jueves, octubre 30, 2008

618. Arenas calientes

De modo que tuvieron que tomarse ellos la tarea de explicarles a dónde habían sido enviados.

-Constituimos una comunidad espiritual que vive apartada del mundo y de sus apetencias mezquinas. Aquí todos somos iguales, tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones. Nuestras vidas están orientadas hacia el conocimiento del Dios Verdadero...

Ninguno de los maquis venía con animo polemista, preferían callar las dudas que les producía esa manera de vivir y, especialmente, aquella manera de mirar a las mujeres, a cada momento, interrumpiendo el discurso, como no pudiendo apartar la vista o el pensamiento de los apretados pantalones que llevaban tanto Margarita como Magdalena. Tal vez no por los pantalones mismos, que evidentemente no conocían, sino...
Margarita se decidió a preguntar:

-¿Admiten mujeres en la comunidad?

Los cuatro quedaron fríos como losa de alabastro. El quinto, Jesús, sonrió.

-No, hasta ahora... Ustedes dos son las primeras mujeres que pisan el espacio sagrado de nuestra comunidad.

Los cuatro hicieron signos con las manos floreando en el aire mientras emitían lastimeros cánticos agudos. Jesús apoyó sus manos en dos distintos hombros y les habló en hebreo, o tal vez en arameo, griego, polaco o cualquier lengua muerta. (preferimos no transcribir) Ellos contestaron en lo mismo y con expresiones de disgusto escandaloso. La negociación parecía totalmente estancada cuando a un costado comenzaron a aparecer sucesivos guiones cortos en el aire, formando un rectángulo vertical que se llenó de pronto en tres dimensiones y color. ¡Allí estaba el otro Cristo! El entrecano. El Cristo joven gritó como acometido por una puñalada en el corazón. No quería mirarlo, no, No quería mirarse en el futuro porque gran pecado era pretender violar las leyes del Verdadero, Aquellas sagradas leyes que nos mandan a vivir la vida tal cual que si fuera una verdad, aunque la sospechemos falsa, y tengamos múltiples indicios de ello y de la relatividad del tiempo y de las oscuras energías que nos hacen separar cuando nos parecería lógico más bien juntarnos.

Todo eso y mucho más fue gritando el pobre Jesús al tiempo que trepaba la entrada oculta entre las zarzas y se ensartaba de espinas y perdía las ojotas justo cuando debía enfrentar las calientes arenas bajo los rayos del sol, hasta perderse en la distancia de los espejismos remotos sin dejar de perorar.

-Me olvidaba de decirles...-comenzó a decir el Jesús maduro- que... este podría ser un buen refugio temporario para ustedes...

Los cuatro esenios protestaron en su lengua.

Los Maquis en español también. No le había pedido asilo. Lo que querían era salvar la Federación Anarquista Latinoamericana.

-¿Anarquista...?
-Si, -Cholo se estaba impacientando- acaso esto de los esenios no es también una organización anarquista?

Cristo se comenzó a reír de un modo gracioso. Los cuatro esenios a ponerse rojos primero y bruscamente pálidos después, cuando las pupilas se les achicaron y los iris se les volvieron amarillos.

-Obedecemos al Verdadero!
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