lunes, junio 19, 2006

3 - La Puerta de Vaivén

Cuando Manuel volvió a atravesar la puerta de vaivén quedó parado justo en la línea que era lo último. Para adelante no había más nada. Pero nada, nada ¡Nada! Mirá si daba un paso más! Aquello era como mirarse uno mismo a los ojos. Le corrió un frío por el cuerpo de sólo pensar en que podría haber dado ese mal paso y pffffit…Pero no lo había dado y allí seguía estando, apenas haciendo un precario equilibrio sobre esa línea, porque retroceder significaba progresar hacia la balacera…¿Y no era eso lo que queríamos, verdad? Era fácil de ver que entre las balas y la nada uno siempre va a preferir la nada, las balas, la…¡Pero, por qué mierda no hay nada en este lugar! – gritó. Y siguió diciendo, ahora ya más bajo como en una especie de rezongo, lamento quejumbroso y casi lloroso: -Habiendo tantas cosas por todos lados amontonadas y a veces molestando en el camino…- En ese momento desde sus espaldas apareció un señor medio gordito y bastante mal educado que a la voz de “Permiso, permiso, eh don, no se me quede en el camino, no ve que molesta!?” y un fuerte empujón a Manuel, se zambullo en la nada desapareciendo pero dejando ver a Manuel, en medio de sus estertores de pánico, una especie de tajitos o hendiduras que se formaron en la nada para arriba y para abajo, cuando pasaron por ella los miembros y la cabeza del gordito. Y pensó. Sí Manuel pensó, haciendo oídos sordos a las risas y las burlas, que cómo podía ser que la nada se rajara y dejara pasar tranquilamente a ese gordo pelotudo para el otro lado. ¡¿Otro lado?! La nada no podía tener otro lado! Así que esa no era la nada! Y el podía salir de arriba de esa puta línea que le estaba cortando las patas…Tiró primero la Hora Cero y como vio que no pasaba nada raro, agarró y se tiró él.
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