miércoles, junio 25, 2008

557. ¿Qué mundo raro!

Nadie lo dijo pero quedaba claro que las únicas dudas posibles en delante versarían sobre qué hacer con la información que se poseía. Pasar a la acción, buscando el medio de devolver a los muchachos a su mundo, como le parecía deseable a ellos, sumirse en terribles meditaciones metafísicas sobre el significado y las consecuencias de la confirmada existencia de los mundos paralelos, como se sentía inclinado a hacer Ernesto, o por fin encontrar la manera de que los habitantes de este gris pedazo del planeta, y después quién quisiera, pudiese viajar y conocer esa maravillosa nueva realidad, dónde los tristes y desolados pueden encontrarse con sus otros destinos posibles, como obvimente sentía Margarita.
Tal vez Mandinga estuviera dispuesto a venir otra vez en misión de rescate, pero -se planteaba Manuel- ¿cómo sería posible indicarle mediante un simple mensaje de texto, las coordenadas, o la cosa que fuere necesaria, para que prontamente encontrara el mundo en que habían caído? Los mundos -le seguía pareciendo- no tienen pelo ni color, todos a primera vista son iguales, cuando había sido llevado hasta aquel prostíbulo filipino del tiempo de la segunda guerra, donde Ernie Pike esperaba la nota periodística, o descansaba tomando una copa y fumando un cigarrillo, el prostíbulo era tan real como cualquier otro del mundo, el humo subía haciendo iguales volutas y apestaba del mismo modo irritante y bochornoso. Cómo decir qué mundo era, a no ser por el curioso rasgo de que a la salida de la puerta de vaivén te esperaba apenas una línea negra y después la nada. Este de ahora parecía todavía más igual... A no ser que Mandinga tuviese manera de conocer detalles muy particulares de cada uno de los posibles mundos de destino al que pudiera haber arribado la inexplicable trayectoria parabólica en la que habían sido forzados a ingresar. Suponer que pudiese tener conocimiento de en cuántos y cuales de todos esos mundos Margarita Goitiocoechea no había tenido hijos, en cuales de ellos Abelardo acababa de fallecer antes de de probar a fondo el invento de su vida, en cuales... Bueno, tampoco era mucho lo que habían averiguado. Tal vez fuese este un mundo muy particular, reconocible entre miles por algo que no existiese en otros o por carecer de algo muy común en todos...

-¿Qué tiene este mundo de raro?

Magda no pudo evitar la risa. Se daba cuenta de que otra vez habían estado pensando a dúo.

-Para ellos seguramente que nada...
-Ja, es cierto, pero... Por ejemplo... ¿Quién es el presidente de Uruguay?

Ernesto pestañeó varias veces y con aire distraído dijo: Jorge...

-¿Y allá en el mundo de ustedes? -preguntó Margarita encantada por poder ir teniendo un adelanto de lo que pronto podría conocer.

-Allá no hay más presidentes. Hace un tiempo que se estableció el anarquismo en toda América del Sur.

-¡El anarquismo...? -exclamaron a coro Ernesto y Margarita.

Magda confirmó y mirando a Manuel...

-Parece que los raros somos nosotros.
-?Y el Frente Amplio, no existe...?
-Sí, gano las últimas elecciones...
-¿Y después qué...., reformaron la constitución...?
-No... -Manuel pidió ayuda a la flaca con una mirada.
-La gente... se aburrió de la democracia representativa, de que los representantes terminaran olvidando lo que se les había ordenado hacer... lo que habían prometido cumplir...
-¿Y qué hicieron...?
-Se formaron comunas, en cada barrio, en cada pueblo...
-¿Y como se coordina todo...?
-La gente no es estúpida...
-¿Y... funciona...?
-Sí, funciona, aunque... Por supuesto hay problemas.
-¿Propiedad privada?
-De las cosas personales o familiares, de las herramientas y la vivienda mientras se la use. En realidad en cada comuna las cosas son distintas.
-Y de eso surgen los problemas...
-No, el problema son los ángeles y sus socios. El Imperio.
-¿El Imperio? ¿Qué Imperio?
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