viernes, junio 23, 2006

10- Manuel mastica algo

Lo primero que hizo Manuel fue recorrer el cuartito donde lo habían dejado, otra vez en calzoncillos, haciendo esfuerzos para adaptar la vista a la penumbra y la nariz al fuerte olor a orín de gato. Era una pieza pequeña, no propiamente una celda o calabozo. La poca luz que entraba venía de arriba, de una banderola que, como no habían muebles ni algún otro objeto, era de todos modos inaccesible. Tres pasos largos por dos cortos. Apenas daba para estirarse en el suelo. Eso comprobó Manuel antes de sentarse contra la pared, de frente a la puerta, con la esperanza de que ésta se abriera y viniese alguien a decir que todo no había sido más que un error. Que en realidad lo suyo no alcanzaba a ser un delito y que quedaba en libertad. Ese pensamiento le trajo la suficiente calma como para poder descansar la cabeza sobre las rodillas, observar compadecido el lamentable estado de sus patas y poco a poco quedar dormido.
Lo despertó un fuerte retorcijón del estómago que le recordaba que existía una buena cosa que se llama comida y que él tenía mucha necesidad de ella. Se levantó y fue hasta la mirilla de la puerta a gritar su hambre. Los gritos hicieron eco por largos y vacíos pasillos, muriendo poco a poco sin respuesta y él volvió a su rincón a arrollarse ahora también con frío. En eso estaba, diciéndose NO TENGO HAMBRE, NO TENGO FRIO, cuando sintió que por el pasillo avanzaban un par de voces y el doble se zapatos.”Sí, ha de ser él.” “Ha de ser…” Repetían. Los ruidos se detuvieron frente a la puerta y por la mirilla asomaron un par de ojos de losa, sanguinolentos y apáticos. Una voz preguntó:
--¿Vos sos Manuel?
 --Sí, Manuel.
--¿Usas calzoncillos amarillos?
-- Sí, amarillos, aunque…
--¡Es él…! Hay una persona en el teléfono para vos.
-- En el teléfono?-
Abrieron la puerta. --¡Vamos!-- Lo llevaron otra vez a la entrada, pero una vez ahí le introdujeron por un hueco debajo de la escalera hasta una oficina donde habían varios monos y dos milicos bigotudos que se estaban alisando los dichos bigotes en tiempos desacompasados. Uno de ellos hizo señas al flaco-oficinista que tendía un tubo hacia Manuel. Pará, hay que advertirle que…Mirá, Manuel que te vamos a dejar hablar pero no digas ninguna pavada, estamos? ¿Pavada?- Preguntó Manuel pero el otro hizo tales aspavientos que entendió que debía callarse y tomar el tubo.- Hola, hola. No hay nadie…! De pronto sonó en el aparato una voz importante:
--¿ES USTED MANUEL?
– Sí, por qué me lo pregunta?
--POR NADA, USA USTED CALZONCILLOS AMARILLOS?
-- Sí, señor, los que me regaló la…
-LE VOY A PASAR CON UNA PERSONA QUE LE VA A HACER UNAS PREGUNTAS MUY IMPORTANTES-
(Ahora Apareció otra voz)
–Hola, hablo con Manuel?
- Sí, van como veinte veces que me preguntan lo mismo!
- Por favor, contésteme sólo sí o no.
 –Si o no.
-- No cuando le pregunte, digo.
-- Bueno, pregunte entonces..
.-Quiero que me diga cómo llegó hasta aquí.
-- No puedo.
-- ¿Alguien le impide responder?
-- No, no puedo contestar a eso con un sí o con un no.
-- Esta bien! Conteste como quiera.
-- Bueno hasta aquí me trajeron.
-- Lo trajeron, ¿de qué modo lo trajeron?
-- Detenido, fue ese que le dicen Gonzalito el Yoruba el que me detuvo por…ruidos molestos, o algo así.
-- ¡No! Le pregunto cómo llegó a la Argentina.
