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martes, septiembre 15, 2009

736. SMS Movil

De pronto todo volvía a ser divertido. Aquel hombre grande y negro, que pudiera impresionar a cualquiera por su masa corporal y su feúra, estaba asustado. Dominado por el temor y casi temblando en su contradictoria palidez. Se le representó el otro Ernesto que conocía, menos arrogante pero igualmente vulnerable ante impensadas situaciones. No quiso hacer de aquello un motivo de burla, antes bien le agradó encontrarle por fin la veta sensible,

-No hay nada que temer. No soy el hijo del diablo, ni un brujo... Soy lo que les he dicho. Alguien de aquí que por casualidad ha sido llevado al mundo paralelo... y ha vuelto.
-Pero y eso que vimos brillar en el aire, ¿qué ha sido?
-Un mensaje... Es posible que haya sido un mensaje... Una señal. Los de allá me andan buscando...
-¿Los de allá...?
-Sí, mis amigos de allá... Mi abuelo...

Con vos que quería aparentar firmeza Rulo sostuvo que el abuelo nombrado había muerto casi diez años atrás.

Manuel tomó el toro por las guampas.

-Ernesto, dígame que ha visto recién en el aire.
-Una figura, de un hombre, vestido...
-¿Con una escafandra en la cabeza verdad?
-Sí, como...
-Como El Eternauta que tiene Don Miguel encuadrado en la pared de su escritorio, verdad?
-Sí, exactamente eso, pero...
-Claro, pero éste se movía, verdad?
-Sí, levantó un brazo como para saludar...
-Cualquiera que haya conocido a mi abuelo sabe que era fanático de la historieta del Eternauta. Era amigo del autor de ese guión, Germán Oesterheld, que fuera uno de los 30000 desaparecidos de Argentina cuando el proceso.
-Pero... ¿Y por qué aparece ahora la figura...?
-Bue... es medio complicado de explicar, pero... Eso sería como un pequeño SMS que se distribuye por todos los mundos y todas las épocas, al barrer, buscándome...
-¿Ahora vos tendrías que contestar?
-No tengo medios para hacerlo.
-¿La imagen no sirve para eso...?
-No sé, puede ser, pero no me dio tiempo, enseguida se evaporó.

Ernesto cortó la conversación levantando los brazos en el espacio que les separab tocando a los más próximos con las puntas de los dedos para indicarles que le atendieran.

-Por favor, vengan hasta casa, creo que podríamos hacer algo con esto.



sábado, noviembre 18, 2006

128 - Los crímenes impunes.

La fuente de información de Ernesto siempre había sido la misma. La computadora. Especialmente desde que lograba meterse en aquellos lugares a los que nadie le invitaba.. Ahí estaba la gran memoria que el no dudaba de que existiera en otro lado, ordenada y completa, pero que encontraba aquí, desordenada y caótica, aunque siempre dispuesta a que él la ordenara.
De eso quedaron hablando un largo rato hasta que su ego logró recuperar buenos niveles de autoestima.
-Y de los milicos, ¿qué sabés?
-¿Cuáles milicos?
-¿Cuáles van a ser…? Los milicos de la dictadura…que todavía andan sueltos.
-Ah, sí. Algo he visto pero…prefiero no hablar de eso. Sólo te podría decir mis conjeturas…
-¿Coyunturas…?
-No, conjeturas. Quiero decir que no estoy seguro de nada.
-Yo creo que algo han de tener que ver con todo lo otro… están preparando algo…
Entró Giorgionne en la conversación.
-¿Por qué suponés que estén preparando algo-…? ¿Qué estarían preparando…?
-Manuel no quiso contestar. Tenía aun un poco de miedo a meter la pata.
En cambio Ernesto agregó:
-Hay algunas cosas raras… Pero ustedes saben que ellos no se llevan muy bien con las computadoras. Prefieren los celulares. Si pudiera poner a punto mi programa “Lechuza” tal vez interceptando las llamadas, podría averiguar en qué andan…¿Qué te suponés vos?
-Un golpe de estado.
-¡No muchacho! Eso ya pasó. Sólo se preocupan de que sus crímenes queden impunes como hasta ahora.
-A mi Oesterheld me llevó a un lugar a que escuchara lo que hablaban…
-Me podés recordar quién es ese señor?
-Un desaparecido.
-Sí eso me lo habías dicho. Pero qué tiene que ver con nuestra historia?
-Te dije que la bola en que mi abuelo me rescató es suya!
-Sí, ahora me acuerdo. Un desaparecido, ni muerto ni vivo, que se preocupa por destapar las tranzas de aquellos que… ¡Lástima que no podamos hablar con él!
-Tal vez podamos… -murmuró Manuel y se quedó callado. Sentía la incómoda sensación de no saber si aquello estaría bien. Revelar ese secreto. Bien que ya se lo había revelado a Giorgionne en el consultorio, entonces lo había hecho para demostrar que no estaba loco. Abelardo le había dejado los guijarros para comunicarse entre ellos. Nunca le había dicho que pudieran ser usados para otra cosa… Incluso había tenido sus dudas y por un tiempo había querido evitar que llegaran a sus manos… Para evitar seguramente que él se viera involucrado en todos esos líos del más allá. Pero…ahora ya estaba metido hasta las bolas!
-Voy a buscar los guijarros. Giorgionne, vos podrías ir explicándole a Ernesto… Ah, cuando vuelva voy a traer un nuevo socio… ¿Están de acuerdo?



