miércoles, febrero 27, 2008

481 Haceme cosquillas.

Lo cierto fue que en algún momento supo que volvía a tener párpados, aunque estuvieran cerrados, que tenía espalda, apoyada sobre una cama y piernas, tapadas a medias por una sábana. Estaba acostado y a su lado descansaba otro cuerpo, más pequeño y más tibio, cuya respiración parecía llevar un ritmo entrecortado, casi propenso al sollozo.. Era Magda. Lo sabía sin necesidad de abrir los ojos, aunque los abrió de todos modos para reencontrarse con la luz y los objetos de este mundo. Parecía dormir, extrañamente derecha, con la cara mirando al techo y con desacostumbrados sutienes que amordazaban sus lindos senos redondos. Azules, como un azul más producto del humo que a lo lejos se levanta de antiguas chimeneas, que de otra cosa, los sutienes. Qué cosa extraña. ¿Por qué se los habría puesto recién llegada de estarse varias horas (o días) encerrada dentro de un punto? ¿Lo primero que habría hecho sería buscar entre las ropas que había dejado en la casa, un sutién color azul humeado , con aspecto de ser medio viejito? No recordaba haberla visto, a las manos antes, con semejantes arreos que sólo sirven para castrar el placer de la vista, o a las manos... Pero estaba toda tensa. Se le notaba en la postura de las piernas semi flexionadas. y en las manos que parecían atrapar algo sin dejarlo ser libre.

Se apiadó de aquella criatura dejada sobre su cama, indefensa y a la vez preparada para sobrellevar cualquier acecho. Su flaca compañera que ahora comenzaba a las maniobras previas a despertarse.

-MMMmmmanuel....

Él no contestó más que con su dos pulgares que tomaron posición sobre el lugar que a cada lado del torax de la Magda, era sabido que se ubicaban los botones que producían un grito desde la boca suya. El grito que siempre gritó cada vez que, hasta por equivocación rosaba sus costillas con el borde de la mano. Pero esta vez no. Aunque volvía a ejercer aquella pequeña presión sobre la parte izquierda de su torax, ella no saltaba ni gritaba!. Ella apenas entreabrió sus ojos para aspetar:

-Sabés que no me gusta!

¡La muy guacha! Se estaba queriendo hacer la estrecha para que él la despertara con otra clase de arrumacos como los de la última vez. Habían estado buenos, los arrumacos que después se habían vuelto mutuos...
Volvió a presionar los pulgares sobre la piel y entonces la flaca se levantó de un gope, se enrolló con la sábana para ocultar su desnudes de pubis y se retiró de la habitación puteando protestas porque no la dejaban dormir.
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