miércoles, octubre 22, 2008

614. El Mensaje Oculto

Mandinga intercedió para explicar que había encontrado a Jesús todavía ignorante de la guerra cósmica, en medio del festival de las flores, la poesía y el rock.

-¿El rock..!
-Sí, qué tiene de raro? El rock, la birra y el porro...

Ernesto le interrumpió.

-¿Pero el señor..., es el mismo Jesús? ¿El que todos conocemos...?

Jesús largó la risa.

-No me digan que creyeron lo que de mi cuenta ese libro corregido y editado por los curas, ja ja!

Ernesto, todo colorado, sin embargo argumentó:

-Bueno, tan mal no le han pintado solo que..., allí toma vino y nada dice sobre que fume, ni que fuese poeta... o músico...
-Olvídense. -el gesto de aquella mano espantando moscas fue muy expresivo.

Magda, todavía argumentó:
-Pero si es todo mentira. ¿Por qué no volvió usted a decirlo?
-Ja ja, porque entre el viejo y las arpías de la iglesia me habrían arrancado las tripas otra vez.
-¿Entonces es cierto que lo mataron en la cruz?
-Junto a mis amigos ladrones...
-¿Era usted uno de ellos...?

Cristo chasqueó la lengua. Mandinga explicó que estaba molesto con los constantes "usted" y dirigiéndose otra vez al nazareno le instó:

-Dale, seguí.

-Nunca pude ser un verdadero ladrón, esas personas que desde chicos comprenden que es la manera mas digna de no morirse de hambre. Ladrón o bufón en la corte de los poderosos. A mi me invitaban a comer para escuchar mis palabras y sentir un nudo en las entrañas al escuchar la verdad esa que yo no les decía, que yo nunca les estaba diciendo, pero que ellos creían escuchar porque en realidad ya la conocían de antes. Era como otra clase de bufón. El contra. El que no hace reír sino avergonzarse y prometer un cambio de vida que por lo general era rápidamente olvidado. Yo les hablaba en parábolas, eso es cierto, pero no como se dice que para que nadie entendiese sino aquellos ya iniciados en mi doctrina. Les hablaba en parábolas porque ya desde esa época soñaba con ser poeta, y a veces me dejaba llevar por la cadencia de las palabras sin preocuparme mucho por lo que estuvieran entendiendo. Era muy joven y la heroica supervivencia de los humanos me llenaba el corazón de congoja. Me identificaba con ellos. Quería ser uno de ellos.
-Bueno, es mitad humano, no?
-Yo qué se...
-¿Cómo que no..., sabés...?
-Es que no lo sé... Dentro de lo que yo conozco hay muchos seres parecidos pero..., justamente al que menos me parezco es al que se supone que sería mi padre. Tengo muchas dudas... Podría ser hijo del carpintero no más, aunque él nunca haya dicho esta boca es mía.
-Pero viene quedando en pie la verdad de que predicabas para que la gente mejorara espiritualmente...
-Ni siquiera eso. Parece que no han entendido lo que antes he dicho. Mi mensaje nacía y crecía en la mente de cada cual, yo apenas pronunciaba palabras que me parecían agradables sin preocuparme por su significado.

Mandinga dejó escapar su aguda risita. Todos se acomodaron en los asientos. Manuel le preguntó si tomaba mate. Magda se ofreció para hacer tortas fritas




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