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viernes, noviembre 03, 2006

114 - Manuel descubre la astucia

A Manuel de pronto se le prendió la lamparita de dejar de dar explicaciones.
-¿Pero vos qué viste, Rulo?
-¿Qué vi? Y qué voy a ver… Vi un hombre todo tapado y con una careta de las que usan los que pintan autos…y…
-¿Y qué?
-Caminaba como una momia y venía siguiendo a la Magda y…
-¿Y qué?
-Y yo qué se… De repente desapareció!
-¿Cómo que desapareció? Los hombres no desaparecen.
-Ah…¡me estás jodiendo! Si vos mismo lo viste. Hasta lo conocías!
Intervino la Magda.:
-Dijiste que lo mandaba Germán…
Manuel indicó, con un movimiento de cabeza, un claro que conocían dentro del bosque. Cruzó la zanja de un salto seguido de ellos y, cuando se hubieron distanciado bastante de la calle, les hizo señas de sentarse, en el suelo obviamente, aunque él lo hizo sobre un tronco caído.
-Che. Ustedes saben que yo soy un burro, que nunca ha estudiado nada, pero…En esto voy a hacer como… Es lo que estoy haciendo, como mi abuelo que a veces me llevaba aparte y me explicaba las cosas. Porque aunque yo no sea ningún sabio, hay unas cosas que conozco y que ustedes no. Como mi abuelo que sabía cosas que yo no sabía… Rulo, entendés ahora por qué uno a veces no puede explicar lo que le pasa o lo que ve porque los otros piensan que uno está loco?
-Pero es que vos veías cosas que nadie más veía!
-Y vos ves desaparecer hombres en el aire. ¡Es lo mismo!
-Bueno, ¿y cual es la explicación?
-No, la explicación encontrala vos! Yo sólo te digo que también lo vi.
-Y yo también. –Aseveró la flaca muy seria.
-…y que era muy parecido a un personaje de las historietas que yo leía en la casa de Abelardo. Un personaje inventado por un tal Germán Oesterheld, quien después los milicos argentinos hicieron desaparecer junto con otros treinta mil.
Manuel se crecía. Se sentía parecido a Abelardo, a quién siempre había admirado. Sin embargo no se dejaba dominar por la vanidad. La usaba y un poco también, la disfrutaba. Especialmente por poderle dar esta lección a su primo, que siempre lo había tenido por el nene tonto que siempre lo hace todo mal. Aunque lo quisiera. ¡Y qué decir de su habilidad, no, no era esa la palabra…su ASTUCIA! Eso era lo que había usado para dejar al Rulo al borde de cualquier cosa pero sin poder llegar a nada. Ni a calentarse por sentirse bapuleado por un contrincante habilidoso… Ahora estaría pensando a mil. ¡Si le conocería! Pensando, pensando, tratando de pescar algo. Como un pescador solitario que no logra encontrar nada en las redes cada vez que las retira… ¡Pobre Rulo!




viernes, octubre 20, 2006

101 - Preguntarle a Oesterheld

-Con decirles que anoche mismo fui raptado… No ví la venir la bola porque estaba dormido, pero no era de pasajeros. Era… de las más simples y la manejaba Oesterheld, el de Hora Cero.
Ernesto Federico lo quedó mirando con la frente comprimida por el esfuerzo de intentar entender de qué hablaba. Giorgionne que se había separado un par de pasos a mirar la boca de una galería, volvió de pronto.
-¿Oesterheld dijiste?
-Sí.
-¿Sabés que fue una de los treinta mil desaparecidos de la Argentina?
-Sí el mismo. No está más en este mundo pero vive en… el segundo tiempo.
Ernesto Federico quería saber más sobre la bola. Preguntabas si tenía comando, palancas o botones para manejarla. Manuel le explicó que era una bola hueca de algo como papel y que ni tenía asientos siquiera. Que uno ahí dentro se acomoda como puede…
-Una vez me tocó viajar frente a El Eternauta, pero no pude hablar nada con él. Parecía estar enfermo. Y ahora con Oesterheld, que viene a ser como su padre y que no manejaba nada pero me dijo que me llevaría a un lugar para que viera lo que sucedía o para que escuchara, que fue lo único que pude hacer. El lugar era una reunión de milicos que estaban planeando algo que casi estaba por entender cuando me cayó un chaparrón de babas y Germán, que se ve que estaba muy atento, me sacó de ahí y me trajo al pique para casa… ¡Me tuve que bañar enseguida!
-Entonces resulta que hay dos tipos de bolas.- Anotó Giorgionne.-Las de gran porte y confort y las artesanales, tipo “hágalo usted mismo”
-Para saber más de eso le podríamos preguntar a mi abuelo Abelardo y al mismo Germán Oesterheld… Ellos saben… Aunque…
-¿Aunque qué?
-Nooo… Parece que en algunas cosas no están muy de acuerdo. Mi abuelo no quería que Germán me anduviera llevando y trayendo y que me metiera por esos tubos y que me achicara…
-¿Qué te achicara?
-Claro, no se por qué me achicó tanto que cuando me bajó allá quedé adentro de un vaso de whisky parado arriba de un cubito de hielo que yo creí que era el polo sur…
Giorgionne se había quedado trancado en lo de momentos antes.
-Un momento, creo que estamos mezclando las realidades con las fantasías. Dijiste recién que viajaste con el Eternauta. ¿No es ese el nombre de un personaje de historietas?
-¿Y qué tiene?
-Que un personaje no es real. No pertenece a la realidad.
Ahora saltó Ernesto Federico.
-¡Claro que no es real! No es real de esta realidad. Las bolas no pertenecen a esta realidad, ni los ángeles ni los diablos.
-Pero es distinto. No me puedo imaginar un mundo poblado de dibujos vivientes!
-Los personajes tienen alma, que es un alma real a la que el dibujante les da rostro. Ese rostro que los identifica es como el nombre de un personaje escrito. El nombre no está vivo pero nos evoca al personaje y nos permite la comunicación.