Tocó carnicería en procura del churrasquito de docientos gramos, verdulería por las zanahorias, el repollo y de ser posible tomates. El autoservicio del chino Wong por el resto. Todo equilibrado y aquilatado según estiquiométricas proporciones que vendrían a reconstituir el mobiliario globular de la sangre y la biblioteca de catalizadores necesarios para las innúmeras reacciones bioquímicas que en delante se verían promovidas con un criterio sino estratégico, al menos táctico. No lo había dicho el facultativo pero, tal vez con su vacía mirada vuelta hacia el reloj de la pared, no otra cosa hubiera querido indicar que la existencia de una posibilidad no nula de que los tan extraños síntomas observados, escuchados, fueran apenas la consecuencia de una incipiente desnutrición. Casos así se han visto en tiempos de escasas meriendas y nulos almuerzos, cuando las pobres neuronas deben aguzar el ingenio y la imaginación, en procura de nuevas fuentes de recursos.
Llevaron, fuera de receta una caja de vino, papel higiénico y café, y llegaron a la relativa altura desde la que otra vez se divisaban los álamos en el bajo, frente a los pinares parejos y oscuros donde alguna vez, en algún tiempo y lugar, Manuel había conocido a su padre.
Todo parecía estar en su lugar salvo las hojas. Los álamos parecían arañar el cielo mendigando ropaje. Estaban en otoño. Por cierto, o tal vez ya comenzando el invierno, no. El clima y la luminosidad del aire parecían otoñales. Era el mes de abril de hacía dos años, pero en otro mundo. En éste no se habían abierto esferas huecas en el piso del baño ni había sido él raptado en una de ellas para llevarlo hasta aquel tugurio filipino de la segunda guerra, donde Ernie Pike fumaba su eterno cigarrillo mientras esperaba el desenlace de una de sus historias. Esto era el otro lado de la membrana, tabique, espejo, tramoya, que separaba las distintos planos de la misma trama. Si él habia sido llevado a otro mundo desde su casa, tal vez habría sido sustituido por otro Manuel traído desde a su vez otro mundo. Luego, en éste él había aparecido inconciente en lugar de otro que habría sido llevado... uf! Más valía no tratar de entender tan intrincado juego de sustituciones, de tiempos y de lugares. Mejor sería tomar las cosas tal cual se presentaban y esperar con calma que apareciera Mandinga a buscarle.
Fue el primero, entonces, de tres días de almuerzos puntuales, amor moderado y descanso. Tres dias otoñales dignos de la sazón de los años, cuando las frutas se muerden de a bocado tomándose el tiempo para el saboreo. Tres días sin conflictos de opiniones, en el pacto tácito de no mencionar lo innombrable, absortos como estaban cada cual en la contemplación de lo extraordinariamente parecida que puede ser una cosa a otra sin dejar de ser diferente. Una persona. Magdalena identica, no sólo en lo físico, a Magdalena. sino hasta en los más escondidos tics de su personalidad y Manuel, oh Manuel... ¿cómo podías, Manuel, haber perdido casi por entero tu memoria y adquirido otra prestada, fabricada de retazos absurdos y fantasías novelescas...?
El tercero fue jueves. Lo era de puro derecho por ser el siguiente al miercoles, el segundo, que ya había transcurrido por completo sin noticias de Mandinga, ni de ninguna otra cosa que no fuera el silencioso transcurrir del tiempo entre comidas y besos. El jueves, hoy jueves tocaba psicólogo
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sábado, noviembre 29, 2008
631. Tres Días de Otoño
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miércoles, junio 25, 2008
557. ¿Qué mundo raro!
Nadie lo dijo pero quedaba claro que las únicas dudas posibles en delante versarían sobre qué hacer con la información que se poseía. Pasar a la acción, buscando el medio de devolver a los muchachos a su mundo, como le parecía deseable a ellos, sumirse en terribles meditaciones metafísicas sobre el significado y las consecuencias de la confirmada existencia de los mundos paralelos, como se sentía inclinado a hacer Ernesto, o por fin encontrar la manera de que los habitantes de este gris pedazo del planeta, y después quién quisiera, pudiese viajar y conocer esa maravillosa nueva realidad, dónde los tristes y desolados pueden encontrarse con sus otros destinos posibles, como obvimente sentía Margarita.
