que de pronto se prolongó en una lengua plana, una cinta de luz cada vez más delgada y brillante a medida que se acercaba a las barras de cobre que enseguida comenzaron a vibrar sonoramente y a ponerse al rojo. No resistieron verticales apoyadas contra la pared de arenisca. Se cayeron juntas con un gran estampido que no fue mayor porque Cholo supo a tiempo que se le estaba yendo la mano con la potencia y ya había cortado el chorro. Tampoco resistió la lamparilla que Ernesto había conectado al otro extremo de los cables.

Ernesto estimó la diferencia de potencial en 500 voltios cuando menos y esperó a que Cholo volviera para preguntarle si se animaba a mantenerla estable por debajo de los 250. Cholo reía nerviosamente mientras asentía con la cabeza. No entendía el origen de tanta electricidad porque -intentó razonar en voz alta- ese rayo portaba mucha energía que por supuesto él no había producido. Estaría en ese caso totalmente agotado, si no muerto. Las cuerdas de las bolas no hacían otra cosa que resonar, supuestamente reforzando poco a poco sus oscilaciones pero…

Magda les contó cómo Manuel había desintegrado al arcángel con un disparo semejante en singular duelo y que por eso las cohortes celestiales se habían retirado del campo de batalla con la cola entre las patas.

Mandinga salió de su bola tarareando un reggae con los auriculares puestos y las piernas queriendo bailar al tiempo que caminaban. Se destapó las orejas al ver que Cholo le hacía señas y como siempre largó su risotada divertida de cada vez que los humanos se ahogaban en un vaso de agua.

-Ya les dije que la energía nunca es el problema. Parece que ustedes han aprendido de algún prestamista avaro! Nuestras mentes son aparatos capaces de canalizar grandes cantidades de energía que sacan de…yo qué se…del universo digamos… o tal vez sea El Verdadero quien nos la regala..

Se acercó Manuel a la conversación recordando que a él lo habían colgado de un rayo de luz allá en el purgatorio. Un rayo capaz de mantenerlo en el aire pero que no logró fundirle los fusibles del cerebro. Apenas un poco de confusión y un gran mareo.

-Son los tratamientos que usan para idiotizarse entre ellos. En realidad los que los vuelve zombis es el miedo. Después de eso son obedientes pero carecen de imaginación, son lentos y todo lo quieren arreglar con más y más mortíferas oraciones.

Dengue se reía. Se reía tontamente como para sí mismo mientras hacía dibujitos con el dedo sobre el polvillo del piso.

-Los tenemos dominados…

Manuel lo corrigió.

-Bueno, tampoco tanto. No nos podemos descuidar.

-No…yo digo –continuó Dengue- porque el arma que tenemos es la libertad. Siempre vamos a encontrarle otra salida a los problemas. En cambio ellos…

Se cortó la luz. Cholo entró con la linterna otra vez a su bola y la encendió. Abrió una de aquellas ventanillas corredizas que nunca se habían usado y desde allí le dijo a Ernesto que asegurara bien las barras de cobre a uno y otro lado de un trozo de madera seca y a esta en una grieta de la pared.

Enseguida tuvieron luz pero ahora la caverna empezó a temblar de una manera extraña. No, no caía nada sobre la bóveda tan bien afirmada por los tucus. Era el piso el que temblaba y se estaba rajando.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
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