lunes, junio 19, 2006

8 - No Quiere el Alta

Manuel trata de evitar el alta

No sólo le estaba metiendo ojo a su entrepierna sino que ahora le iba acercando el dedo índice muy derecho para el mismo lugar. Extraño parecía, porque qué podría tener que hacer un dedo en sus pelotas, o…? ¡Pero se detuvo! El dedo, se detuvo, pero la cabeza del tipo se seguía acercando hasta que para Manuel, desde su perspectiva horizontal, ya no era más que una parva de pelos, metida allá, justo. El por ahora no sentía nada a no ser unos cuchicheos que parecían venir de allí. ¿Estaría el tipo hablándole a sus pelotas? No, y Manuel todavía nada podía hacer, de nada le podía acusar mientras no hubiera algún contacto carnal o labial, que escapara a todo el protocolo terapéutico, así que… Pero ahora se volvía a levantar la cabeza y se venía para arriba sobrevolando su tórax y volviéndose la situación bastante más normal en lo que debe ser la relación médico-paciente…O médico medio loco-paciente porque ahora quedaba mirándole a las risas y parecía que los labios se le estaban hinchando como a las embarazadas. Ah, este era UN SICÓPATA MEDICO FALSO DISFRASADO que lo miraba embelezado, derretido marica, a los ojos y ruborizado como adolescente en celo…¡Mierda! Si lo único que tenía que hacer era examinarlo y si acaso darle el alta y chau y no venir a derretirse encima de su cuerpo desnudo y babearle el pecho con las babas que se le caen! Pero hubo de pronto un tic y un carraspeo y el tipo volvió entonces a ser el médico de antes que ahora, con una profunda voz profesional le estaba diciendo algo. Diciéndole que no encontraron ningún hueso roto, que cada cosa estaba en su lugar y funcionando y que si sentía dolores eso no era de extrañar después de tal golpazo y que se le iban a ir solos. Agregó entonces el tipo que le dejaría por unas horas más y que si al cabo no aparecía ninguna complicación le darían el alta. –Manuel, Manuel- le dijo una voz- MANUEL HAY QUE GANAR TIEMPO TODAVIA ALTA NO, NO ESTAMOS PREPARADOS- Ay! –gritó entonces Manuel con todas sus fuerzas mientras su cuerpo se levantaba por el medio formando un arco de triunfo, apoyado en los talones y la nuca en precipitado ataque de dolor en la columna que le estaba acuchillando por rotura brusca de la médula con pronóstico de parálisis general progresiva e irreversible para nunca jamás. El medico preguntó qué le pasaba, y Manuel sólo ay ay ay le miraba de reojo para ver si le veía las manos que bajo el arco estaban señalando desesperadas el lugar y centro de su desgracia. Por fin el tipo se avivó y se iba ya agachando para ver, que nada iba a ver por supuesto porque sabido es que el dolor ajeno no se ve, cuando Manuel separa el brazo del lugar y el tipo descubre el hueco del sobaco de Manuel y…se taró otra vez! Se fue al carajo, vuelto a la sonrisa adolescente puberosa y babeante, en vez de examinar la zona dorsal baja, cintura trasera digamos, se desvía hacia la axila y allí, casi rozando con la nariz los pelos del sobaco, se queda y empieza otra vez con los cuchicheos. Pero claro, a Manuel, que en su esfuerza actoral se le había ido la mano con la tensión de los músculos para lograr tan incómoda posición, se le empezaron a…Ah, y la puta que le venía! Que le estaba por venir un…Y le vino nomás el calambre en esos músculos de los cachetes del culo y en los de la pierna del mismo lado…! Tuvo que abandonar el arco de triunfo y tirarse de costado para agarrase la pierna, justo en el momento en que el tipo decía como un idiota “Es Misterix” y llegaba el rodillazo de Manuel a sus costillas y lo largaba contra la otra cama. Manuel se hizo un ovillo de dolor olvidando el consejo de estirar los miembros anudados. Y desde el dolor fue que escucho las palabras del médico que se incorporaba ahora con bruta cara de culo, quien le conminaba a abandonar aquella cama que se necesitaba para otro paciente más importante. Por supuesto, Manuel protestó la decisión, alegando que no tenía ropas para salir a la calle, que el hospital debería hacerse cargo del problema porque habían sido los enfermeros quienes desecharan sus ropas en el lugar del accidente por el motivo evidente de salvar la entereza de su cuerpo que era lo más importante. El médico sólo dijo pscht y se retiró.
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