Tal vez Mandinga estuviera dispuesto a venir otra vez en misión de rescate, pero -se planteaba Manuel- ¿cómo sería posible indicarle mediante un simple mensaje de texto, las coordenadas, o la cosa que fuere necesaria, para que prontamente encontrara el mundo en que habían caído? Los mundos -le seguía pareciendo- no tienen pelo ni color, todos a primera vista son iguales, cuando había sido llevado hasta aquel prostíbulo filipino del tiempo de la segunda guerra, donde Ernie Pike esperaba la nota periodística, o descansaba tomando una copa y fumando un cigarrillo, el prostíbulo era tan real como cualquier otro del mundo, el humo subía haciendo iguales volutas y apestaba del mismo modo irritante y bochornoso. Cómo decir qué mundo era, a no ser por el curioso rasgo de que a la salida de la puerta de vaivén te esperaba apenas una línea negra y después la nada. Este de ahora parecía todavía más igual... A no ser que Mandinga tuviese manera de conocer detalles muy particulares de cada uno de los posibles mundos de destino al que pudiera haber arribado la inexplicable trayectoria parabólica en la que habían sido forzados a ingresar. Suponer que pudiese tener conocimiento de en cuántos y cuales de todos esos mundos Margarita Goitiocoechea no había tenido hijos, en cuales de ellos Abelardo acababa de fallecer antes de de probar a fondo el invento de su vida, en cuales... Bueno, tampoco era mucho lo que habían averiguado. Tal vez fuese este un mundo muy particular, reconocible entre miles por algo que no existiese en otros o por carecer de algo muy común en todos...
-¿Qué tiene este mundo de raro?
Magda no pudo evitar la risa. Se daba cuenta de que otra vez habían estado pensando a dúo.
-Para ellos seguramente que nada...
-Ja, es cierto, pero... Por ejemplo... ¿Quién es el presidente de Uruguay?
Ernesto pestañeó varias veces y con aire distraído dijo: Jorge...
-¿Y allá en el mundo de ustedes? -preguntó Margarita encantada por poder ir teniendo un adelanto de lo que pronto podría conocer.
-Allá no hay más presidentes. Hace un tiempo que se estableció el anarquismo en toda América del Sur.
-¡El anarquismo...? -exclamaron a coro Ernesto y Margarita.
Magda confirmó y mirando a Manuel...
-Parece que los raros somos nosotros.
-?Y el Frente Amplio, no existe...?
-Sí, gano las últimas elecciones...
-¿Y después qué...., reformaron la constitución...?
-No... -Manuel pidió ayuda a la flaca con una mirada.
-La gente... se aburrió de la democracia representativa, de que los representantes terminaran olvidando lo que se les había ordenado hacer... lo que habían prometido cumplir...
-¿Y qué hicieron...?
-Se formaron comunas, en cada barrio, en cada pueblo...
-¿Y como se coordina todo...?
-La gente no es estúpida...
-¿Y... funciona...?
-Sí, funciona, aunque... Por supuesto hay problemas.
-¿Propiedad privada?
-De las cosas personales o familiares, de las herramientas y la vivienda mientras se la use. En realidad en cada comuna las cosas son distintas.
-Y de eso surgen los problemas...
-No, el problema son los ángeles y sus socios. El Imperio.
-¿El Imperio? ¿Qué Imperio?
Tal vez Mandinga estuviera dispuesto a venir otra vez en misión de rescate, pero -se planteaba Manuel- ¿cómo sería posible indicarle mediante un simple mensaje de texto, las coordenadas, o la cosa que fuere necesaria, para que prontamente encontrara el mundo en que habían caído? Los mundos -le seguía pareciendo- no tienen pelo ni color, todos a primera vista son iguales, cuando había sido llevado hasta aquel prostíbulo filipino del tiempo de la segunda guerra, donde Ernie Pike esperaba la nota periodística, o descansaba tomando una copa y fumando un cigarrillo, el prostíbulo era tan real como cualquier otro del mundo, el humo subía haciendo iguales volutas y apestaba del mismo modo irritante y bochornoso. Cómo decir qué mundo era, a no ser por el curioso rasgo de que a la salida de la puerta de vaivén te esperaba apenas una línea negra y después la nada. Este de ahora parecía todavía más igual... A no ser que Mandinga tuviese manera de conocer detalles muy particulares de cada uno de los posibles mundos de destino al que pudiera haber arribado la inexplicable trayectoria parabólica en la que habían sido forzados a ingresar. Suponer que pudiese tener conocimiento de en cuántos y cuales de todos esos mundos Margarita Goitiocoechea no había tenido hijos, en cuales de ellos Abelardo acababa de fallecer antes de de probar a fondo el invento de su vida, en cuales... Bueno, tampoco era mucho lo que habían averiguado. Tal vez fuese este un mundo muy particular, reconocible entre miles por algo que no existiese en otros o por carecer de algo muy común en todos...
-¿Qué tiene este mundo de raro?
Magda no pudo evitar la risa. Se daba cuenta de que otra vez habían estado pensando a dúo.
-Para ellos seguramente que nada...
-Ja, es cierto, pero... Por ejemplo... ¿Quién es el presidente de Uruguay?
Ernesto pestañeó varias veces y con aire distraído dijo: Jorge...
