sábado, octubre 01, 2011

833. La Tierra Plana.




También llegamos a enterarnos, por la misma y complicada ruta, que a pesar de la liviandad conque al principio se lo había tomado, poco a poco la situación de encierro, e indefinición, fue calando el ánimo de Manuel y llenando su alma de dudas. Ahora todo era distinto. No sólo tenía a la flaca, su eterna compañera, sino también a aquel pequeño ser que entre ambos habían traído al mundo.
Se puso a probar, si logrando un alto grado de concentración, no sería capaz, también aquí, de salirse del lugar mediante el método de reducirse a un punto. Hizo respiraciones profundas, visualizó el concepto, no teórico sino perfectamente recordado de tantas veces que había transitado tan extraño procedimiento. Trató de convencerse de que era posible... y casi lo logra justo antes de que una insoportable picazón se le desparramara por toda la superficie de la piel, especialmente en los brazos y las piernas. Se dio de cabezadas contra las paredes, tratando de romper la imposibilidad. Hasta llegó a pedir ayuda a todo aquello desconocido que pudiera haber de bueno, más allá de todo lo conocido. A los sospechados planos más espirituales y amorosos que podrían dar sustento y explicación a todos las infinitas dimensiones de Multiverso... Pero nada.

Se encontraba solo frente a cuatro estúpidas paredes sostenidas por la demencia de aquellos seres grises. Condenado tal vez, como un maldito terrorista, por quienes ven terrorismo en todo aquello que no comprenden ni tampoco intentan comprender. Acusado por la necedad de una ley despótica cuyo único fundamento era el desprecio de todo lo que se ignora. Condenado por la misma razón y procedimiento que animaba a la Inquisición y que después fuera alegremente adoptado y repetido por todos los regímenes despóticos del Universo.

Derramó una cuantas lagrimas de bronca, tras lo cual fue recuperando la serenidad.

No había sido vencido por el viejo Dios de las alturas, ni por el mismísimo Satanás de los infiernos. No iba a dejarse vencer por cuatro grises personajes predicadores de la creencia en la Tierra Plana sostenida por cuatro elefantes sobre el lomo de la enorme tortuga que flota sobre un océano de nada.
Pero dejaría de rebuscar por los rincones de su memoria en busca de una herramienta adecuada. Se daba cuenta de que no era dentro de los límites de su mente personal que podría encontrar una solución.

Comenzó a hacer hondas respiraciones y a relajarse. A olvidarse de sus fronteras, a no importarse más que de dejarse llevar por aquello más hondo que entreteje de sabiduría y amor toda la insondable profundidad que da sustento a la aparente complejidad de las infinitas dimensiones. A dejarse llevar...

De pronto se vio en medio de un bosquecito de durazneros en flor. Cada árbol era una esfera de flores rosadas flotando en el aire de aquél lugar primaveral. Y él caminaba  entre ellos... Se había liberado.

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