sábado, julio 29, 2006

30 - ¿Es la vida un sueño?

I
Iba por Bulevar Artigas pensando en los veinte quilómetros que debía pedalear. Tres horas, según sus cálculos, para volver al punto en que se había caído en el agujero. Volver a escapar del tipo aquel, milico Ferrari, que tal vez anduviera armado y con mucha bronca porque…No! No iba a volver al mismo momento y lugar! Eso hubiera sido si las bolas lo volvían a llevar de vuelta como la vez que hablaba con el Pepe y todo se volvió un queso gruyere, pero…
Todo lo que había pasado en Buenos Aires ¿dónde había quedado? Se habría ido a la mierda? El tiempo que estuvo preso en Fray Bentos y la conversación con el Pepe. Todo eso, ¿habría sido un sueño que no ocupa lugar ni gasta tiempo? Si eso fuera así…Entonces ahora mismo todo lo que veía no era más que un sueño…¡con ese realismo! Todo lo que veía delante de sus ojos…Esa camioneta destartalada, cargada de sillas viejas que pasaba por enfrente, rumbo a dónde tirarlas, aunque si fuera para tirarlas más fácil sería tirarlas en algún volquete que estuviera cerca, no, las llevarían para arreglarlas a alguna carpin…porque sentarse en ellas así…Claro, si fuera por eso de las sillas destartaladas bien pudiera, porque no queda claro para que las llevan y bien pudiera ser un sueño hecho sin cuidado porque quién se iba a poner a revisar las sillas que aparecieran en un sueño, a no ser la misma silla dónde uno se fuera a sentar. Bastaría conque, en el sueño, se encuentrara entera y firme esa única silla. Total, no sería más que un sueño. Pero no. Nunca había tenido un sueño así. Con tantas cosas y tan bien hecho en todos sus detalles, que hasta se podría pellizcar, como dicen que hay que hacer en esos casos…Y se pellizcó Manuel, el brazo con bastante fuerza, para desengañarse y bastante le dolió hasta convencerse…

En eso estaba, con la pata sobre el cordón, dale pellizcarse y olvidado del semáforo que ya había completado varios ciclos de colores, cuando vio que en la cuadra siguiente se había ido juntando gente y entraban y salían coches siempre del mismo punto. Arrancó con la bici sin pensarlo más, que fue meterse dentro del tránsito atravesado y cruzar casi por casualidad sin que ningún vehículo le atropellara. El lugar era un comité de base del MPP cuya vereda ya estaba llena de gente y algunos tipos empezaban a controlar el arribo porque, explicaban que, se iba a hacer una reunión de dirigentes y ellos iban a decir quién podía entrar y quién no. Un curioso preguntó si era cierto que vendría el Pepe Mujica, a lo que contestaron que sí pero que el público sólo podría acceder y participar una vez que la reunión de dirigentes terminara.
Esa información fue suficiente para que Manuel adivinara quién se iba a bajar de aquel Volvaguen apestoso que estaba atracando enfrente dentro de una nube de humo negro. El Pepe. Los tipos del comité corrieron a armar un especie de pasillo para salvar al Pepe de tantas manos que lo querían estrechar y tantas bocas que le querían hacer preguntas….el se había quedado parado, tal vez olvidado, al costado de la puerta y fue a quien el Pepe miró de frente a medida que se vino acercando. Hubo un instante de vacilación en Mujica que hizo pensar a Manuel que le estaba reconociendo y le dio pié para dirigirle la palabra.

-Yo soy Manuel, el de Fray Bentos.

El Pepe se detuvo y con una mano de movimiento independiente detuvo a los que ya querían sacar al pesado de la trolla.

-Fray Bentos? –murmuró, sin quitarle la mirada pensativa de la cara.

-Sí, que me fue a ver a la escuela dónde yo estaba detenido por…

-Perdoname, no me acuerdo, pero…algo de eso me suena, perdoname ahora…
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