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lunes, noviembre 10, 2008

624.Terciopelo Azul

Vinieron entonces las presumibles disculpas de una parte por interrumpir su retirada y por la otra sobre el escaso tiempo, además de que esas no fueran cosas para hablarse a la carrera sobre el pedregullo de la calle mientras el ómnibus se escapa, y el atardecer que ya se viene, con el tránsito rumoroso y lento de regreso a Montevideo por Avenida Italia y el relumbre púrpura del ocaso. Que joder. Hay horarios que se han establecido y que no se cumplen haciendo que uno se rasque los huevos cuatro horas aguantando el siseo del televisor que las enfermeras ni ven ni apagan, mientras los que tienen hora marcada no acuden y los que no, le paran a uno justo en el minuto necesario de presteza para llegar a tiempo a la parada. Que joder. Aunque con todo no diera para desestimar el pedido de ayuda de una parejita que al parecer está pasando por una situación confusa de la que habría que desbrozar verdades de mentiras al principio, y después ver lo que queda. El jueves, por ejemplo, de dos a tres, aunque la muchacha se vea tan ansiada y desamparada por la suerte del noviecito este que no parece demasiado afligido, aunque sí, pensando en segundo plano algo que estaría bueno averiguar. Sería todo por ahora y no tendría ningún sentido que siguieran caminando al costado, la muchacha, Magdalena dice, insistiendo en obtener respuestas y explicaciones sobre los supuestos falsos recuerdos que él ha elaborado durante su período de inconsciencia, a lo que el muchacho acompaña con raro gesto de la boca casi como una seña del siete bravo. Ha de estar desestimando. ¿Qué? ¿Qué puede estar desestimando entre tantas cosas que salen de la boca de ella, impelida por el deseo evidente de no dejarle ir, la puta. ... ¡Allá arranca el puto ómnibus!

No el asiento de portland de la parada no es un lugar como para evacuar una consulta profesional, al menos en sicología. Pero ahora el sujeto pretende haberse atendido con él, hace dos años, cuando los de su entorno creyeron que se estaba volviendo loco, y hasta él, porque a cada rato volaba con sus existencia a lugares remotos y hasta tiempos. Y que él, es decir yo, el licenciado Vittorio Giorgionne, que le había sido recomendado por el mismísimo Pepe Mujica, cuando le interceptó en el comité del MPP para contarle que había estado siendo perseguido por una banda de milicos torturadores incluso hasta un rato antes en aquel club de bochas de la calle Mariano Soler. Dice que evidentemente también el Pepe había llegado a opinar que estaba con faltante de jugadores en el equipo, pero que, cuando por fin le había hecho bailar las hachas celtas sobre el escritorio. ¿Acaso no lo recordaba? Él, es decir yo, aparte de abrir desmesurados ojos de asombro, había quedado convencido de que él, se refiere a sí mismo,no estaba propiamente loco sino en contacto con una realidad distinta de la cotidiana. Pero se interrumpe ahora tomándose la cabeza y preguntando, como por si acaso su sospecha fuera falsa, qué día de qué año era este en el que bajo el techito de la parada, y el rumor del tránsito, estábamos pretendiendo definir cuál de todas las posibles realidades era la verdadera. 5 del 7 del 6 le contesto como quien llena un formulario. Pobre. Pobre porque pálido se ha puesto, y tartamudo, cambiando la voz y el ritmo de la conversación. Conque en realidad la otra entrevista conmigo licenciado Vittorio Giorgionne, parece tener el nombre muy presente, se realizó hace más de dos años en la policlínica y más o menos en esta fecha. Previa llamada telefónica mía al teléfono celular de "la flaca" que él, Manuel, en aquel entonces Aquelarre le había pasado al Pepe y este a su secretario, para que contactara un sicólogo. Por supuesto que alego que no llevo ni un año trabajando en Lagomar. Replica que era lo que me estaba diciendo, que aquellos días de hace dos años venían en realidad, a ser estos mismos días, y que la entrevista que tuvo entonces, y que él me podría referir con lujo de detalles, no va a tener existencia en este mundo en que ahora respirábamos, por la sencilla razón de que estábamos hablando de mundos paralelos. Me acordé de aquella película del hombre mirando al sudeste y... debo ser sincero conmigo mismo... sentí que toda aquel conjunto de delirios mal concatenados se cubría de pronto con un manto oscuro de misterio... Apenas tuve tiempo para pararme y hacerle seña al ómnibus que venía. Al sentarme en mi mente estaba instalada la imagen de aquella hacha celta que tengo sobre el escritorio del estudio.

martes, marzo 25, 2008

497, Sobre la mesa de los tests

No pudo oscilar demasiado en el devaneo, allí se estaba asomando Vittorio con su nariz rectilínea y su incipiente calva. ¿Sería correcto preguntarle de improviso por su madre... compañera suya...? O mejor esperar a conocer con cual locura le salía el pobre...
Ya le estaba mirando con interrogación, venía hacia los vidrios, aunque serio, como si no le conociera. Trato Manuel de abrir la puerta que parecía estar trabada. Se afirmó en el mismo momento en que Vittorio alargaba sus cinco dedos para tomar el picaporte y tal vez preguntarle qué venía a hacer. Se destrabó la hoja y con entusiasmo incontenible fue la madera a golpear la mano del licenciado quién contuvo apenas una puteada.

