jueves, febrero 14, 2008

473 ATRAPADOS SIN SALIDA

Todos comprendían que Satanás les había puesto entre la espada y la pared. No creían en su amistosa generosidad, más bien les había asqueado bastante la doble apariencia de sus palabras y el retorcimiento del modo de presentarlas. No era un aliado de la humanidad que les estuviera defendiendo de los poderes celestiales. Satán estaba peleando su guerra. Su vieja guerra, cada vez con nuevos aliados, a los que, por lo que se veía, no acostumbraba a tratar con demasiado respeto. La falta de una amenaza explícita no daba ninguna garantía, pero... por supuesto, ninguno de los presentas, se sentía dispuesto a entregar a Mandinga y sólo la mayor de las Bronté era propensa a las negociaciones.

Por si quedaba alguna duda, Mandinga expuso la cruda realidad.

-Es perfectamente capaz de atacarles si no cumplen con su pedido. Hemos de fingir que no han logrado apresarme.

Manuel se rió. Le resultaba evidente que apresar a Mandinga no hubiese sido poca cosa, ya que era capaz de meterse dentro del punto aun sin la ayuda de una bola. El lo había visto hacer eso, derribarse para adentro y desaparecer con el saludo de que se iba para Honduras o El Salvador. Lo recordaba y ahora sentía por primera vez la sensación de que era un tipo digno de confianza.

-Pero igual... A mí no me gustaría pedirle disculpas a ese arrogante....

La conversación se vio perturbada por aquel tono verde turquesa que de pronto iba corriendo por la atmósfera de la cueva. Se estaba derramando como una tinta de luz que llegaba ya hasta buena parte de las paredes tiñéndolas de indefinibles matices iridiscentes, y al mismo tiempo resaltando la aspereza de las paredes de arenisca. ¡Una luz que avanzaba por el aire en cámara lenta y acababa de pintar una mejilla del Dengue, del pobre Dengue que, no tuvo otra reacción que la de cuando le picaba un mosquito. Un cachetazo sobre su propia cara.

Se tiraron todos al suelo menos Mandinga quien serenamente les habló diciendo lo que ya estaban sospechando. Que no debían dejarse dominar por el temor. Que recordaran aquello de que naides es más que naides, que donde las dan las toman y que el temor es el primer aliado del enemigo.

-Están haciendo un reconocimiento del terreno. Crean un holograma de todo lo que aquí se encuentra. Por el momento no harán otra cosa que determinar los puntos donde sus armas producirían mayores daños...

-Qué clase de luz es esa...? -Preguntó Ernesto.

-La luz es emitida por los átomos del aire cuando se ven obligados a vibrar en esta combinación de frecuencias.

-¿Obligados...?

-Sí, Satanás sabe alterar algunos parámetros...Es decir... algunas leyes físicas, aunque por breves períodos y pequeñas localizaciones...

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