viernes, noviembre 16, 2007

433 LA BATALLA DEL MATE

Cliquear sobre el siniestro ícono, invitar a la flaca y al abuelo para darse un paseo y salir marchando para las bolas, fue todo uno. Claro que Abelardo insistió en ir en su súper sport y atrás se sumaron los otros. Nadie se quería perder una ocasión tan histórica que desde ya estaban llamando “La Batalla del Mate Amargo”. No porque pensaran que se iban a terminar tirando con la cucurbitácea por las cabeza, sino porque el elemento tradicional estaba siendo el mediador perfecto para un entredicho entre vecinos que no iban a cometer la estupidez de andarse agrediendo. En la historia podría haber algunas cuentas mal saldadas, pero nunca entre dos pueblos que siempre se han entendido sin necesidad de majestades imperiales que vengan a molestarse porque alguien simplemente dice la verdad.

Salieron en ángulo de 45 con dirección noroeste y en un periquete plateado de tiempo estaban llegando sobre la vertical de la banda de hormigón que une las dos orillas nunca separadas. Unidas han estado, por toda la gente que a diario las ha zurcido con palabras comunes y afectos y negocios. Amoríos y aventuras y revoluciones…

Bajaron entonces en la vertical justo sobre las cabezas de la multitud que al darse cuenta de que sobre ella descendía una bola luminosa sintió una cierta aprensión que bastó para que parara de corear aquella consigna de “era la papelera, era, era”. Se asomó a la ventana de la cabina quien había venido al frente, el Chabón Suárez, a decirles que no se preocuparan por la bola. Que en ella venía Manuel, el que el año pasado había cruzado con ellos el puente por primera vez en patas y que ahora era el líder indiscutido de la revolución anarquista de América.

La respuesta fue atronadora:

-“Manuel, Manuel, ¡qué grande sos!”

Sobre la banda del puente se vieron levantar 4998 brazos al cielo que de inmediato comenzaron a formar oleaje mientras muchas patas retrocedían para dejar un claro donde pudiera aterrizar la bola.

Cuando se abrieron las puertas-rampas de la nave de Abelardo y por ellas descendieron todos los pasajeros comenzó el carnaval. Porque también venían músicos entre la muchedumbre, que sacaron de inmediato sus instrumentos como si aquello fuese una película musical insoportable donde tocan sin saber sostener la guitarra ni mover las manos al ritmo de la música. Lo primero que sonó fue un chamamé muy apurado por hacer pausas donde se debían gritar los zapucayses, que se gritaron tanto y tanto que fueron sentidos desde Fray Bentos donde la gente salió a las calles para ver qué era lo que pasaba.

-Que es del lado del puente, te digo!

Enseguida se formó una caravana formada por toda clase de vehículos y de gente. Ya iban sabiendo lo que ocurría porque muchos habían estado mirando la TV hasta antes de salir a contarle a los vecinos e invitarles a pintar las pancartas que también decían:

“Manuel, Manuel, qué grande sos!”

Cuando la nueva columna llegó a la cabecera uruguaya muchos temieron que el puente no soportara tanto peso. Exactamente cinco mil personas que bailaban aquello que sentían salir de sus corazones, mezcla de cumbia con chamamé, candombe y zamba. Carnavalito, chacarera y Bamba.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
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