martes, mayo 01, 2012

883. El Castillo de Peñalba

                                                                                                                                                                          Porque Manuel alguna vez había concurrido a las clases de filosofía del "loco Peñalba", el profe caído al liceo de Lagomar como meteorito consumiéndose en su fuego. Y aunque no habían sido muchas clases, sí las suficientes como para que tres o cuatro muchachos comenzaran a darse cuenta de que tenían un cerebro dentro de la cabeza. ¡El loco Peñalba! ¿Qué habría sido de su vida? Sus finos pantalones de pana color habano. Su paraguas negro que no habría ni bajo un chaparrón. Su flacura...
votarClaro que a Manuel nada le podía resultar demasiado estrafalario después de tanto escuchar, desde la infancia a su abuelo Abelardo explicando la "dualidad onda partícula" o "qué vendría a ser una singularidad desnuda", así como tantos temas que poco a poco se habían ido borrando de su memoria.

Pero al loco, mal que le molestara a Fagundez, el director del Liceo, no le interesaba demasiado la estructura material ni inmaterial del Universo. Le interesaba encontrar la raíz del razonamiento puro. Las bases elementales desde las cuales levantar, si es que eso fuera posible, el edificio entero de toda sabiduría futura.}
 Ja ja, como alguien llegó a decir, haciendo mofa del pobre flaco que ningún mal había hecho ni pensaba hacer. Él simplemente pensaba, tratando de hacerlo bien, sin confusos conceptos que pretenden decir cualquier cosa a que a vos se te ocurra. Creía, al parecer, que era posible encontrar piedras fundamentales del pensamiento, que se pudieran encimar a otras similares para ir levantando los muros del edificio. Su castillo ideal.
Ni por un momento a Peñalba se le hubiese ocurrido que el pensamiento pudiera ser en  algo parecido a la materia. Cosa que a Manuel sí, especialmente después de tantas veces que había dialogado con las bolas, llegando a presentir que aquel conjunto de alambres y  papeles, que obedecía a sus órdenes mentales, tenía a su vez, también conciencia. Una conciencia callada. pero poderosa, como quedó probado cuando se lanzaron los primeros  pensamiento contra el enemigo, transformados ipso facto en sus contenidos pero de materia palpable. Nada se puede transformar en algo que es completamente distinto

-Pensábamos en mierda y una verdadera cagada caía sobre las blancas alas de los ángeles.

¿Sería otra dualidad como la de onda y partícula?

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        Multiverso
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