jueves, junio 29, 2006

16 - Con El Pepe Mujica

Tampoco ahora pasó mucho tiempo solo. Ni media hora, A lo sumo tres cuartos de hora escasos habrían pasado cuando otra vez se abrió la puerta y apareció un viejo narigón y feo que muy confianzudo se fue derecho a los bancos a enderezar la tabla de un asiento y sentarse. Buenas buenas –dijo primero, para agregar una vez sentado- Vení muchachito, vamos a conversar un poco.- ¿Sería el juez?- Decime, a ver, en qué andás? Contame algo.-Le resultaba conocido. Hasta la voz le era familiar, pero él no conocía ningún juez y menos de Fray Bentos…Parecía el Pepe! ¡Era el Pepe, el Pepe Mujica en persona!
-¿Vos sos el Pepe, verdad?
-El mismo que viste y calza.
-¿Y qué hacés aquí?
-Y…con el quilombo que vos armaste, cuando me enteré que sos uruguayo y como andaba por aquí cerca…
Manuel se fue acercando mientras intentaba explicarle que él no había armado ningún quilombo sino que los otros lo habían armado y que…
-Vení sentate aquí que nos vamos a escuchar mejor cara a cara. Así que vos decís que así como andás disfrazado, igual que los otros, recibiendo las felicitaciones de Kirchner y saliendo en la televisión argentina como un héroe, ¡no tenés nada que ver!
-Es que yo no entendía por qué me festejaban. Creía que era porque había salido en Hora Cero.
-¿Hora Cero, de qué estás hablando?
-¿No sabés lo que es Hora Cero? Es lo más grande que hay en historietas. Tendrías que conocerla, es de tu tiempo.
-Si es de mi tiempo, ¿cómo es que saliste ahí?
-Porque ahora salió de nuevo y como se enteraron, no sé cómo se habrán enterado, de que a mi me habían pasado unas cosas raras…
-¿Qué cosas raras te han pasado?
-Y…No, mejor no te cuento lo que me pasó, porque cada vez que lo cuento o no me creen o se arma lío.
-Lo que yo sé es que formabas parte de un grupo que quisieron pasar el puente con cuentos chinos y que…¿Qué venían a hacer?
-No, yo no andaba con ellos. Ellos dijeron de pasar y como yo no tenía plata y quería volver a Lagomar…
-Así que para que te trajeran gratis te pusiste ese disfraz de Adán en calzoncillos, igual que ellos y te tiznaste la cara como en las trincheras y…¡Muchachito, muchachito!
-No Pepe, fueron ellos los que se disfrazaron como yo. Yo andaba así porque…perdí la ropa y esto no es tizne es tinta de imprenta que arriba se le pegó la tierra de la alfombra.
-¿Alfombra?
-Sí, los milicos me detuvieron por andar en bolas pero después un coso por teléfono les dijo que me sacaran de la comisaría sin que nadie me viera y ellos me enrollaron en la alfombra y me tiraron en un camión que iba para Gualeguaychú, entonces…
-¡La pipeta! Y como hago yo…ahora…para creerte? Lo que me contás suena…sí, suena a historieta…Pero, si yo te pudiera creer…No digo que te podría liberar…pero. A ver si me podés decir algo que…Por ejemplo algo que yo pueda llamar por teléfono con alguien y que esa persona me pueda decir que sí…
En ese momento se empezaron a abrir burbujas de nada por todo el piso del primero “C” de la escuela número 37 de Fray Bentos. El Pepe, en el primer momento no lo vio y siguió hablando tranquilo, levantando de vez en cuando la mirada hacia Manuel para ver si descubría algo raro en su expresión. Pero lo que Manuel ya tenía alterado eran los pelos de la nuca que se le habían parado. Y los de los brazos…En ese momento estaba viendo un agujero prolijito, del tamaño de una pelota de fútbol en el asiento, al lado del Pepe. Quiso rajar, pero el tiempo apenas le dio para advertirle al Pepe.
-Cuidado Pepe, ¡las bolas!
Ya iba cayendo en un agujero enorme que enseguida se cerró por encima dejándalo enjaulado con la cara contra la superficie aquella como de papel o de rafia que otra vez le dejaba ver borrosamente hacia fuera. Fueron escasos segundos. El Pepe saltaba de su asiento con sus pocos pelos parados y levantaba las patas para no pisar los agujeros que se abrían por todos lados. Después todo se puso oscuro y silencioso por un rato, al cabo del cual, poco a poco empezaron a aparecer imágenes sobre la pared del globo. Reconoció entre ellas la del narigón aquel del principio con su cigarrillo y su solapa levantada, era…era…¡Ernie Pike! Que ahora escribía a máquina bajo una lámpara colgante, de esas de sombrero chino. Ernie Pike el cronista de guerra…personaje de Oester…Oesterheld!
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