domingo, julio 08, 2007

346 HABLANDO DE ROMA...

Una hora fue suficiente. Se hundió otra vez en el interior del cerro a tiempo justo para gustar el desayuno que se estaba sirviendo en el piso de la otra bola nueva, la que habían bautizado 5 pintándole un pentágono. La otra nueva era la 6, que obviamente llevaría un hexágono, así como cada una su respectiva figura. La de Manuel por ser la uno (no la primera), lo que llevaría sería un punto.

Se habían olvidado de Mandinga también los otros, pero cuando la carcajada resonó desde la abertura de la puerta, todos lo recordaron y quisieron decirle que le iban a mantener como propia la bola en que había ya realizado varias hazañas. La número dos, que graciosamente se iba a distinguir por un signo de menos y que en otra oportunidad iba a pasar por los talleres de mantenimiento. Levantó una mano Mandinga y al modo de Alf contestó que no había problema. Se le escapó una risa y sacudió la cabeza. –Ah, estos humanos –dijo.

Oscar quiso saber por qué le llamaban Mandinga sin que pareciera ofenderse.

-Me llaman Mandinga porque ese es mi nombre. N’gur Guiñan Yusun Melquisedec Mandinga. Pero me dicen sólo Mandinga como a mi padre y a mi abuelo. Melquisedec fue un antojo de unas tías que habían andado curioseando las costumbres de los judíos y volvieron llenas de trapos transparentes y de arena dentro de las orejas.

-Así que vos sos Mandinga, nomás. Pero yo no creo en el Diablo!

-Yo tampoco, -contestó el grandote a las risas.

Manuel cortó la charla. Habían llenado el estómago y debían partir cada uno en su bola. Tenían que llegar a Montevideo y paralizarlo a fuerza de poner a prueba todos los sistemas de seguridad, pero siempre atentos por si aparecían los ángeles o algún piloto humano atrevido. A los primeros, guerra de guerrillas. A los humanos acrobacias y bromas.

Se despidieron de Oscar y partieron.

En el aire sólo se sentía algún soplido que vibraba algún trozo de cartapesta despegada. No se veía nada, pero a la vez se percibía un paisaje pleno y sereno extendiéndose por debajo, pasando lentamente, como pasaban los campos europeos en las películas de cuando con aquellos aviones de juguete y aquellos tremendos lentes los pilotos pretendían tirar tres bombas sobre una aldea que dormía semitapada por la nieve. Era igual, salvo que con luz de sol y campos verdes, algunas vacas y ninguna casita. Pero igual dormía el planeta de los humanos, su sueño de dejar pasar, que la vida es corta y hay que disfrutarla antes que se venga el fin del mundo. Coger, sí, coger pero, también no dejarse pisar la cabeza todos los días un poquito más por esos tipos que siempre dicen que van a gobernar por el pueblo y para el pueblo! Dejáme de joder!

Se imaginaba ahora que las seis bolas eran seis superbombarderos b… que bombardeaban el frente de batalla enemigo acompañado de una serie de spitfires que entrevolaban los disparos antiaéreos y se cruzaban en curvas con los otros. Todo en un estilo de pinceladas en negro, claro, y unas rayas de pluma que delineaban el borde de una ala más cercana. Toda una batalla en un dibujo! Pero no! Esto no es un juego, estaría bueno, pero…Es la patria! Parece joda pero se siente así, ese cuerpo allá debajo, de mujer que se extiende indolente…Y vos la querés…

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
Publicar un comentario en la entrada