-- Ah eso es más fácil. Me arrastró una tira de papel cuando por disparar de la balacera me tiré al vacío por no poder aguantar más la línea que me estaba cortando las patas…
--Ah sí? Y dígame, ¿Dónde leyó esa historia, en Hora Cero?
--No que voy a leer.
--Pero usted lee revistas, no es así?
-- Sí leo cuando voy al baño porque la…
- Bueno entonces le voy a hacer una última pregunta sobre algo que no salió publicado. Escúcheme…¿Qué estaba haciendo antes de caerse en el agujero redondo?
-- Mire, aunque aquí me han advertido de que no hablara pavadas, la verdad es que yo estaba tranquilamente cagando cuando…
-- ¡ES EL, LO ENCONTRAMOS!-
La voz retumbó por quilómetros de cables coaxiales, rebotó en millones de bornes y de chipes y auriculares clandestinos y subió y bajó mil veces a la antenas de los satélites y las cajas negras y los mercados negros y se enteraron de pronto muchas gentes que nada querían saber con tales cosas y fue borrada de los archivos aleatorios y regravada por porfiados agentes de la KGV y publicada en varios blogs de creciente difusión y…
Todos los teléfonos de la oficina comenzaron a sonar sus solapados timbres con una vehemencia desacostumbrada, haciendo saltar sobre sus talones a los dos bigotudos que como par de gemelos a cuerda estiraron sus brazos, demasiado largos o demasiado torpes para tales oficios, para tomar cada uno el tubo más lejano y enredar los cables y mostrar sus pulseras de oro y sus relojes Rolex y sus anillos hundidos entre la carne tierna y pálida y perfumada de aromas exóticos y… -Sí, señor! Sí, señor. Así se hará, señor. Cómo no señor. Afirmativo, señor!- Colgaron mal ambos tubos y pálidos y reducidos a un montón se trapos sin contenido, respiraron. –INFFLAAAHH! –Y se fueron hinchando otra vez hasta casi el tamaño anterior, para entonces sí articular las palabras que instrumentaban el plan de acción de emergencia mientras ellos salían en procura de instrumentos tácticos. –Vamos a buscar el transporte adecuado. Delen algo de comer y hasta nuevo aviso, QUE NO SALGA DE ESTA PIEZA Y QUE NADIE LO VEA. –En seguida se atropellaron al unísono en la puerta y desparecieron por el pasillo dejando atrás sólo el ruido desacompasado de los tacos.
-Yo tengo hambre y sed.- Aprovechó Manuel a decir antes que las órdenes fueran olvidadas. Pero las órdenes no habían sido olvidadas, todo lo contrario porque desde la puerta baja que había debajo de la biblioteca llena de copas de campeonatos de tiro, apareció otro miliquito más petiso con un refuerzo de mortadela en una mano y un vaso de agua en la otra. Manuel casi le muerde los dedos cuando el petiso le alcanzó esas vitales cosas, pero después que tuvo un buen mordisco en la boca se tranquilizo bastante y se fue a masticar sentado en una silla giratoria de las de atrás del escritorio. Desde allí pregunto si los cosos esos tardarían en volver, pregunta que pareció no gustar a los otros miliquitos que enseguida le corrigieron:-Un poco más de respeto que esos no son “cosos” .Son los subcomisarios de Investigaciones Inteligentes, Fernández y Gadea en cuyas manos está tu vida y…-El milico miró a Manuel casi con humana clemencia y concluyó:- Tu vida…- En eso sonó el teléfono gris –el del timbre más estridente- y el milico se interrumpió para adoptar la posición de firmes al levantar el tuvo y contestar.-Sí, aquí oficial de segunda Aureliano Silveira, con quién hablo? Ah, Si señor. Enseguida señor. Como no, señor, encapuchado, comprendo. Así se hará, señor. Cómo, que encapuchado no? Y entonces… Disfrazado, no, tampoco. En un cajón o.. Bueno como no, nosotros nos encargamos. En cinco minutos afuera, entendido, señor.
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