-Venías por alguna consulta?
-Nooo...
-...
-Quiero decir que... ¿Es que no te acordás de mi?!
Vittorio tartamudeó un poco poniéndose colorado. No gustaba de reconocer que era sumamente distraído, olvidadizo y poco fisonomista.
-No se... Me resultás conocido pero no logro ubicarte.
Ahora la única duda de Manuel era el método a utilizar. Si el sistema de shock de evidencias apresuradas que no le dieran al sujeto tiempo para elaborar pretextos o... Lo que venía pensando en el camino... Darle largas al asunto para...
-Si querés pasá y me explicás qué querías decirme... Estoy desocupado en este momento...
Una vez adentro del consultorio Manuel decidió largarse al agua. No quiso sentarse y en cambio fue hasta frente de la mesa que la otra vez le había servido de base para los guijarros. Giró en redondo y se puso a hablar.
-Hace dos años vine aquí.Todos decían que estaba loco porque recordaba un viaje al pasado y a otros mundos donde los personajes de las historietas andan por la calle. Que yo mismo había sido dibujado en una tapa de Hora Cero y que el Pepe Mujica saltaba en una pata para no caer dentro de los agujeros... ¿Te acordás de las hachas celtas...? Cuando giraban para un lado y después cambiaban el sentido...?
Vittorio dudó. Caminó unos pasos e intentó encontrar algo dentro de su enorme y desprolija agenda.
-No no me apuntaste en ese libro. Me dijiste que no estaba loco y te pusiste a jugar con las piedras...Me acompañaste hasta ese lugar y cuando abrimos la puerta para salir...¿Qué paso, eh? ¿Que nos paso?
Maquinalmente Vittorio respondió como un eco.
-¿Si...qué nos pasó?
-Que nos raptaron, boludo ! ¿No te acordás...? Una nave enorme con un
salón como de cine, lleno de hileras de asientos... Una nave que no era de este mundo, llena de gente...
-Cómo te llamás...?
-...bueno. Ahora estás pensando que sí estoy loco, claro, era para ver si lograba hacerte acordar de algo, pero... Ya se que para quién no recuerda haber visto algo raro, el que lo recuerda es un loco. Un raro... Y tu profesión es de que uno se olvide de las rarezas. Sin embargo yo se cosas de tu vida que, si no te conociera, no las podría saber.
Le sopetó todo a boca de jarro sin dejar de sonreír, a pesar de que la calma de Vittorio era olímpicamente divina. Un profesional que descansaba ahora el trasero sobre la mesa de hacer los tests, mientras curtiendo la suavidad de las ondas alfa registraba el general panorama de lo que estaba escuchando. Sin perder el hilo, naturalmente, sino que el campo visual de su atención se extendía un tanto hacia los lados, aquellos detalles de la inflexión de la voz en las distintas palabras y el lenguaje postural que el sujeto venía desarrollando. Su fórmula de trabajo. O sea la de la mínima intervención, para no alterar la naturalidad de la información recibida, y, de paso para no reconocer que solía estar más perdido que Adán. Para actuar y tratar de ejercer influencia se necesitaría tener la certeza del significado de la palabra salud y de las posibles consecuencias de la mejor intervención... la menor...
-Bueno... Preguntame a ver si conozco cosas de tu vida...
-Mejor... Contame qué es lo que sabés de mi.
-Que te llamás Vittorio Giorgionne. Vittorio con dos tes, como los italianos, y Giorgionne también, que una vez me contaste que eras descendiente de un gran pintor de hace siglos.
La voz de Giorgionne fue emitida con vibración pareja y blanda. No puso objeción a la certeza de lo que había escuchado, más bien daba ánimos a continuar.
-Te tocó trabajar aquí en Lagomar porque,...bueno, no me acuerdo... aquí vine yo, cuando parecía que estaba loco... pero, claro -Manuel se sintió contrariado- Vos no te acordás de mí. Voy a contarte todo lo que no tenga que ver conmigo. A ver... Que tenés casa en Montevideo, tu mujer es escribana, que tenés un hijo casi de mi edad y que en una vitrina de tu living hay un acha celta que...
-¿Hacha celta...? -casi con piedad preguntó.
-Sí, las que giran para un lado y después para el otro... ¿La tenés todavía?
-No... Nunca he tenido una... ¿cómo son?
-Con forma de huevo, más o menos.
-¿Pero son hachas...?
-Sin filo.
-¿No se usan para cortar?
-No se para qué se usan, pero son muy antiguas... y giran para un lado y para el otro.
-?Y a vos qué te hace pensar eso...?
-Nada. Son así, aunque a uno le parezca raro. Pero son reales, existen!
-Y... cuando se le termina el giro para un lado, qué es lo que las empuja en el ocontrario?
Manuel se rió.
-Será el sentido de la justicia, del equilibrio...
-Ah... ¿tienen sentido...? ¿Conciencia...?
-Y... de alguna forma... todas las cosas tienen conciencia... me parece.