-¿Y allá en el mundo de ustedes? -preguntó Margarita encantada por poder ir teniendo un adelanto de lo que pronto podría conocer.
-Allá no hay más presidentes. Hace un tiempo que se estableció el anarquismo en toda América del Sur.
-¡El anarquismo...? -exclamaron a coro Ernesto y Margarita.
Magda confirmó y mirando a Manuel...
-Parece que los raros somos nosotros.
-?Y el Frente Amplio, no existe...?
-Sí, gano las últimas elecciones...
-¿Y después qué...., reformaron la constitución...?
-No... -Manuel pidió ayuda a la flaca con una mirada.
-La gente... se aburrió de la democracia representativa, de que los representantes terminaran olvidando lo que se les había ordenado hacer... lo que habían prometido cumplir...
-¿Y qué hicieron...?
-Se formaron comunas, en cada barrio, en cada pueblo...
-¿Y como se coordina todo...?
-La gente no es estúpida...
-¿Y... funciona...?
-Sí, funciona, aunque... Por supuesto hay problemas.
-¿Propiedad privada?
-De las cosas personales o familiares, de las herramientas y la vivienda mientras se la use. En realidad en cada comuna las cosas son distintas.
-Y de eso surgen los problemas...
-No, el problema son los ángeles y sus socios. El Imperio.
-¿El Imperio? ¿Qué Imperio?
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jueves, abril 03, 2008
506. Luciérnagas
xcen > de
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Cuando por fin aquel tórax comenzó a desinflarse, lo hizo bajo la forma de un largo suspiro que pareció a su vez no querer terminar mientras quedase algo de lo que había sido el anciano. Un montón de trapos arrugados sobre una silla de mimbre. Una piltrafa que sin embargo tuvo coraje restante para sollosar sus razones.
-Siempre temí que algo así me pudiera suceder... He vivido con miedo.
-¿Lo presentías...?
La respuesta fue una oscilación del cráneo en equilibrio precario sobre el devilitado cuello. Manuel quiso animarle.
-No son cosas terroríficas... Sólo que tus ideas no eran tan descabelladas.
El viejo sonrió amargamente con un sólo lado de la boca. Recuperó algo de compostura y de color, el pulso y la respiración.
-Ps. Mis ideas. Mis viejas y locas ideas que quise ocultar en el zótano tapadas por una gruesa capa de buenos deseos.... urbanidad... responsabilidad por mi hija y mi nieto que no creciera a la intemperie de un mundo... que se me ocurría peligroso...Todo al pedo. Mi hija, una vez muerta su madre, desarrolló un fuerte rechazo por mi persona, quiso conocer el mundo, se hizo hippy, fue madre soltera y... a vos te tuvimos que criar entre todos. Claro. Nunca fui un buen padre aunque me lo propusiera. Mi cabeza estaba llena de luciérnagas...
-Cada uno es como es...
-Ni un buen abuelo... Te hubiese traído a vivir conmigo, ayudarte a estudiar...
-En mi mundo fue bastante parecido pero, de todos modos, abuelo, te he querido mucho y creo que lograste enseñarme cosas importantes.
El viejo lebantó sus cansados ojos con la esperanza de que le realizaran una ilución.
-¿Qué...? ¿Qué te pude haber enseñado de importancia...?
-A no conformarme con las apariencias. Claro que yo era un niño y no tenía capacidad para esos razonamientos pero, tus palabras me siguieron acompañando por dónde anduviera y... cuando comenzó todo esto...
-...hace dos años?
-Sí, de la manera más cómica. Yo estaba cagando en el baño y leyendo una historieta de Ernie Pike, cuando en el suelo se empezaron a abrir agujeros redondos cada vez más grandes. Caí en uno de ellos que se me cerró por encima y me sacó de allí para llevarme, así como estaba , en calzoncillos, hasta un bodegón de puerto en Filipinas y el tiempo de la guerra de corea. Allí hubo un tiroteo y... bueno la cosa ya no paró.
-Te viste involucrado en la guerra?
-No, en esa no. Sería muy largo de contar... Está en Internet, si querés lo podés ver ahí.
-¿Inter...?
-Internet.
-¿Qué es eso?
-¿No lo conocés...? Eso que se transmite con las computadoras.
-¿Computadoras... ? Sí, Se habla de que tendrían un gran futuro si se simplificara el manejo de los sistemas operativos... No sabía que se estaban utilizando para archivar historias personales... y transmitirlas.
-Sí... No has sentido hablar de los ciber-café, de los ciber...?
-Ciber...nética.... La ciencia de los cerébros electrónicos...
-Uh! Bueno, abuelo, es que los mundos paralelos... no son del todo paralelos..
-Entieno. Eso es algo que en tu mundo ya es cosa normal. Bueno, contame entonces de qué se trata. Después de todo ya estoy metido en este baile.
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